sábado, 25 de abril de 2009

"Madman", de Joe Giannone


FICHA ARTÍSTICA:

Título Original: "Madman"/ Dirección y Guión: Joe Giannone/ Producción: Gary Sales/ Fotografía: James Lemmo/ Montaje: Daniel Loewenthal/ Música: Stephen Horelick/ Efectos Especiales: Matt Vogel/ Reparto: Gaylen Ross, Tony Fish, Harriet Bass, Seth Jones, Jan Claire, Alexander Murphy Jr., Jimmy Steele, Carl Fredericks, Michael Sullivan, Paul Ehlers, Tom Veilleux, Stephen Clark. USA, 1982. Color. 87'

Más o menos típico slasher ochentero, variedad "campamentos", dirigido y guionizado por Joe Giannone. Un director tan efímero y fugaz, que de hecho "Madman" constituyó su primera y última película, falleciendo bastantes años después de realizarla, concretamente en el 2006.

En ella no encontraremos casi nada que la diferencie en exceso de productos similares. Y sin embargo, sí es obligado resaltar que la narración presenta alguna que otra novedad digna de mención.

Sobretodo el hecho de que, a diferencia de lo que suele ser habitual en esta clase de filmes, en que los personajes llegan al sitio donde tendrán lugar los acontecimientos terroríficos poco a poco, se asientan y hasta que empieza a desencadenarse la acción puede pasar un espacio de tiempo que irá de lo prudencial a lo excesivo, por contra Giannone opta por iniciar su relato en pleno clímax terrorífico.

De este modo, en la primera sencuencia, nos encontramos en plena hoguera de campamento, alrededor de la cual tiene lugar la exposición de la leyenda que ilustra la existencia (o no) del presunto monstruo: el Madman, en cuestión. Con ello, nos ahorramos prolegómenos tópicos y nos encontramos de lleno metidos en harina, porque ciertamente el nivel de tensión de ese inicio resulta bastante conseguido.


Ahora bien, a partir de ese momento, sí tendrán lugar los consabidos pasajes narrativos más o menos de relleno, en que los personajes serán debidamente presentados, en la que es su última noche de campamento. Aunque sea un dato sin excesiva importancia, ello sí constituye un rasgo diferencial: el hecho de que el meollo del horror tenga lugar al final del viaje.

Por supuesto, poco después empezarán los asesinatos, descritos sin demasiada virulencia, pero tampoco asépticos. Es decir, un nivel más o menos mediano de truculencia.

En cualquier caso, seguramente lo que más cabe destacar del filme es la atmósfera que transmite el escenario del bosque donde el ser misterioso comete sus fechorías. Un ser que, del mismo modo, no se nos presenta de un modo diáfano hasta el final, contribuyendo ello a un mayor nivel de desconocimiento, en cuanto a su verdadera naturaleza (humana o no). Asimismo, la progresión narrativa está bien cuidada, elevándose el tono inquietante, a medida que avanza el relato, tras el mencionado arranque.

De todos modos, se trata de un filme modesto, con un nivel interpretativo tirando a bajo y que tampoco escapa de la habitual serie de tópicos y de situaciones de guión previsibles y forzadas. Sin ir más lejos, la capacidad del asesino para trasladarse por el bosque de un modo que ni siquiera la velocidad de los coches puede superar. Él parece estar siempre en todas partes, da lo mismo hacia dónde se dirijan las potenciales víctimas (alguna de las cuales, por cierto, posee una pericia más bien nula, a la hora de buscar escondrijos).

Por tanto, película recomendable para aficionados al slasher medianejo, sin nada demasiado destacable, pero con un acabado tan correcto como poco exigente. Básicamente para ver por completismo.

jueves, 9 de abril de 2009

"Morir de miedo", de Juan José Porto


FICHA ARTÍSTICA:

Título Original: "Morir de miedo"/ Dirección: Juan José Porto/ Guión: Carlos Puerto y J.J. Porto/ Fotografía: Miguel Milá/ Reparto: Mónica Randall, Simón Andreu y Miguel Ayones. España, 1980. Color. 84'

Tres casi siempre son multitud. Y si encima uno de ellos es un fantasma vengativo, pues ya ni te cuento. De eso habla y eso es lo que cuenta esta "Morir de miedo".

