domingo, 10 de enero de 2010

"Cuando llama un extraño", de Simon West


FICHA ARTÍSTICA:

Título Original: "When a Stranger Calls"/ Director: Simon West / Productores: Paddy Cullen, John Davis, Wyck Godfrey y Ken Lemberger/ Guión: Jake Wade Wall / Fotografía: Peter Menzies Jr. / Música: James Michael Dooley / Montaje: Jeff Betancourt / Diseño de Producción: Jon Gary Steele / Efectos Especiales: Garth Steinheimer/ Reparto: Camilla Belle, Tommy Flannagan, Katie Cassidy, Tessa Thompson, Brian Geraghty, Clark Gregg, Derek De Lint, Kate Jennings Grant, David Denman, Lance Henriksen/ USA. 2006. Color. 87'

Directamente de la "churrería" hollywoodiense: otro remake. A veces uno no lo puede evitar y tiende a ser optimista y positivo, esperando ver si por casualidad "esta vez sí" ha salido algo aprovechable de una vieja idea. Entonces se les echa un vistazo a los artífices del filme en cuestión, a ver si hay motivo más o menos fundado para la esperanza. En el caso de "Cuando llama un extraño", nos encontramos a Simon West como responsable. ¿Qué nos dice este nombre? En principio nos viene a la cabeza aquella película con John Travolta y Madeleine Stowe, llamada "La hija del General". ¡Ah, pues no estaba mal del todo! Sin ser una gran obra, sí se trataba de un filme entretenido y más que correcto, dentro de la comercialidad más estricta. ¿Qué más tenemos? ¡Ups! "Con Air" y "Lara Croft: Tomb Rider". Ahí ya hemos de torcer el gesto: cine de indudable gancho comercial, pero sin un ápice de garra, ni personalidad. En fin, vamos a dejarlo en suspenso por ahora, le daremos un margen de confianza.

Lo que sabemos del filme objeto de remake es que se trata de una de aquellas películas pequeñas, que abundaban a finales de los 70 y principios de los 80, surgidas a raíz del éxito de las primeras obras de Wes Craven, John Carpenter, etc. Los llamados slashers, para entendernos. En este caso, no era un filme especialmente destacado, ni que haya dejado una huella imborrable entre los aficionados al género, pero sí gozaba de un cierto prestigio a un nivel modesto.

¿Qué encontramos en este remake? En primer término, una secuencia con cierto interés, generada a base de travellings y planos amplios, nos pone la miel en los labios. Parece que la cosa empieza bien. Se diría que se trata de un pequeño homenaje al filme original, por el modo en el que dicha secuencia está planteada. Al mismo tiempo, West consigue situarnos en el tipo de escenarios en los que se va a desarrollar la película. O eso parece. Lamentablemente, no va a ser así. El arranque no es más que un espejismo, como comprobaremos un rato después.


Enseguida se nos presenta a la protagonista. La típica jovencita estadounidense, alumna de instituto de quince años, interpretada por una chica de más de veinte. Nada nuevo bajo el sol.

A partir de ahí, el filme discurre por los previsibles cauces de este tipo de historias. Pero ya hay algo que nos pone la mosca detrás de la oreja. Presumiblemente la joven va a ser asediada y perseguida en una casa que casi parece una atracción de feria para dar miedo, por la cantidad de habitaciones, pasillos, rincones, oscuridades un poquito demasiado tópico, todo ello. ¿He dicho "tópico"? Bien, he ahí la palabra clave para resumir este comentario. No se puede decir que West se ande con sutilezas, ni que se lo haya puesto nada difícil a sí mismo, a la hora de crear un ambiente propicio para los recursos más típicos del género.

En realidad, la película casi se diría que es una tesis ilustrada de las situaciones más manidas que se puedan imaginar, dentro de un slasher. Por citar algunas de ellas: una utilización del sonido caprichosa y llena de trampas, con pajaritos que surgen de repente en el momento menos pensado y hacen más ruido que una excavadora; un gato que únicamente aparece en dos ocasiones: la primera, para presentarse, y la segunda, por supuesto, para darle un susto de muerte a la pobre chica. Lógicamente, si el pajarito parecía una excavadora, las patitas del gato alcanzan un nivel sónico que ni los jumbos de la TWA. Ni qué decir tiene que el minino no vuelve a asomar las orejas en todo el resto de la película, ¿para qué? Así seguiría todo el catálogo de tópicos, que ya nos contaba aquel personaje de Scream, a modo de parodia, pero como todo el mundo los conoce, prescindiremos de ello. Parece que, definitivamente, la cosa se tuerce.

