martes, 7 de julio de 2009

"Una fría noche de muerte", de Jerrold Freedman


FICHA ARTÍSTICA:

Título Original: "A Cold Night's Death"/ Dirección: Jerrold Freedman/ Guión: Christopher Knopf/ Producción: Paul Junger Witt/ Fotografía: Leonard J. South/ Montaje: David Berlatsky/ Música: Gil Melle/ Dirección Artística: Rolland M. Brooks/ Reparto: Robert Culp, Eli Wallach y Michael C. Gwynne. USA, 1973. Color. 75'

Ya se ha hablado por aquí en repetidas ocasiones de lo mucho que compensaba hace años sentarte delante del televisor a ver un telefilme americano. A diferencia de ahora, en que ese mercado está básicamente integrado por subproductos marujiles de ínfimo nivel, a lo largo de los años setenta, nos llegó toda una serie de modestas pero efectivas muestras del género concebidas para la pequeña pantalla.

Mientras últimamente las cadenas televisivas yanquis parecen especialmente dedicadas al formato de las series, en aquella época no era nada raro encontrar largometrajes no sólo disfrutables, sino incluso magistrales, bastantes de ellos.

"Una fría noche de muerte", en todo caso, no sería un ejemplo de estos últimos. Sí, por contra, cabría incluirlo en el grupo de los telefilmes modestos. Diseñado para ser disfrutado sin demasiadas pretensiones, pero hecho con dedicación y ganas.

Se trata de una de esas historias de género (mezcla de terror y CF) que buscan situar al espectador en un contexto claustrofóbico, haciéndole partícipe de la angustia de los personajes. En este caso, sólo dos. Eso sí, interpretados por dos rostros tan conocidos como los de Robert Culp (un auténtico icono de la televisión estadounidense) y el gran y entrañable Eli Wallach.


Ambos interpretan a dos científicos que son enviados a una aislada base de experimentación animal, en la cual serán asediados por un peligro no identificable con facilidad. Dicha situación se irá agudizando, hasta poner de manifiesto sus propios miedos interiores, así como su rivalidad.

En favor de la peli, hay que citar obligatoriamente el arrojo de su misma concepción. Se trata de una obra sin efectos ni sangre. Todo el peso narrativo recae en las interpretaciones de los dos actores, así como en la creciente sensación de que algo ominoso se cierne sobre ellos. Algo que se acerca cada vez más, pero no termina de manifestarse.

Es posible que el empeño sea excesivo, en el sentido de que pasado el ecuador del metraje, se note un cierto cansancio, una vez el espectador ya se ha formado su propia teoría, mientras los personajes parecen no darse cuenta de la verdadera naturaleza de lo que les amenaza. Desde ese punto hasta el desenlace, la narración se hace algo pesada.

En todo caso, siempre se puede uno concentrar en las interpretaciones, que son estupendas. Al mismo tiempo, hay que tener muy claro que nos hallamos ante una obra modesta y que no pretende nada más que otorgarnos hora y pico de entretenimiento e intriga. Para expectativas más ambiciosas, ya están "Alien", "La Cosa", o cualquiera de esas historias de parecidos mimbres argumentales, pero mucho más lujosas en todos los aspectos.

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