El cine de terror en España parece haber seguido dos caminos más o menos diferenciados, pese a coincidir y solaparse en el tiempo. Mientras por un lado, el fantaterror encabezado por figuras como la de Paul Naschy, partía de los esquemas más góticos y de época, luego hubo otra corriente, seguramente más difusa y no tan reconocida (salvo contadas excepciones) que situaba el género en marcos mucho más actuales y contemporáneos.

Mientras en la primera, además del propio Naschy, podíamos situar a otros cineastas como Amando de Ossorio, Leon Klimowsky, etc. en la segunda aparecen nombres seguramente no tan adscritos al género, pero que en algún momento lo frecuentaron, como Aranda, Bigas Luna, Jorge Grau, etc. y también otros que se introdujeron de lleno en él: Juan Piquer, Carlos Puerto, José Ramón Larraz, etc.
Dentro de ambas tendencias encontramos filmes estimables y, como es lógico, otros que no lo son tanto.

En el caso que nos ocupa, estaríamos hablando de una muestra más bien discreta. Con la presencia de dos rostros tan conocidos, como son los de Mónica Randall y Simón Andreu, el director y guionista Juan José Porto edificó esta película modesta y funcional. Sin ningún rasgo más o menos memorable y con un escaso número de elementos, tanto escénicos como narrativos.


Y es que la factura del filme es casi teatral, por su limitada presencia de personajes (tan sólo tres), así como la utilización de un escasísimo número de escenarios, o de efectos.

Sin duda, estamos ante una tópica narración de suspense psicológico, con puntuales destellos terroríficos, pero con toda la intencionalidad centrada en el hecho de provocar tensión en el espectador, en forma de identificación con el personaje principal (en este caso, el de Randall). La intención es ésa. Otra cosa es que Porto lo consiga.

Principalmente porque la película se desarrolla por unos cauces harto previsibles. Aún siendo fiel a los esquemas del tradicional cuento de fantasmas, eso sí, convenientemente adaptado a los tiempos actuales (aquí se hace obligatorio mencionar los puntuales ramalazos erótico-festivos, tan en boga en la época), en todo momento está muy claro por dónde van a discurrir los acontecimientos. Con el agravante de que la idea principal del guión no parece dar tanto de sí como para llenar el espacio que requiere una extensión de largometraje. De ahí que en varios momentos la narración se repita y se demore en exceso.

Con todo, tampoco sería justo hablar de una obra torpe o enteramente fallida. Si uno se enfrenta a ella sin demasiadas expectativas, salvo la de asistir a una pequeña historia revestida de tópicos, pero más o menos funcional, y sobretodo si uno es aficionado a esa mencionada corriente de terror hispano contemporánea, tan modesta como simpática, puede hallar aquí un razonable y nada exigente entretenimiento.

domingo, 5 de abril de 2009

"El molino de las mujeres de piedra", de Giorgio Ferroni


FICHA ARTÍSTICA:

Título Original: "Il Mulino delle donne di pietra"/ Dirección: Giorgio Ferroni/ Guión: R. Del Grosso, U. Liberatore, G. Stegani y G. Ferroni/ Producción: Giampaolo Bigazzi/ Fotografía: Pier Ludovico Pavoni/ Montaje: Antonietta Zita/ Música: Carlo Innocenzi/ Diseño de Producción: Arrigo Equini/ Reparto: Pierre Brice, Scilla Gabel, Wolfgang Preiss, Dany Carrel, Herbert A.E. Böhme, Liana Orfei, Marco Guglielmi, Olga Solbelli, Alberto Archetti. Italia-Francia, 1960. Color. 94'

Si uno se acerca por primera vez a este filme sin saber quién es su director, podría aventurarse a decir que se trata de una peli del mismísimo Mario Bava, sin que dicha afirmación resultase ningún disparate. Y es que estamos hablando de una muestra más que valiosa, dentro del excelso gótico italiano de los años sesenta y setenta.

Pero no. "El molino de las mujeres de piedra" no es del Maestro Bava, sino de un cineasta como Giorgio Ferroni, mucho más gris y menos recordado. Uno de tantos cineastas italianos que dedicasen gran parte de su producción a géneros como el western o el peplum. En este último es, probablemente, donde alcanzó mayor celebridad. A tenor de lo visto aquí, es una lástima que así fuese, porque talento para el género fantástico no le faltaba.


En cualquier caso, el filme que nos ocupa hoy constituye un delicioso plato para los gourmets del terror clásico italiano. Y del terror clásico en general. No en vano, Ferroni maneja para su historia los mismos ingredientes y las mismas atmósferas que los grandes del género utilizasen, en cine y literatura.