Pero es que por lo demás, el desarrollo de la trama tampoco puede ser más previsible. Y aún así, tratándose de un guión simple y sin recovecos, West incurre en un cierto número de incongruencias, a saber: ¿a quién está persiguiendo realmente el asesino?, ¿a la chica, o a los niños? Al final de la película no nos queda nada claro. Pero no es la única cuestión de ese estilo. En una historia como ésta, donde el teléfono es casi un personaje más, ¿por qué no se nos muestra desde el principio si el aparato que maneja la protagonista tiene localizador de llamada, o no?, ¿por qué la alarma de la casa funciona tan a su antojo? Es sabido que estas películas requieren de una complicidad por parte del espectador, en el sentido de no buscarle más pies al gato de los que corresponde, pero si tenemos en cuenta que el director no nos está ofreciendo mucho más que una dirección extremadamente plana, sin nada destacable, una utilización del espacio y del escenario rutinaria a más no poder, con situaciones tramposas y previsibles, etc., pues no podemos evitar mostrarnos un poco más exigentes y hasta algo indignados. ¿No será que nos estamos tragando un "bodriete" con todas las de la ley? Pues va a ser que sí.


No se puede decir casi nada positivo de esta nueva versión de "Llama un extraño". Un remake debe ofrecer algo más. O cuanto menos, alcanzar el nivel del original. De lo contrario, no vale para nada. Especialmente cuando se trata de readaptar una historia que ya de por sí no daba para mucho, que en su momento no pasaba de ser "una de tantas". En un caso así, el remake, por encima de si está más o menos conseguido, se hace sobre todo innecesario. Por eso hay tan poquitos que sean realmente satisfactorios.

sábado, 9 de enero de 2010

"Aragami", de Ryuhei Kitamura


FICHA ARTÍSTICA:

Título original: "Aragami"/ Dirección: Ryuhei Kitamura/ Guión: S. Masumoto, R. Takatsu y R. Kitamura/ Fotografía: Takumi Furuya/ Montaje: Shuichi Kakesu/ Música: Nobuhiko Murino/ Diseño de Producción: N. Ataka y Y. Hayashida/ Efectos Especiales: Tanaka Atshiko/ Reparto: Takao Osawa, Masaya Kato, Kanae Uotani, Tak Sakaguchi, Hideo Sakaki. Japón. 2003. Color. 78'

He aquí la película que puso a Kitamura en el mapa. Después ya vendrían "Azumi", "Sky High" y la aventura americana de la adaptación de "El tren de la carne de medianoche". En todo caso, se trata de un cineasta con cierto bagaje, con bastantes películas que abarcan poco más de una década. No estaríamos hablando de alguien tan prolífico como Takashi Miike (es dudoso que exista) pero sí parece llevar un buen ritmo creativo.

"Aragami" es una de esas obras que uno de vez en cuando agradece encontrarse, por lo rupturista (siempre hasta cierto punto) y porque siempre es agradable que se abran nuevas vías dentro del cine fantástico.

Aunque realmente, lo que Kitamura nos propone aquí es casi un puente entre el cine más contemplativo y calmado de sus maestros nipones (de nuevo, hasta cierto punto) y la más rabiosa actualidad del género.

De este modo, la película se abre con dos samurais que, bajo un tremendo diluvio, llegan (uno herido de muerte) a un misterioso lugar (mitad refugio, mitad templo) que en cierto modo podría equipararse a "la puerta" de "Rashomon", por lo que tiene de limbo o espacio de transición en el que los personajes buscan refugio, pero que a la vez esconde secretos.


En este caso, el secreto es evidente. Y es que desde el primer momento queda claro que el propietario del lugar no es trigo limpio. Pero eso, a pesar de sospecharlo desde el principio, lo iremos descubriendo y reafirmando poco a poco, a medida que avance esa noche lluviosa y desapacible, con los dos personajes principales y prácticamente únicos (el samurai superviviente y el anfitrión misterioso) que se pasarán gran parte del filme bebiendo vino francés y dialogando sobre lo humano y lo divino. O mejor dicho, sobre lo humano y lo infernal.

El ritmo del filme es pausado y, ni que decir tiene, la mayor pretensión de Kitamura es la de impregnar la narración de cierta tensión, con una factura netamente teatral, hasta desembocar en un desenlace que estalla en forma de violenta y estilizada lucha, evidenciando el carácter eminentemente actual de la propuesta. Algo a lo que también contribuye una banda sonora compuesta básicamente por sintetizadores, que choca de lleno con el ambiente y el escenario.

"Aragami" es una película de contrastes, sin duda valiente y que, a pesar de que no termina de alcanzar un nivel excesivamente alto, por lo previsible que resulta y (tal vez) por su autoconsciente artificiosidad , sí triunfa en el aspecto de que su concepción es capaz de suscitar el interés de un espectador encantado de entrar en el juego. Una hora y cuarto bien aprovechada.

viernes, 8 de enero de 2010

"Halloween II", de Rob Zombie


FICHA ARTÍSTICA:

Título original: "Halloween II"/ Dirección y Guión: Rob Zombie/ Fotografía: Brandon Trost/ Montaje: Glenn Garland y Joel T. Pashby/ Música: Tyler Bates/ Diseño de Producción: Garreth Stover/ Efectos Especiales: Robert Vazquez/ Reparto: Sheri Moon Zombie, Chase Wright-Vanek, Scout Taylor-Compton, Brad Dourif, Malcolm McDowell, Tyler Mane, Dayton Callie, Richard Brake, Octavia Spencer, Danielle Harris, Richard Riehle, Margot Kidder, Mary Birdsong, Brea Grant, Howard Hesseman, Angela Trimbur. USA. 2009. Color. 119'

Pues nada, Rob Zombie sigue jugando a ser director de cine y no ha tardado nada en "regalarnos" la primera secuela de su particular versión del clásico de John Carpenter.

