jueves, 9 de abril de 2009

"Morir de miedo", de Juan José Porto


FICHA ARTÍSTICA:

Título Original: "Morir de miedo"/ Dirección: Juan José Porto/ Guión: Carlos Puerto y J.J. Porto/ Fotografía: Miguel Milá/ Reparto: Mónica Randall, Simón Andreu y Miguel Ayones. España, 1980. Color. 84'

Tres casi siempre son multitud. Y si encima uno de ellos es un fantasma vengativo, pues ya ni te cuento. De eso habla y eso es lo que cuenta esta "Morir de miedo".

El cine de terror en España parece haber seguido dos caminos más o menos diferenciados, pese a coincidir y solaparse en el tiempo. Mientras por un lado, el fantaterror encabezado por figuras como la de Paul Naschy, partía de los esquemas más góticos y de época, luego hubo otra corriente, seguramente más difusa y no tan reconocida (salvo contadas excepciones) que situaba el género en marcos mucho más actuales y contemporáneos.

Mientras en la primera, además del propio Naschy, podíamos situar a otros cineastas como Amando de Ossorio, Leon Klimowsky, etc. en la segunda aparecen nombres seguramente no tan adscritos al género, pero que en algún momento lo frecuentaron, como Aranda, Bigas Luna, Jorge Grau, etc. y también otros que se introdujeron de lleno en él: Juan Piquer, Carlos Puerto, José Ramón Larraz, etc.
Dentro de ambas tendencias encontramos filmes estimables y, como es lógico, otros que no lo son tanto.

En el caso que nos ocupa, estaríamos hablando de una muestra más bien discreta. Con la presencia de dos rostros tan conocidos, como son los de Mónica Randall y Simón Andreu, el director y guionista Juan José Porto edificó esta película modesta y funcional. Sin ningún rasgo más o menos memorable y con un escaso número de elementos, tanto escénicos como narrativos.


Y es que la factura del filme es casi teatral, por su limitada presencia de personajes (tan sólo tres), así como la utilización de un escasísimo número de escenarios, o de efectos.

Sin duda, estamos ante una tópica narración de suspense psicológico, con puntuales destellos terroríficos, pero con toda la intencionalidad centrada en el hecho de provocar tensión en el espectador, en forma de identificación con el personaje principal (en este caso, el de Randall). La intención es ésa. Otra cosa es que Porto lo consiga.

Principalmente porque la película se desarrolla por unos cauces harto previsibles. Aún siendo fiel a los esquemas del tradicional cuento de fantasmas, eso sí, convenientemente adaptado a los tiempos actuales (aquí se hace obligatorio mencionar los puntuales ramalazos erótico-festivos, tan en boga en la época), en todo momento está muy claro por dónde van a discurrir los acontecimientos. Con el agravante de que la idea principal del guión no parece dar tanto de sí como para llenar el espacio que requiere una extensión de largometraje. De ahí que en varios momentos la narración se repita y se demore en exceso.

Con todo, tampoco sería justo hablar de una obra torpe o enteramente fallida. Si uno se enfrenta a ella sin demasiadas expectativas, salvo la de asistir a una pequeña historia revestida de tópicos, pero más o menos funcional, y sobretodo si uno es aficionado a esa mencionada corriente de terror hispano contemporánea, tan modesta como simpática, puede hallar aquí un razonable y nada exigente entretenimiento.

3 comentarios:

Igor Von Slaughterstein dijo...

Seguro que entretiene por su rareza.

Saludos!!

Quimerico Inquilino dijo...

Juan José Porto me parece uno de los directores más negados de la cinematografía española de los últimos treinta años. Veremos cómo se desenvuelve en este fantástico. Graicas por la crítica.

Un saludo!

Marta Simonet dijo...

Sigo viva! XD