Así, en esta trama llena de suspense y tensión dramática, en la que un joven acude a trabajar como ayudante de un peculiar escultor cuya labor artística tiene lugar dentro de un molino y que trabaja con estatuas dotadas de una gran y extraña verosimilitud, hallamos ecos de relatos y argumentos de autores como Poe, Hawthorne, etc. Es decir: clasicismo en estado puro.

Sin duda, el marco escénico del molino constituye un atractivo visual de primer orden, en sustitución del habitual caserón gótico de esta clase de narraciones. Asimismo, el tratamiento del color y de la fotografía, sencillamente magníficos, otorga gran personalidad al conjunto. Es ahí donde hallamos las mayores similitudes con el estilo del Bava más primerizo en obras como "Operazione Paura", "La frusta e il corpo", o "La máscara del demonio". Y ojo, porque en el caso de las dos primeras, estamos hablando de filmes posteriores al de Ferroni. Así que: al césar lo que es del césar.


Es posible que la mayor debilidad de la obra la encontremos en el escaso desarrollo de algunos personajes, o en el excesivo estiramiento de la trama principal que, a pesar de un recurrente y adecuado uso del suspense, parece demorarse en exceso, antes de desencadenarse el desenlace.

Con todo, estamos hablando de una película muy a tener en cuenta. Especialmente si se es aficionado a este tipo de producciones, muy de la época y absolutamente marcadas (para bien o para mal) por unos rasgos de estilo definitorios de un auténtico subgénero, dentro de la cinematografía terrorífica. Después de ésta, Ferroni volvería en escasas ocasiones al género ("La noche de los diablos" y poco más).

viernes, 3 de abril de 2009

"El Ático", de David Schmoeller


FICHA ARTÍSTICA:

Título Original: "Crawlspace"/ Dirección y Guión: David Schmoeller/ Producción: Roberto Bessi/ Fotografía: Sergio Salvati/ Montaje: Bert Glatstein/ Música: Pino Donaggio/ Reparto: Klaus Kinski, Talia Balsam, Barbara Whinnery, Carole Francis, Tane McClure, Sally Brown, Jack Heller, David Abbott, Kenneth Robert Shippy. USA, 1986. Color. 77'

Dirigida por David Schmoeller, autor asimismo de la fabulosa "Trampa para turistas", "El Ático" es un vehículo claramente concebido para el lucimiento de "la bestia" Klaus Kinski. Un Kinski ya en el tramo final de su carrera, con toda la carga de su demoledora presencia en pantalla.

Como suele suceder en estos casos, el protagonismo del intérprete alrededor del cual gravita todo lo demás, hace que sea eso precisamente lo que destaque muy por encima del resto. De modo que, dentro de esta trama que nos narra los desmanes de un individuo desequilibrado y misántropo, cuya raíz maquiavélica nace (ni más ni menos) de la terrible sombra que proyecta la existencia de los nazis y toda su imaginería (y su acción) perversa y asesina, poco más encontramos de interés.

Y eso que, en principio, el argumento daba para bastante más. Además de ese personaje llamativo y denso, Schmoeller se las podía haber ingeniado para pergeñar un entorno un pelín más trabajado. En cambio parece dejar todo el peso narrativo en numerosas secuencias innecesariamente alargadas, en las que el omnipresente Kinski se explaya a gusto ante la cámara, con lo cual el ritmo narrativo se resiente en exceso.


Por contra, en el tramo final del filme sí encontramos un buen número de momentos de impacto, en forma de catarsis terrorífica. En todo caso, el regusto final es el de un producto irregular, dirigido muy esencialmente a los devotos del irascible y carismático intérprete polaco.

Ni los secundarios Talia Balsam, David Abbott o la televisiva Barbara Whinnery aportan gran cosa a sus personajes. Básicamente porque en el guión no pasan de ser meros figurantes con un par de frases y poco más. Una disculpa para interactuar con el protagonista.