¿Ha valido la pena la espera? Pues teniendo en cuenta lo poco que hemos tenido que esperar... digamos que podría haber sido peor. O mejor. En realidad, es difícil adivinar hasta qué punto lo que hemos visto ya de este rockero metido a director es lo mejor que nos puede ofrecer, o si acaso en el futuro nos deparará alguna que otra sorpresa agradable. Más aún, alguna sorpresa, a secas.

Ciñéndonos a "Halloween II" de nuevo tenemos a Michael Myers, que no es el mismo que hizo las de la saga Austin Powers (qué gran humorista, ese Al Jankovic), celebrando la noche de Halloween como sólo él sabe hacerlo. Y esta vez va acompañado: de sus propios fantasmas (su mamá y él mismo de pequeñín). Hasta aquí la mayor (y prácticamente única) novedad que nos ofrece el Sr. Zombie.


De nuevo una intencional y cuidada selección musical para acompañar las imágenes, mayores ocasiones para el lucimiento del desbocadísimo Sam (Malcolm McDowell) Loomis que en el filme pretérito, planos de estética videoclipera-tenebrista a tutiplén y el mismo empecinamiento por parte del director en convertir cada pequeña secuencia en un episodio tenso. Por lo visto, este señor desconoce conceptos como pausas narrativas, secuencias de transición, etc. Lo cual hace que seguramente quienes tienen tendencia a la dispersión mental no pierdan comba, pero quienes preferimos una narración más rítmica, menos atropellada y mejor construida, acabemos algo hartos.

Por lo demás, se agradece la brutalidad que muestra Myers (ahí sí que no hay pero que valga) y lo bien que está Brad Dourif en su papel de sheriff (lo mejor de la peli, con notable diferencia). Del mismo modo, el clímax final en la cabaña también nos ofrece un momento de calidad notable (caballitos blancos, aparte).

En realidad, pocos defectos auténticamente clamorosos pueden ponérsele a la peli, especialmente en el aspecto visual. Lo mismo que el hecho de que Zombie haya intentado crear su propia secuela, sin limitarse a fotocopiar la, por otra parte no desdeñable, segunda parte que hiciese en su día Rick Rosenthal, (tras el inicio en el hospital, que sí es claramente un guiño a aquélla). Si a ello sumamos cameos más o menos chisposos como los de Margot Kidder (menuda psiquiatra más poco fiable) o Danielle Harris (vieja conocida de la saga primeriza), pues el resultado final se puede calificar como aceptable.

Eso sí, mucho mejor sabor de boca nos quedará si no tenemos en cuenta a una protagonista femenina tan anodina e incluso abofeteable como Scoutt Taylor-Compton (¿entramos en comparaciones con Jamie Lee? Naaaaaaá) y en general todo lo que rodea al personaje de Loomis, tirando a patético.


En fin, personalmente creo que Rob Zombie, como "trasladador oficial" del slasher ochentero al siglo XXI ya ha dado de sí todo lo que podía dar. Como decía al principio, ya sólo queda por ver si toooooodas esas influencias que ha quedado clarísimo que tiene (ya desde "La casa de los 1000 cadáveres") son algo más que eso y pueden llegar a cristalizar en un universo cinematográfico mínimamente propio.

jueves, 7 de enero de 2010

"El Padrastro", de Joseph Ruben


FICHA ARTÍSTICA:

Título original: "The Stepfather"/ Director: Joseph Ruben/ Producción: Jay Benson/ Guión: C. Lefcourt, B. Garfield y D. Westlake/ Fotografía: John Lindley/ Montaje: George Bowers/ Música: Patrick Moraz/ Diseño de Producción: James William Newport/ Efectos Especiales: William H. Orr/ Reparto: Terry O'Quinn, Jill Schoelen, Shelley Hack, Charles Lanyer, Stephen Shellen, Stephen E. Miller, Robyn Stevan, Jeff Schultz, Lindsay Bourne, Anna Hagan, Gillian Barber. USA-Reino Unido. 1987. Color. 85'

La figura del psicópata o asesino en serie ha evolucionado con los tiempos, qué duda cabe. Así, desde unas primeras semblanzas en las cuales nos los "pintaban" como individuos completamente alejados de la sociedad, auténticos "freaks" de la peor especie (procedentes en su mayoría del ámbito del American Gothic), hubo un momento en que a alguien (no sé a quién, aunque posiblemente novelas como "American Psycho" tuvieran mucho que ven en ello) se le ocurrió la idea de que dichos personajes podrían dar mucho de sí si se les integraba de lleno en el ámbito social e incluso familiar.

