
FICHA ARTÍSTICA:
Título Original: "El Barón del Terror"/ Dirección: Chano Urueta/ Guión: Federico Curiel y Andolfo López Portillo/ Producción: Abel Salazar/ Fotografía: José Ortiz Ramos/ Montaje: Alfredo Rosas Priego/ Música: Gustavo César Carrión/ Efectos Especiales: Juan Muñoz Ravelo/ Reparto: Abel Salazar, David Silva, René Cardona, Rosa María Gallardo, Federico Curiel, Miguel Brillas, Carlos Nieto, Luis Aragón, Germán Robles, Rubén Rojo. México, 1962. B/N. 77'
Antes de que en España el Fantaterror hiciese su irrupción gracias a filmes como "La marca del hombre lobo" y algún otro a finales de los sesenta, los mexicanos ya llevaban varios años con las pilas puestas. Hasta el punto de haber dado lugar a un puñado de auténticos especialistas en el género, entre los cuales destacaba Chano Urueta, siendo esta "El Barón del Terror" una de sus muestras más reconocidas y celebradas.

El punto de partida no puede ser más delirante y más atractivo: un brujo aristócrata ajusticiado en época de la Inquisición reaparece cientos de años después (tras la pertinente maldición a la descendencia de sus verdugos) a bordo de un cometa que pasaba por allí para llevar a cabo su venganza, tomando la forma de una especie de demonio-jabalí con una lengua bífida y taladrante que, para más inri, disfruta paladeando los cerebros extraídos a sus víctimas.
Todo ello, narrado con una impecable fotografía en blanco y negro, escenarios de cartón piedra y elenco integrado por un variopinto grupo de (en general) actores más bien discretos, entre los que destacan Federico Curiel (asimismo director de otros muchos filmes fantásticos), René Cardona (ídem) o la guapa Rosa María Gallardo.

Lo mejor que puede decirse de esta película, que no es poco, atañe a su indudable condición de producto "kitsch" y como tal, a su factura de serie B, realizada con una exquisita mano artesanal. Del mismo modo que cualquier criatura extraterrestre y/o puramente terrorífica del cine estadounidense de los años 50, el carácter cutre y a la vez entrañable del "monstruo" que aparece aquí, resulta del todo irresistible.
Pero no nos engañemos, detrás de esa apariencia tirando a risible (a día de hoy, por supuesto) se esconde una obra impecablemente narrada. Con toda la sabiduría de un cineasta que domina los resortes del terror clásico y que sabe darle al público de entonces, que en el fondo no debía ser muy distinto del actual, la clase de historias capaces de hacerles disfrutar y pasar un rato entretenido.

Por otro lado, de la misma forma que destacamos la escasez patente de medios en la película, hay que valorar en su justa medida el buen aprovechamiento de los mismos, hasta el punto de que resulta casi imposible no simpatizar con este tipo de filmes, a los que el calificativo de "entrañables" es el que mejor le sientan.