Lo dicho. Un filme pequeño y modesto, sin mucho que rascar en él. Que si no fuera por las referidas secuencias del final, se quedaría en la más gris mediocridad y en el más absoluto de los olvidos. Lástima, porque si Schmoeller había sido capaz de mostrar en "Trampa para turistas" o incluso en "Puppetmaster" la capacidad de llevar al más alto nivel los ingredientes más repetitivos y recurrentes, no puede decirse que tuviese el mismo acierto con "El Ático".

domingo, 29 de marzo de 2009

"La casa del terror", de Joseph Ellison


FICHA ARTÍSTICA:

Título Original: "Don't Go In The House"/ Dirección: Joseph Ellison/ Guión: Ellen Hammill, Joe Masefield y J. Ellison/ Producción: Ellen Hammill/ Fotografía: Oliver Wood/ Montaje: Jane Kurson/ Música: Richard Einhorn/ Efectos Especiales: Matt Vogel/ Reparto: Dan Grimaldi, Robert Osth, Ruth Dardick, Charles Bonet, Bill Ricci, Dennis Hunt, John Hedberg, Johanna Brushay, Darcy Shean, Mary Ann Chin, Jim Donnegan. USA, 1980. Color. 78'

Afortunadamente, después de unas cuantas reseñas acerca de obras con perfil bajo y tono más bien gris, llega el momento de hablar de una película realmente disfrutable. Máxime porque se trata de una obra bastante desconocida. Tal vez por su factura modesta, o la ausencia de actores (y director) conocidos.

Pero he aquí una de esas historias de psychokillers bien hecha, con el punto justo de verosimilitud y sordidez, sin abusar necesariamente de los efectos sanguinolentos, sino que basa gran parte de su efectividad en el conseguido retrato del protagonista, así como en la capacidad del director, para introducirnos en la dañada psique del mismo.

Las referencias a "Psicosis" son constantes, tanto en cuanto a la trama, como en cuanto a diferentes planos y secuencias (las vistas exteriores de la casa donde transcurre gran parte de la acción, por ejemplo), directamente sacadas del clásico de Hitchcock, pero siempre desde un tono respetuoso y honesto.


Y es que aquí también encontramos a un individuo perturbado por la omnipresencia de la figura materna en su vida. Una figura que le acompañará aún después de muerta, tras haberle "proporcionado" una niñez y juventud harto desagradables. En ese punto es donde empieza su "carrera" asesina, al más puro estilo Ed Gein, pese a contar, en este caso, con un elemento diferencial constantemente presente en la narración: el fuego.

Desde el mismo arranque de la peli, con una secuencia llena de fuerza, en la que asistimos al primer comportamiento anómalo del protagonista, al ser incapaz de socorrer a un compañero de trabajo accidentado por culpa de una inoportuna llamarada, tendremos pues al fuego como leitmotiv continuado, dado su carácter evocador y perturbador para el personaje, a raíz de (una vez más) sucesos acaecidos en su niñez y con la madre como desencadenante.

De ahí en adelante, la caída en el abismo para el individuo, que iniciará su trayectoria como asesino de jovencitas, a las que pretende conquistar (evidente necesidad liberadora) pero a las que se "verá obligado" a asesinar en cuanto descubran accidentalmente sus peculiares circunstancias vitales.


Dan Grimaldi, el actor que interpreta al asesino, refleja a la perfección el carácter gris y carente de rasgo carismático alguno. Es un sujeto perfectamente normal en el exterior. De ahí que resulte tan satisfactorio y logrado el modo en que Joseph Ellison nos introduce en su mente, que poco a poco se irá llenando de visiones y tinieblas, a medida que se va consumando su irrefrenable descenso a los infiernos de la locura.

Una puesta en escena muy sobria, casi de telefilme, con el puntual aditamento de sustos y efectos terroríficos perfectamente distribuidos a lo largo del relato. Y un resultado final que deja muy buen sabor de boca. Porque, dentro de la más absoluta modestia (los efectos de maquillaje son bastante pintorescos, por ejemplo), lo cierto es que la película funciona a las mil maravillas, dentro de los aspectos principales.

Así pues, una pequeña pieza de artesanía, sabiamente ejecutada. De ésas que, a pesar de toda la inmensa pléyade de productos de rasgos similares, brilla por su falta de pretensiones, así como por su tremenda efectividad. Sobretodo por el gran acierto que supone la firme y conseguida incisión dentro del núcleo principal de esta clase de historias: la mente del asesino. Aspecto muy evidente, pero que, por contra, se olvida en numerosas ocasiones, en aras de la pirotecnia formal, o de una atmósfera exageradamente artificiosa.

sábado, 28 de marzo de 2009

"Walled In", de Gilles Paquet-Brenner


FICHA ARTÍSTICA:

Título Original: "Walled In"/ Dirección: Gilles Paquet-Brenner/ Guión: Rodolphe Tissot, Olivier Volpi, Sylvain White y G.P.Brenner, sobre una novela de Serge Brussolo/ Producción: Kevin De Walt, Jean Charles-Levy, Clément Miserez e Ingo Wollkammer/ Fotografía: Karim Hussaim/ Dirección Artística: Sara McCudden y Bertrand Seitz/ Efectos Visuales: Colin Hubick/ Reparto: Mischa Barton, Cameron Bright, Deborah Kara Unger, Noam Jenkins, Eugene Clark, Tim Allen, Darla Biccum, Mark Claxton, Shannon Jardine, Sophi Knight, Taylor Leslie, Pascal Greggory. USA-Francia-Canadá, 2009. Color. 90'

Me acerqué a esta película atraído por el hecho de ver alguna presencia del país galo entre los artífices del filme (que es una coproducción). Pero a la postre, en lugar de encontrarme con rastros de la actual y bastante estimulante corriente de terror francés, gracias a gente como Bustillo, Aja, Du Welz, etc. lo que he hallado ha sido una auténtica bazofia en la peor línea del cine fantástico más modernillo y hueco.

Y eso, a pesar de ver en el reparto alguna que otra cara conocida, como la de Mischa Barton (una actriz bastante interesante), la siempre deliciosa (aunque últimamente perdidísima) Deborah Kara Unger y también aquel chaval llamado Cameron Bright (ya convertido en todo un adolescente) que hace no mucho tiempo viésemos en películas como "Birth" junto a Nicole Kidman o "El enviado", junto a De Niro.

Pero nada. "Walled In" es un despropósito que a la menor oportunidad malogra por completo un punto de partida aceptablemente prometedor. Se trata de un ejercicio pretendidamente claustrofóbico, casi un gótico postmoderno (por decir algo) con un extraño y sugerente edificio que, al parecer, esconde secretos. La protagonista penetrará entre sus paredes para tratar de descubrirlos, contando con el apoyo (o la molestia, según se mire) de los personajes interpretados por Unger y Bright, que en todo momento parecen saber mucho más de lo que aparentan.


Tras veinte minutos en los que la atmósfera opresiva e incómoda parece adueñarse de todo, la peli se desinfla por completo, sucediéndose toda clase de decisiones de guión a cual más fallida, que dinamita totalmente tanto la aludida atmósfera, como el propio interés que pudiese tener la historia.

Especialmente el último tercio de la película es un desastre total, con una narración que ya ha perdido totalmente el norte y que se limita a mostrar a la protagonista sumergida en una situación límite, pero alargada de un modo ridículo y trufada de aspectos irritantes, en forma de personajes hipotéticamente perturbadores, pero a la postre de lo más estúpidos.

En ocasiones se hace realmente complicado desentrañar qué demonios tienen los guionistas y los directores en la cabeza. Si no son conscientes de la debilidad de sus obras, así como de la total carencia de elementos mínimamente atractivos. ¿Tan difícil es ponerse en la piel del espectador y distinguir cuándo algo se hace insoportablemente aburrido y falto de interés?

El director de esta película parece empeñado en demostrar que es capaz de tomar aspectos del cine de autor más críptico y sugerente (Lynch, Polanski, etc.) pero por lo visto nadie le ha dicho que no da la talla. Que, de hecho, está a años luz de llegarles a la suela de los zapatos. Y es por eso que su obra, lejos de resultar perturbadora en ningún sentido, convierte esa intención en puro (y risible) tedio.


Si algún comentario parece exigir el visionado del filme, es tratar de discernir qué es lo más absurdo y patético en él. Si lo es el guión, que por momentos parece volverse mera improvisación (circunstancia sorprendente, si tenemos en cuenta que en él han colaborado cuatro o cinco personas), o tal vez los personajes y sus reacciones y actitudes, tan poco creíbles como caprichosas.

Ignoro si esto llegará a estrenarse en cines por aquí, o si pasará directamente al mercado videográfico. En cualquier caso, que a nadie se le ocurra perder ni el tiempo ni su dinero con ello.

martes, 24 de marzo de 2009

"Juegos imaginarios", de William Fruet


FICHA ARTÍSTICA:

Título Original: "Imaginary Playmate"/ Dirección: William Fruet/ Guión: Christine Gallagher/ Producción: Allan Krasnick y Paul Rayman/ Montaje: Nicole Ratcliffe/ Música: Hal Beckett/ Reparto: Dina Meyer, Rick Ravanello, Nancy Sivak, Kurt Evans, Marilyn Vance, Pablo Coffey, Cassandra Sawtell, Nicole Muñoz, Bronween Smith, Grace Vukovic. Canadá, 2006. Color. 85'

Otro telefilme para la colección. En este caso, bastante reciente (apenas tiene tres años) y producido en Canadá. Entre sus intérpretes, encontramos a la guapísima Dina Meyer, actriz muy habitual de la pequeña pantalla y de las series americanas de la última hornada. Lo mismo puede decirse de su director, William Fruet, que en los ochenta hizo sus pinitos (discretos) en la gran pantalla, pero que a la larga ha ido moderando sus pretensiones.