De ese modo, películas como "Atracción fatal", "Bésame antes de morir" o "La mano que mece la cuna", ya nos presentaban a psicópatas que podían pasar en un momento dado como personas perfectamente normales, hasta que un detonante determinado les hacía mostrar su verdadero yo monstruoso. Todas ellas son películas que surgieron desde finales de los ochenta y que a lo largo de los noventa casi caracterizaron a dicha tipología de personajes.

Obligado es, no obstante, hacer alusión como referencia mucho más lejana en el tiempo al personaje de Joseph Cotten en "La sombra de una duda" del Maestro Hitchcock, quien sí merecería el galardón de precursor absoluto de esta clase de situaciones y tratamientos.


"El Padrastro" entra de lleno en esos esquemas, naturalmente. Un padre de familia perfectamente normal. Atento, cariñoso, humano... al que vemos desde un buen inicio de lo mucho (y malo) que es capaz. Ese inicio en el que el personaje se nos presenta en plena "fechoría" es inteligente, porque nos enseña hasta qué punto corren peligro sus potenciales víctimas.

Joseph Ruben es un cineasta modesto, que no ha llegado a demostrar nunca ser capaz de grandes cosas, pero que posee un puñado de filmes comerciales y de cierto gancho, como "Sólo ante la ley", "Durmiendo con su enemigo", "El buen hijo"... (las dos últimas podrían emparentarse perfectamente con la que nos ocupa) o la más primeriza y fantasiosa "Dreamscape".

Además, en el guión de "El padrastro" encontramos un nombre tan destacado y a tener en cuenta como el del gran novelista Donald Westlake.

Del mismo modo, el personaje principal está interpretado por un actor tan de rabiosa actualidad en la pequeña pantalla como Terry O'Quinn. Y aquí, todo hay que decirlo, compone a un psicópata perfectamente creíble.

A pesar de que la dirección de Ruben es bastante plana y de una factura casi telefílmica (de hecho, numerosos telefilmes han imitado en los últimos años este tipo de historias), la película se deja ver con agrado. No es pródiga en sanguinolencia, pero sí es hábil narrativamente. En una palabra: funciona. Hasta tal punto funciona, que tuvo dos secuelas y un recientísimo remake.

miércoles, 6 de enero de 2010

"Anticristo", de Lars Von Trier


FICHA ARTÍSTICA:

Título original: "Antichrist"/ Dirección y Guión: Lars Von Trier/ Producción: Meta Louise Fondager/ Fotografía: Anthony Dod Mantle/ Montaje: Anders Refn y Asa Mossberg/ Diseño de Producción: Karl Juliussun/ Efectos Especiales: Erik Zumkley/ Reparto: Willem Dafoe y Charlotte Gainsbourg. Dinamarca-Francia-Alemania-Italia-Polonia. 2009. Color. 104'

Cambiamos "ligerísimamente" de tercio con respecto a la película anterior, para reseñar la última creación del estiloso Lars Von Trier. Un Von Trier que esta vez ha querido acercarse al cine de terror (bueno, al menos, es lo que se supone) en esta película protagonizada por dos enormes, magníficos actores, como son Charlotte Gainsbourg y Willem Dafoe.

Tras un prólogo bonito, sugerente, atractivo (tanto como pueda serlo un anuncio de seguros para el hogar) en blanco y negro, dará comienzo el... ¿drama?... de una pareja que ha perdido a su hijo de forma trágica mientras ambos le daban al tema. A partir de ahí, se desatará toda la colección de reproches hablados y silenciosos, culpabilidades y demás asuntos de índole psico-patológica freudiana que Von Trier nos muestra con imágenes y secuencias llenas de (presunta) tensión y (nada presunto) mal rollo en escenarios y ambientes pretendidamente opresivos y ominosos.

Bueno, hasta aquí el planteamiento de la cuestión. Nada que objetar. Un punto de vista "bergmaniano", con muchos silencios, algún que otro diálogo, arrebatos repentinos de violencia física y dialéctica, etc. Mientras la narración ¿avanza? en una ¿progresión? que enturbiará hasta pudrir por completo la relación de marido y mujer. Ella tomándoselo todo por la tremenda y él (en su condición de terapeuta) tratando de racionalizar.

A partir de un cierto momento, da la sensación de que Von Trier no sabe muy bien cómo dotar de calidad artística una propuesta visualmente correcta y hasta atractiva, pero tras la que esconde una tesis tremendamente simplona y hueca: la culpa, el pecado... ¡¡Ajajá!! ¡¡He aquí al Anticristo!!

Y como no sabe, su única solución es introducir momentos desagradables, perturbadores, que afecten a un espectador que lleva media hora larga diciéndose "vale sí, ¿y qué?".


