lunes, 21 de abril de 2008

"Miss Muerte", de Jesús Franco


FICHA TÉCNICA:

Título Original: "The Diabolical Dr. Z"/ Dirección: Jesús Franco/ Guión: Jean-Claude Carrière y J. Franco/ Producción: Michel Safra y Serge Silberman/ Fotografía: Alejandro Ulloa/ Montaje: Jean Feyte/ Música: Daniel White/ Maquillaje: Raymond Ferrer/ Reparto: Antonio Jiménez Escribano, Guy Mairesse, Howard Vernon, Mabel Karr, Fernando Montes, Estella Blain, Marcelo Arroita Jáuregui, Alberto Bourbón, Ana Castor, Alberto Dalbés. España-Francia, 1966. B/N. 83'

En esta vida hay que ser justos. O al menos, intentarlo. Y del mismo modo que la filmografía de Franco tiene razones más que sobradas para ponerle de vuelta y media, en cuanto a contenidos de calidad, también es cierto que de entre toda esa pléyade de productos y subproductos, los hay muy estimables. Y éste es uno de ellos.

Con guión del reputado Jean-Claude Carrière, el director español nos presentaba aquí una de esas historias de "mad doctors" tan queridas por él. Con toda seguridad, la mejor de todas las que ha hecho.

Con una más que apreciable y sugerente, casi expresionista, fotografía en blanco y negro, obra de Alejandro Ulloa, "Miss Muerte" parte de una premisa que la emparenta hasta cierto punto con la inolvidable "The Tingler" de William Castle. Esto es: la posibilidad de aislar la maldad humana a partir de una intervención quirúrgica. En cualquier caso, los derroteros que toma la trama a partir de ahí, son distintos. Aquí encontramos a una hermosa mujer, que será el vehículo utilizado como instrumento de una diabólica venganza, perpetrada por la hija del Doctor Zimmer (el Dr. Z al que hace referencia el título en inglés) interpretada por la bella Mabel Karr.

En "Miss Muerte" hay una enorme carga de influencias europeas. Especialmente italianas y francesas (no en vano, está co-producida con el país vecino). Incluso puede atisbarse un cierto tono tanto en la atmósfera, como en la propia idea argumental, que asemeja el filme con la obra maestra de Franju, "Ojos sin rostro". Del mismo modo, la estructura narrativa también la aproxima a la incipiente moda del giallo italiano, aunque de un modo precoz, puesto que Bava aún no había sentado todas las bases de dicho estilo.


Como vemos, las referencias no son precisamente malas, ni insustanciales. Y es que, sin dejar de ser él mismo, aquí Franco se mostró realmente inspirado, sabiendo crear una obra consistente. Por ejemplo, a pesar de hallarnos ya en la segunda mitad de la década de los sesenta, no hay una sobrecarga de voltaje erótico, circunstancia que muchas veces contribuye a que sus películas se resientan y pierdan seriedad. Cosa que no ocurre aquí. Pero eso no es óbice para que sí aparezcan bellas féminas, en este caso Estella Blain, la aludida presa de los experimentos científicos, que asesina a los médicos que despreciaron al Doctor Z, con un look muy "comiquero" y visualmente atractivo.

Del mismo modo, también destaca una banda sonora elegante y muy bien integrada dentro del filme, con una pieza central de trompeta de aires jazzy, ciertamente agradable.

¿Por qué en los años posteriores Jess Franco "se olvidó" de dirigir así de bien? Pues es difícil saberlo. Tal vez el hecho de que cambiasen las tendencias del género y del cine en general, tanto en los temas como en las formas, no ayudó a que el cineasta madrileño siguiese por caminos tan interesantes como los apuntados aquí y prefiriese dedicarse a crear productos más "lisérgicos" y psicotrónicos, cinematográficamente mucho más huecos, preocupándose más de cantidades que de calidades, haciendo más patente aún la habitual falta de medios.

Lo que queda claro después de ver "Miss Muerte" y alguna otra de las obras más inspiradas de este hombre, es que tampoco es el torpe integral tras la cámara que muchas veces se quiere hacer ver. Aunque él mismo no haya parecido muy preocupado por desprenderse de esa imagen, más bien al contrario. Da la sensación de haberse llegado a sentir cómodo, en su trono de rey de la serie z, con su pequeña legión de fans incondicionales.

1 comentario:

La abadía de Berzano dijo...

Hago mias tus palabras "¿por qué en los años posteriores Jess Franco "se olvidó" de dirigir así de bien?" El caso es que creo que la censura de nuestro país tuvo mucho que ver, y su carácter de enfant terrible hizo el resto, haciendo visible aquel dicho de "no quieres caldo, pues toma dos tazas".

No tanto en lo narrativo, a mi siempre me ha gustado mucho la belleza visual de esta película, con imágenes absolutamente indelebles en la memoria, como aquella de la protagonista ataviada con su traje de "heroína".