lunes, 31 de marzo de 2008

"Wolfman", de Worth Keeter


FICHA TÉCNICA:

Título Original: "Wolfman"/ Dirección y guión: Worth Keeter/ Producción: Earl Owensby y Martin Beck/ Fotografía: Darrell Cathcart/ Montaje: Richard Aldridge/ Música: David Floyd y Arthur Smith/ Efectos Especiales: Al Yalom/ Reparto: Earl Owensby, Kristina Reynolds, Julian Morton, Sid Rancer, Ed Grady, Richard Dedmon, Maggie Lauterer y Brownlee Davis. USA, 1979. Color. 101'

El mito del Hombre Lobo es uno de los menos abordados por el cine de terror. Al menos, si se lo compara con otros como el del Vampiro o los Fantasmas. De ahí que cada título que trata el tema, sea recibido con cierto interés. Además, se da la curiosa circunstancia de que, una vez el cine clásico cubrió su cuota de licántropos, muy pocas muestras más se hicieron (dejando aparte a Fisher y a nuestro Paul Naschy).

Pero hete aquí que entre finales de los setenta y principios de los ochenta, es decir, en el espacio de apenas un lustro, tuvo lugar una gran revitalización del monstruo de la luna llena, gracias a filmes como "Aullidos" (Joe Dante), "Un hombre lobo americano en Londres" (John Landis), "En compañía de lobos" (Neil Jordan), sin olvidar la famosísima interpretación del mito que el propio Landis realizó para mayor gloria del icono del Pop Michael Jackson con su archifamoso clip de "Thriller", que asimismo supuso todo un acontecimiento. Una vez finiquitado aquel breve período, apenas hemos vuelto a saber nada de las bestias alérgicas a las balas de plata, hasta llegar a la peculiar y modernizada visión que Mike Nichols nos diera a mediados de los noventa en "Lobo", con Jack Nicholson como criatura peluda.

Pues lo curioso es que este "Wolfman" de Worth Keeter fue una de las primeras muestras de aquella incipiente (y bastante fugaz) moda. Lo que no resulta extraño es que con el paso del tiempo haya quedado sepultada en el olvido, porque no resiste comparación con las magníficas películas mencionadas. Así que en ningún caso se la puede considerar como representativa.


Eso sí, observada como simpática serie B, la obra de Keeter puede llegar a causar una agradable satisfacción a los amantes del género. Sobretodo por su indudable aroma a narración clásica. Tenemos maldiciones ancestrales, ceremonias de invocación satanista, caserones aislados... y claro: el hombre lobo. Un hombre lobo que, todo sea dicho, se mueve por la pantalla con una cierta pachorra y con más bien poco estilo. Un hombre lobo con una camisa abotonada hasta el cuello que, curiosamente, no se mancha ni se desgarra con la transformación. Un hombre lobo muy soso, en definitiva. Nada que ver con la gracia y el donaire que nuestro Paul (Waldemar Daninsky) Naschy le otorga a sus caracterizaciones, mucho más salvajes y bien "coreografiadas". De hecho, al lado de las mejores historias de la Saga Daninsky como "La marca del hombre lobo" o "La maldición de la bestia", la de Keeter sale clarísimamente perdedora. Una razón más para valorar en lo que se merece la trayectoria de Naschy como mito de nuestro fantaterror.

En los aspectos técnicos, la realización es tan correcta como modesta. Lo mismo puede decirse de las labores de maquillaje (en las que participa el propio director, por cierto) y los efectos especiales (aquí no está Rick Baker para hacernos babear con su increíble talento). Las intepretaciones tampoco brillan en exceso, por no decir que son limitadillas.

Pero bueno, a falta de otra cosa, "Wolfman" se deja ver como un pasatiempo válido y entretenido, cuyo ritmo resulta adecuado y que está resuelto con oficio. Se deja ver del mismo modo que se dejaban ver las últimas producciones de la Hammer, una vez su época de esplendor había pasado a mejor vida. Menciono la Hammer porque el filme que nos ocupa está situado en tierras británicas y, de hecho, podría pasar pefectamente por ser una producción británica, pese a haber sido facturada en los USA.

1 comentario:

La abadía de Berzano dijo...

Vaya, pues despues de leer tu comentario, me parece que me voy a animar a verla, que la tengo en una pila cojiendo polvo, y los comentarios que había escuchado de ella hasta el momento me estaban quitando todas las ganas.