Hombre, yo no digo que "Anticristo" no pueda ser una propuesta aceptable para un cineasta-autor de los de antes, de los que arrastraba a las salas de "arte y ensayo" a los gafapasta de aquel momento perfectamente oportunos y hasta necesarios, en unos momentos en que el cine estaba muy estancado. Movimientos como la Nouvelle Vaugue o el Free Cinema, cineastas como Bergman, Antonioni, Fellini, Passolini, etc. etc. (incluso en España hubo jóvenes cineastas inconformistas que siguieron esos caminos con la Escuela de Barcelona y otros).

Pero es que en pleno siglo XXI, después de que el propio Von Trier abanderase un movimiento de renovación ya tardío y perfectamente inútil como el Dogma (curiosamente la mejor película que dio dicho movimiento ni siquiera era suya, sino de otro danés llamado Thomas Vinterberg y se llamaba "Celebración") se nos desmarque ahora con esta absoluta nadería con un trasfondo tan ingenuo como facilón... pues no cuela. No cuela, pero no porque no hagan falta talentos con universos propios y que hagan evolucionar el arte (eso jamás sobra), sino porque el nivel de riesgo y el resultado en relación a dicho riesgo que nos muestra aquí el danés es ridículo.

Es innegable que el hombre intenta hacer cosas. En ese sentido, alguno de sus experimentos, como "Dogville" (donde por primera y casi única vez ha sido capaz de aunar forma y fondo) y en menor medida "Manderlay", así como puntualmente "Europa" o "Rompiendo las olas", tenían sus cositas. Pero es que el resto, empezando por la tramposa (en todos los sentidos) "Bailar en la oscuridad", son creaciones de alguien completamente pagado de sí mismo y que se cree capaz de poner patas arriba los esquemas establecidos sin poseer ni la cuarta parte de lo que hay que tener para eso. Hasta el punto de que lo bueno que haya podido conseguir en su trayectoria, quepa la posibilidad de achacárselo a la casualidad.

Pero la única realidad es que ni Von Trier es tan bueno como él mismo se cree, ni "Anticristo" vale para mucho más que para dejar en evidencia tanto a su director, como a ciertos críticos que buscan y hasta encuentran donde no hay absolutamente NADA. Creo que esta última es la auténtica utilidad que se le puede extraer al filme.


Pero lo verdaderamente patético de todo esto es ver cómo Dafoe y Gainsbourg (lo mejor de la película, con muchísima diferencia) se toman en serio al simbolista de patio de colegio éste, así como que el individuo en cuestión se permita el lujo de tomar el nombre de cineastas de verdad como Tarkovski en vano. Cineastas que podían aburrirte o maravillarte en un momento dado, pero que por lo menos te contaban ALGO. Y que sabían hacerlo y cómo hacerlo.

martes, 5 de enero de 2010

"Fonda sangrienta", de Jackie Cong


FICHA ARTÍSTICA:

Título original: "Bood Diner"/ Director: Jackie Cong/ Producción: Jimmy Maslon/ Guión: Michael Sonye/ Fotografía: Jürg V. Walther/ Montaje: Thomas Meshelski/ Música: Don Preston/ Diseño de Producción: Ron Petersen/ Efectos Especiales: Bruce Zahlava/ Reparto: Rick Burks, Carl Crew, Roger Dauer, LaNette LaFrance, Lisa Elaina, Max Morris, Roxanne Cybelle, Sir Lamont Rodeheaver, Dino Lee, The Luv Johnsons, Drew Godderis, Bob Loya. USA. 1987. Color. 84'

Los años ochenta son una época reconocible, dentro del cine de terror. Tanto en cuanto a la estética de las historias, como dentro del aspecto más superficial de los personajes, tipo de humor, vestimentas, etc.

Y del mismo modo que hay filmes de aquella época por los que ha pasado demasiado el tiempo, otros no sólo no han perdido frescura, sino que incluso sirven perfectamente como ejemplos característicos de cara al espectador de hoy en día.

"Fonda sangrienta" es una auténtica gozada de terror gamberro (o comedia gore negra, como se quiera) de perfil absolutamente ochentero. Es imposible confundirse y situarla en otro momento histórico, si uno se pone a verla sin saber de qué año es.

Dos hermanos influenciados por la mente (por el cerebro, más propia y literalmente) de su tío, un asesino en serie tan sanguinario como cachondo, pondrán en marcha un lucrativo negocio de restaurante en el que servirán toda clase de platos elaborados con exquisitas (y humanas) materias primas. Todo ello a fin de financiar el experimento de poner en pie a un especimen femenino que viene a ser una especie de diosa de la venganza.


Si el argumento, ya de por sí, suena a psicotronía pura, la película no lo es menos. De ritmo endiablado pero con una comicidad a prueba de bomba y que no ha perdido nada de vigencia (al contrario, ha ganado en encanto), Jackie Cong dirige este plato no apto para estómagos delicados (hay cierta cantidad de gore) pero absolutamente entrañable.