Se trata de un producto rutinario y de consumo rápido, con escasa o nula originalidad, pero que sin embargo está resuelto con corrección. Siempre y cuando no se le exija más de lo debido. Es decir, más de lo que pueden dar de sí esta clase de obras.

La temática que presenta es la de los recurrentes "amigos imaginarios" de los niños, que estamos hartos de ver en todo tipo de narraciones clásicas y modernas. En ese sentido, poca novedad. De hecho, poca novedad en ningún sentido. Es la misma historia que hemos visto cientos de veces. Unas veces mejor contada y otras veces peor.


Uno de los últimos ejemplos fue la fallida "El escondite", con aquella resolución tan tramposa y casi ridícula. Aquí no hallaremos golpes de efecto de ese calibre. Todo es previsibilidad de principio a fin. Así, si uno es capaz de entretenerse aún sabiendo en todo momento cuál va a ser el siguiente paso dentro de la narración, es posible que no se lo pase mal del todo viéndola.

En todo caso, se trata de una producción concebida y dirigida para el medio televisivo y eso queda claro desde el primer momento. Lo cual no es óbice para que la sensación que deja al final llegue a superar la de numerosas aproximaciones similares, tan del gusto del cine oriental, por ejemplo.

Se trata del manido esquema: "manifestaciones extrañas" más "terror creciente de los personajes" más "resolución que explica los orígenes de la maldición y que lo deja todo en su sitio". Aquí la entidad misteriosa no es una niña con el pelo negro y largo por delante de los ojos, sino una niña rubia con el pelo rizado, una carita muy mona y un nombre así como pijo (Candice). Pero por lo demás, puede hablarse del mismo tipo de película.

Una vez sabido eso, no hay que esperar sanguinolencia, ni efectos especiales a mansalva, sino un tratamiento más realista (más de telefilme, en definitiva) de las imágenes. Poco o nada más ofrece "Juegos imaginarios". A falta de otra cosa...

domingo, 22 de marzo de 2009

"The Dark Power", de Phil Smoot


FICHA ARTÍSTICA:

Título Original: "The Dark Power"/ Dirección y Guión: Phil Smoot/ Producción: George B. Walker y P. Smoot/ Fotografía: Paul Hughen/ Montaje: Sherwood Jones/ Música: Christopher Deane y Matt Kendrick/ Efectos Especiales: Tony Elwood y Dean Jones/ Reparto: Lash La Rue, Anna Lane Tatum, Cynthia Bailey, Mary Dalton, Paul Holman, Cynthia Farbman, Marc Matney, Tony Shaw, Robert Bushyhead, Suzie Martin, Dean Jones. USA, 1985. Color. 78'

"-¡¡¡Los toltecas, que vienen los toltecas...!!! -Pero bueno, ¿vienen ya o qué?"
Así podría resumirse a grandes rasgos lo que nos ofrece esta película, prácticamente desconocida, de Phil Smoot (habitual operador de cámara y ocasional director). Uno de esos filmes que tienen tan poca chicha, que se hace difícil decir demasiadas cosas acerca de ellos.

Tras una pretendida originalidad en cuanto a elementos narrativos, como la utilización de los espíritus reencarnados de antiguos indígenas americanos, en realidad lo que encontramos aquí es la enésima muestra de historia dirigida a adolescentes ochenteros, con escaso nivel de exigencia. Es irrelevante que los monstruos de la función sean indios revividos. Lo mismo podrían ser payasos caníbales o monjas violadoras. La narración se hace tan rutinaria como previsible.

Para colmo, tarda lo indecible en arrancar. Prácticamente dos tercios del filme están dedicados a situar a los personajes en su contexto, en este caso una casa apartada, que a la postre se verá asaltada por los horrísonos toltecas-zombies. Al mismo tiempo, un policía tratará de acabar con ellos (a golpes de látigo) y así salvar a los incautos jovenzuelos.


