
FICHA ARTÍSTICA:
Título Original: "Hands of the Ripper"/ Dirección: Peter Sasdy/ Guión: L.W. Davidson y Edward Spencer Shew/ Producción: Aida Young/ Fotografía: Kenneth Talbot/ Montaje: Chris Barnes/ Música: Christopher Gunning/ Efectos Especiales: Cliff Culley/ Reparto: Eric Porter, Angharad Rees, Jane Merrow, Keith Bell, Derek Godfrey, Dora Bryan, Marjorie Rhodes, Lynda Baron, Marjie Lawrence, Margaret Rawlings, Elizabeth MacLennan. Reino Unido. 1971. Color. 80'
Una vez ya habían sido explotados casi todos los mitos principales del género, se hizo necesario crear derivaciones y subderivaciones sobre los mismos. Así, a la figura de Jack el Destripador, tan británica ella, los de la Hammer le dieron una hijita que heredase parte de su malevolencia. Y le encargaron a Peter Sasdy que contara su historia.
Atrás quedaba la época dorada de la productora y la nueva década imponía nuevos argumentos y nuevas formas. Con lo que "Las manos del destripador" es una película tan entretenida como característica de esos nuevos tiempos.
Una película estridente, especialmente en los momentos de mayor impacto terrorífico, con toda la prestancia en cuanto a ambientación que era márca de fábrica, pero con ese toque-Sasdy que la alejaba de las narraciones más clásicas de gente como Fisher.
No puede decirse que se trate de una obra memorable, ni muchísimo menos. Pero sí es uno de esos productos agradables para fans del género. Resuelta con desparpajo y con esa comentada estridencia, aún a costa de que algunos momentos resulten hasta risibles. Desde luego, no es de lo mejor de Sasdy (estaría por debajo de "La Condesa Drácula", por ejemplo), pero tampoco de lo peor ("No quiero nacer" y esperpentos de esa clase, que también pergeñó unos cuantos).
Las interpretaciones son correctas, como casi siempre en estos casos. Con actores no muy conocidos pero perfectamente válidos y escogidos con indudable cuidado, a la hora de encajar en sus personajes, tanto los principales, como los secundarios. Entre ellos, el protagonista, Eric Porter, o la "villana" de la función, Angharad Rees, con un curioso aspecto entre cándido y enfermizo, en la piel de joven hija del asesino.
El filme, por otro lado, explora de manera harto interesante, algunas cuestiones indefectiblemente asociadas a la época que retrata, que asimismo forman parte indisoluble del género de terror. Por ejemplo todo lo relacionado con el espiritismo, tan en boga en Londres a finales del XIX y principios del XX. Lo mismo que el fenómeno del psicoanálisis. De manera que se observa un indudable interés por situar la historia dentro de un contexto reconocible y con consistencia.
En ese sentido, de nuevo encontramos el buen nivel mínimo exigible que siempre garantiza la factoría británica. También hay que destacar un último tramo, que tiene lugar en un peculiar escenario, conformando un desenlace barroco y (de nuevo) estridente.
Por todo lo dicho, "Las manos del destripador" (unas manos que por cierto, lo que es destripar, destripan más bien poco) resulta un filme simpático y disfrutable, especialmente si no se observa como uno de los títulos claves del género, sino como uno de tantos divertimentos facturados con cierto encanto y la intención principal de convertirse en un agradable pasatiempo revestido con ropajes clásicos.