No nos engañemos. "Fonda sangrienta" es al terror lo que "Porky's" es a la comedia. Es decir: trazo grueso y pitorreo en estado puro. Pero, al contrario de lo que suele suceder en muchos casos, los artífices de la peli no se limitan a pasárselo bien entre ellos, sino que realmente se preocupan por hacer cómplice al espectador de sus ganas de cachondeo. Y eso siempre es de agradecer. Algo que no vemos hoy en día en el gore más extremo, con un humor más que discutible, cuando no hay una ausencia total del mismo.

En definitiva, muy buena disculpa para una mirada retrospectiva destinada a nostálgicos del terror comercial y de la comedia negra americana de finales del siglo pasado. Y aunque otras películas de Cong, como "El Ser" o "Patrulla nocturna" también tienen cierta fama entre los aficionados, sin duda "Fonda sangrienta" es su mejor contribución al género vertiente gamberra.

Atención especial a la banda sonora, por cierto.

lunes, 4 de enero de 2010

"Pandorum", de Christian Alvart


FICHA ARTÍSTICA:
Director: Christian Alvart/ Producción: Paul W.S. Anderson, J. Bolt, R. Kulzer y Martin M./ Guión: Travis Milloy y C. Alvart/ Fotografía: Wendigo Von Schultzendorff/ Montaje: P. Stahl y Y. Valdez/ Música: Michl Britsch/ Diseño de Producción: Richard Bridgland/ Efectos Especiales: Gerd Feuchter/ Reparto: Dennis Quaid, Ben Foster, Cam Gigandet, Antje Traue, Cung Le, Eddie Rouse, Norman Reedus, André Hennicke, Friederike Kempter, Niels Bruno-Schmidt. USA-Alemania. 2009. Color. 108'

Aquí tenemos la penúltima (porque supongo que a estas horas habrá siete u ocho en marcha parecidas) muestra de CF y terror con mucha acción y adrenalina. O lo que es lo mismo, la enésima reencarnación de las "Resident Evil", "Doom", "Silent Hill" y demás.

En este caso, se trata de una coproducción entre los USA y Alemania, dirigida por un natural de este último país y protagonizada por, entre otros, Dennis Quaid. Un actor que, mientras años atrás era garantía de cierta calidad o al menos, de un mínimo interés, ahora es más bien lo contrario.

En "Pandorum", desde luego, no veremos al Quaid de las mejores épocas. Eso sí, da la sensación de haber sido un rodaje bastante descansado para él, porque mientras el resto de personajes se pasan la película corriendo de un lado para otro, él se está quietecito en su puesto de mando, tan sólo apareciendo en momentos aislados para justificar el sueldo, se supone, (porque su personaje podría haber sido interpretado por un vendedor de enciclopedias y tampoco hubiese pasado nada).


Argumento, argumento... psé... algo hay. Un joven se despierta tras un período prolongado de sueño en el seno de una inmensa nave que busca establecer nuevas colonias de vida en un alejado planeta, dado que en la Tierra la cosa ya está un poco peluda. A medida que recorre las diferentes estancias de la nave, se irá dando cuenta de que por ahí sueltos andan unos bichos de poco fiar.

Bichos que Christian Alvart se empeña en escondernos durante buena parte del metraje, seguramente porque no se distinguen por un carisma digamos, espectacular. Son el típico híbrido entre zombies-aliens-punkis hipervitaminados de siempre. Por supuesto, no nos libraremos de los sustitos idiotas de rigor, ni de la cámara mareante, aunque en este caso se comprenda (hasta cierto punto) porque el director de fotografía se llama Wendigo, nada menos. Lógico es, no le vas a pedir un pulso firme a un tipo que "camina-sobre-el-viento".

Coñas aparte, se puede justificar mucho en base a las pretensiones de Serie B, no digo que no. Pero esa etiqueta tampoco tiene por qué dar carta blanca para hacernos tragar cualquier cosa y sentirnos obligados a disfrutar.

A mí "Pandorum" me ha parecido el enésimo artefacto palomitero con el que terminas disfrutando más de las propias palomitas que del artefacto en sí. Digamos que no sería partidario de prohibir su visionado, pero tampoco me atrevería a recomendarla así como así. Por compararla con otro filme de similares intenciones y también con la presencia de Paul W.S. Anderson (aquí ejerce de productor) uno se queda cien mil veces antes con la modestia de "Horizonte final", por ejemplo.


Lo que tiene delito, es que en pleno 2009 el género fantástico pretenda estamparnos en la cara el mismo esquema que los italianos "descubrieron" hace treinta años, revistiéndolo encima de modernidad y tal (además de tenerse que gastar mucha más pasta). Pues no, señores. Se basen en videojuegos o no se basen en videojuegos, estas películas nacen cansinas y agotadas, por lo repetitivas que resultan a los diez minutos de empezar a verlas. Por lo menos en los videojuegos uno toma parte activa de la acción.

domingo, 3 de enero de 2010

"Street Trash", de J. Michael Muro


FICHA ARTÍSTICA:

Director: J. Michael Muro/ Producción: Roy Frumkes/ Guión: Roy Frumkes/ Fotografía: David Sperling/ Montaje: Dennis Werner/ Música: Rick Ulfik/ Diseño de Producción: Robert Marcucci/ Efectos Especiales: Matt Vogel/ Reparto: Mike Lackey, Bill Chepil, Vic Noto, Mark Sferrazza, Jane Arakawa, Nicole Potter, Pat Ryan, Clarenze Jarmon, Bernard Perlman, Miriam Zucker, M. D'Jango Krunch, James Lorinz, Morty Storm, Sam Blasco, Bruce Torbet, Roman Zack, Gary Auerbach, Roy Frumkes. USA. 1987. Color. 101'

Digamos que hay títulos deliberadamente crípticos o que buscan sugerir, más que describir fehacientemente lo que hay tras ellos. En cambio con otros sucede todo lo contrario. Te dicen exactamente lo que vas a encontrar. Ni que decir tiene, éste es uno de esos casos.

Eso es. Auténtica basura callejera, en sus más diversas formas. Y todo ello, por obra y gracia de este desconocido cineasta (en realidad, es su única película) que a los 21 añitos se puso tras la cámara y se dedicó a contarnos esta especie de pesadilla urbana del extrarradio de una gran ciudad.

Aquí todo sucede a la luz del día, entre vertederos y montones de mierda, donde las bandas callejeras más peligrosas y degeneradas se mezclan con los mendigos y la mugre extrema en todas sus formas. Si por ello fuera poco, de repente irrumpe un nuevo "personaje": una especie de bebida-jarabe caducada que se encargará de reducir todavía más la basura humana a la más simple de sus expresiones. Esto es: basura a secas, o basura no humana.


En realidad, "Street Trash" es una de esas películas sobre las que resulta bastante absurdo ponerse a hablar. Porque hay que verla para creerla. Una auténtica colección de marranadas y situaciones hiperviolentas, desde desmembramientos genitales, hasta secuencias necrófilas, violaciones, fluidos de todos los colores y texturas posibles... En definitiva, que el tal J. Michael Muro, parece especialmente interesado aquí en volcar sus post-adolescentes perversiones más íntimas en una serie de personajes a cual más desagradable (casi resulta obligado mirar con otros ojos a los mendigos tras ver esta película).

¿Calidad cinematográfica?... Pues bueno, ponerse a hablar de eso es como analizar las cualidades gastronómicas de un puesto de frankfurts en una feria callejera.

Lo único que encontraremos en "Street Trash" es provocación y mal rollete. Actores que no merecen ese nombre y una (curiosamente) nítida fotografía que incide en un tratamiento visual de la gran ciudad mucho más límpido de lo que la naturaleza costrosa de las secuencias parecería estar demandando. Es un contraste más que interesante. Tal vez, lo único que merece ser destacado aquí.


Ahora bien, si alguien está especialmente interesado en ver a gordos sebosos violando cadáveres, miembros genitales masculinos volando por los aires, cuerpos humanos deshaciéndose en pulposos y coloridos líquidos, etc. no debería dejar pasar la oportunidad, porque difícilmente va a encontrar tanta cantidad de porquerías de ese estilo como en este gomoso híbrido entre "El vengador tóxico", "Malas calles" y "Mad Max". Algo así como Scorsese absorbido por la Troma. Y bueno, vale, sí. Es francamente divertida.

sábado, 2 de enero de 2010

"Juegos de carretera", de Richard Franklin


FICHA ARTÍSTICA:

Director: Richard Franklin/ Producción: Barbi Taylor y R. Franklin/ Guión: Everett de Roche y R. Franklin/ Fotografía: Vincent Monton/ Montaje: Edward McQueen-Mason/ Música: Brian May/ Diseño de Producción: Jon Downing/ Efectos Visuales: Richard Wilmot/ Reparto: Stacy Keach, Jamie Lee Curtis, Marion Edward, Grant Page, Thaddeus Smith, Steve Millichamp, Alan Hopgood, John Murphy, Bill Stacey, Robert Thompson, Ed Turley, Angelica La Bozzetta, Colin Vancao. Australia. 1981. Color. 100'

Película de carretera y de camiones. Algo que puede sonar un poco vulgar, pero que sin embargo estuvo muy de moda durante una época. Seguramente a raíz de aquel hito que marcó Steven Spielberg y su fabulosa "El diablo sobre ruedas". El caso es que entre los años setenta y principios de los ochenta surgieron un montón de filmes y series con personajes que recorrían esas típicas carreteras americanas y a los cuales les pasaba un poco de todo. Había comedias, dramas, y naturalmente, thrillers y narraciones terroríficas.

"Juegos de carretera" viene a tener un poco de todo. En ella encontramos a un personaje principal encarnado por el (por entonces) muy de moda (gracias a la serie "Mike Hammer") Stacy Keach, que interpreta aquí a un camionero dicharachero y que trata de pasarlo lo mejor posible en esas larguísimas jornadas a bordo de su tráiler por las carreteras perdidas de Australia (curioso cambio de continente, sí). En sus periplos encontrará a otros personajes, entre ellos a una Jamie Lee Curtis, casi recién salida de "La noche de Halloween", ya coronada como "scream queen" oficial.