Ligeras salpicaduras pseudogore, mucho diálogo chorra y una constante sensación de subproducto absolutamente pasado de moda, visto a día de hoy. De esos que transmiten comicidad, pero no por los toques de comedia presentes en el guión, sino por lo chusco de su acabado.

Y es que se hace inevitable no aplicar la mirada retrospectiva a esta película. Es el único modo de concebir su mera existencia, en el sentido de situar obligadamente su pertenencia a la inabarcable galaxia de productos palomiteros de baja estofa, pergeñados a lo largo y ancho de la década de los ochenta. Diríase que, para que en su día pudiese haber una "Viernes 13" o una "Pesadilla en Elm Street", tenía que haber cien "The Dark Power". Del mismo modo que, si hoy podemos hablar de la época dorada de las adaptaciones comiqueras, para que existan "X-Men" o una "The Dark Knight", ha tenido que haber cien "Catwoman" y otras cien "Daredevil".

Si, a pesar de todo lo dicho, uno es capaz de entretenerse (hablar de "disfrute" en un caso así, se hace harto exagerado) con este tipo de producciones de tan ínfimo nivel, a lo mejor lo consigue. Yo no he conseguido encontrar nada mínimamente aprovechable. Es serie b (o z, como se quiera). Pero no es ni tan siquiera divertida.

lunes, 16 de marzo de 2009

"Apariciones", de Robert Mandel


FICHA ARTÍSTICA:

Título Original: "The Haunted"/ Dirección: Robert Mandel/ Guión: Darrah Cloud/ Producción: Daniel Schneider/ Fotografía: Michael D. Margoulies/ Montaje: Farrel Levy/ Música: Richard Bellis/ Efectos Visuales: Joshua Culp/ Reparto: Sally Kirkland, Jeffrey DeMunn, Jake Jacobs, John O'Leary, Joyce Van Patten, Cassie Yates, Ashley Bank, Allison Barron, John Mallory Asher, Diane Baker, Hope Garber, Stephen Markle. USA, 1991. Color. 87'

De vez en cuando, llama la atención positivamente encontrar películas como ésta. Películas que parecen surgir a destiempo, para sorprender y dar sentido a la búsqueda infatigable del que no desespera en encontrarse con sorpresas agradables, entre toda la ingente cantidad de productos mediocres o directamente infectos que se facturan de manera continuada, dentro del género.

A destiempo, porque se trata de una película sobre casas encantadas, del año 1991, cuando ya parecía que este tipo de historias estaban totalmente superadas, o pasadas de moda (siempre hay excepciones, obviamente). Y también porque no es habitual toparse con un telefilme de esta calidad. Al contrario de lo que sucedía en los años setenta y, en menor medida, los ochenta, a partir de los noventa el nivel telefílmico cayó en picado. De manera que seguramente nos hallamos ante uno de los últimos telefilmes apreciables que ha dado el mercado estadounidense, dentro del género del terror.

En primer lugar, destaca la apuesta firme de Robert Mandel por escapar de efectismos y las huidas hacia adelante, siempre tan tentadoras, en busca de una pretendida originalidad, que casi siempre suelen terminar en fiasco. En este caso, estamos ante un filme de ambiente y desarrollo absolutamente clásico y hasta cotidiano, en el mejor de los sentidos.

Desde el primer momento, tanto los acontecimientos que se describen, como la tipología de los personajes, se nos presentan de una forma familiar y cercana, dentro de la modestia. En "Apariciones", lo que prevalece es la credibilidad, la verosimilitud, por encima de ninguna otra cosa. Y he ahí la clave de su éxito.


Así, elementos tan poco "sofisticados" como una voz extraña, una sombra, etc. son prácticamente todos los recursos que se utilizan para llamar nuestra atención y provocar nuestra inquietud. Pero lo cierto es que Mandel lo consigue. De una forma, repetimos, harto simple. Pero tan honesta como efectiva. Sin olvidar la participación de un elenco de actores, encabezado por la excelente Sally Kirkland, igualmente modesto, pero muy adecuado.

Se nos narra la odisea de una familia que se traslada a vivir a una nueva vivienda, situada en un agradable complejo residencial, al sufrir toda suerte de fenómenos extraños que provocarán el miedo y la incomodidad de todos sus miembros, así como la búsqueda incesante del remedio que acabe con todo ello, ya sea a base de soluciones teológicas, científicas e incluso mediáticas.

Es evidente que se trata de un filme pequeño, de corto alcance. Y sin embargo, ello no es obstáculo para que, a poco que uno se implique, sea fácil dejarse llevar por esa cercanía de los personajes, así como por sus terroríficas vivencias. Del mismo modo, encontramos un desarrollo harto previsible, pero no exento de momentos inspirados, como ése en el que los personajes tratan de poner tierra de por medio con la casa, yendo a pasar una noche en el campo, pero sin que ello sea suficiente para que en la casa dejen de suceder cosas, ante el horror de los vecinos, en una perspectiva que pocas veces se nos ha mostrado en este tipo de narraciones.

Por todo ello, aunque esté fuera de lugar hablar de una obra tan conseguida y perdurable como las magistrales "Poltergeist", "Pesadilla diabólica" o la también potente (y como la que nos ocupa, basada en una historia real) "Terror en Amytyville", que indudablemente, juegan en otra liga, sí podríamos referirnos a "Apariciones" como a un meritorio trabajo televisivo, considerablemente superior a lo que la pequeña pantalla nos tiene acostumbrados, especialmente de unos años para acá.

domingo, 15 de marzo de 2009

"Están vivos", de John Carpenter


FICHA ARTÍSTICA:

Título Original: "They Live"/ Dirección: John Carpenter/ Guión: J. Carpener, basado en un relato de Ray Nelson/ Producción: Larry J. Franco/ Fotografía: Gary B. Kibbe/ Montaje: Gib Jaffe y Frank E. Jimenez/ Música: Alan Howarth y J. Carpenter/ Efectos Especiales: Roy Arbogasat/ Reparto: Roddy Piper, Keith David, Meg Foster, George "Buck" Flower, Peter Jason, Raymond St. Jacques, Jason Robards III, John Lawrence, Susan Barnes, Sy Richardson. USA, 1988. Color. 91'

Que Carpenter es un cineasta especializado en el fantástico y que su contribución al género en la segunda mitad del siglo XX fue modélica, es algo fuera de toda duda. Pero si algo conocemos de él, asimismo, es su aprecio por los clásicos. De ahí que en diferentes ocasiones se haya acercado a ellos para ofrecer su propia versión, convenientemente actualizada (véase "La Cosa" o "El pueblo de los malditos").

En el caso de "Están vivos", no podemos hablar de un remake, puesto que no lo es. Pero sería absurdo negar su pertenencia clara a la misma corriente clásica de obras como "La invasión de los ladrones de cuerpos", así como su adscripción a los esquemas de la CF cinematográfica y televisiva de los años cincuenta y sesenta.

De ese modo, aquí Carpenter nos narra la silenciosa invasión de unas inteligencias ajenas a lo terrestre, que tiene lugar de improviso. El protagonista, una especie de trotamundos urbano, sin trabajo ni residencia fijos, se topará de repente con esa realidad alterada, que se ha posesionado de los lugares y de las personas que le rodean, hasta constituir una nueva forma de existencia. Una forma de existencia en la que se impondrán los sistemas más alienantes y esclavizadores, a fin de someter a los individuos al más férreo control mental y activo.

Como vemos, nada que no se haya contado antes, de muy diversas formas. Carpenter lo hace de un modo entretenido, con presencia abundante de elementos de comedia y acción, dejando su habitual sello narrativo.


Con todo, el filme no pasa de ser un entretenimiento tan aceptable como discreto. En parte por culpa de un protagonista, como Roddy Piper, francamente insulso. Del mismo modo, hasta que empiezan a sucederse los primeros encuentros con la anormalidad por parte del personaje principal, la narración se hace excesivamente premiosa. De alguna manera, se nota en exceso el origen de la historia (un relato) y de ahí su, hasta cierto punto, artificioso alargamiento, para conformar un largometraje.

Por contra, el mensaje implícito, el de la manipulación y el sometimiento de la personalidad como "armas de destrucción masiva", está bastante conseguido. Lástima que el filme no aporte nada nuevo, dentro de esa clase de historias. Digamos que dentro de sus virtudes está la de no resultar una obra estridente o exageradamente efectista (con lo que su componente clasicista está perfectamente preservada), pero en esa misma falta de rasgos distintivos también se halla su mayor lastre.

En todo caso, un Carpenter menor, que se nota facturado en su etapa de mayor productividad (los años ochenta) tan disfrutable como cualquier otro de ese mismo carácter evasivo y hecho con gusto y respeto hacia el espectador aficionado al género. Tampoco cabe esperar más (ni menos) de una autoconsciente serie B que se precie, ¿no?