Claro, que no todas las compañías serán tan agradables. Así, el bueno de Patrick Quid (Keach) también coincidirá con un presunto asesino en serie al que irá persiguiendo (cuando no es él el perseguido) en una trama que bebe mucho de las fuentes de "La ventana indiscreta", pero en este caso, sobre ruedas. De hecho, los elementos "hitchockianos" de la peli son abundantes.

Richard Franklin fue un cineasta nunca demasiado reconocido, pero que modestamente aportó una serie de películas más o menos adscritas al género y que ahí han quedado, para el disfrute de muchos. Hablamos por ejemplo de obras como "Patrick", "Link" o la subvalorada primera secuela de "Psicosis" (volvemos al Tito Hitch), aquélla en la que Norman volvía a casa y que, huyendo totalmente de la prescindible secuela literaria de Robert Bloch, Franklin convirtió en una obra más que digna. Desde luego, muy por encima de las lamentables secuelas que vinieron luego.

En "Juegos de carretera", que juega (valga la expresión) descaradamente con el carisma de su protagonista, Franklin corre un poco el riesgo de la dispersión. Esto es, que el espectador pierda el interés a ratos, debido a la diversidad de tonos narrativos que el filme presenta. Seguramente eso es lo que más perjudica a la película. Ya en "El diablo sobre ruedas" había algún que otro ligero toque de comicidad en los monólogos internos del personaje principal, pero en ésta, da la sensación de que los pasajes cómicos se pasan un poco, en detrimento de la trama de suspense, que sólo cobra vigor en un tramo final aceptablemente interesante.

Con todo, se trata de un filme curioso, que vale la pena rescatar, si uno es aficionado a este tipo de películas de carretera tan de la época.

viernes, 1 de enero de 2010

"El Motel del Infierno", de Kevin Connor


FICHA ARTÍSTICA:

Director: Kevin Connor/ Producción: Robert Jaffe y Steven-Charles Jaffe/ Guión: Robert Jaffe y Steven-Charles Jaffe/ Fotografía: Thomas Del Ruth/ Montaje: Bernard Gribble/ Música: Lance Rubin/ Dirección Artística: Joseph M. Altadonna/ Efectos Especiales: Adams Calvert/ Reparto: Rory Calhoun, Nancy Parsons, Paul Linke, Nina Axelrod, Wolfman Jack, Elaine Joyce, Monique St. Pierre, Rosanne Katon, E. Hampton Beagle, Everett Creach, Michael Melvin, John Ratzenberger. USA. 1980. Color. 96'

Aunque el "american gothic" es una de esas etiquetas o subgéneros dentro del terror que pocas o casi ninguna sorpresa puede ofrecer, de vez en cuando se topa uno con algunas muestras que, sin ser obras inolvidables y magistrales, sí se contemplan con una irreprimible sensación de simpatía.

El veterano Kevin Connor, cineasta británico con cierto apego al género fantástico ("Cuentos de ultratumba", "La tierra olvidada por el tiempo", "Los conquistadores de Atlantis"...) y una posterior trayectoria, ya afincado en América, mucho más centrada en la televisión, nos ofrece aquí un pequeño pero regocijante y suculento bocado de "american gothic" casi de manual.

Y lo hace en buena compañía. Ya que, si por algo merece ser recordada esta película, más allá de por sus virtudes o defectos estrictamente cinematográficos, es por la presencia irresistible de Don Rory Calhoun, auténtica leyenda interpretativa de la época clásica y dorada de Hollywood, especialmente célebre en el género del western.


Aquí, un ya veterano Calhoun se convierte en el perfecto anfitrión de este Motel, cuyo dueño (es decir, él mismo) y su hermana (también espléndida Nancy Parsons) se distinguen por ofrecer suculentos manjares en forma de carnes ahumadas a los visitantes ocasionales de su establecimiento, así como a la población "nerd" de toda la zona. Manjares que, como no podría ser de otro modo, cuentan con algún que otro ingrediente secreto, fácilmente imaginable.

Tanto el planteamiento como el desarrollo y la apariencia de los personajes dentro del filme, están diseñados dentro de los márgenes de la comedia negra. Un tono cómico que se mantiene durante todo el rato, salvo en un tramo final curiosamente de una atmósfera mucho más oscura y tremendista. Por cierto, que el filme se cierra con una frase del personaje que interpreta Calhoun absolutamente delirante. Casi vale la pena ver toda la peli para llegar a ese momento.

Por lo demás, a pesar de tratarse de una obra algo envejecida a día de hoy, se puede ver sin peligro alguno en cuanto a la posibilidad de aburrirse. Es un filme modesto, simpático y entretenido. Aunque sólo sea por esa pareja de hermanos (Calhoun y Parsons) francamente impagables.

Posiblemente un poco más de virulencia en cuanto a sangre y vísceras no le hubiese venido mal, eso sí.