sábado, 19 de abril de 2008

"Museo de cera", de Anthony Hickox


FICHA TÉCNICA:

Título Original: "Waxwork"/ Dirección y guión: Anthony Hickox/ Producción: Stefan Ahrenberg y Eyal Rimmon/ Fotografía: Gerry Lively/ Montaje: Christopher Cibelli/ Música: Roger Bellon/ Efectos Especiales: Bob Keen/ Reparto: Zach Galligan, Miles O'Keefe, Deborah Foreman, Michelle Johnson, Dana Ashbrook, David Warner, John Rhys-Davies, Charles McCaughan, J. Kenneth Campbell, Patrik McNee. USA-Alemania, 1988. Color. 94'

He aquí uno de esos clásicos de los vídeoclubs ochenteros. Aprovechando un escenario tan recurrente como el de los museos de cera, que tan buenas obras ha llegado a dar a lo largo de diferentes épocas y con creadores tan diversos como Michael Curtiz o André De Toth, sin olvidar la aún reciente y más que aceptable muestra de Jaume Collet ("La casa de cera"), Hickox nos brindó en éste, su primer trabajo tras la cámara, un filme entretenido y sin pretensiones, declaradamente lúdico. Que llegaría a tener secuela algunos años más tarde.

La cosa va del típico grupete de jóvenes que se reúnen (aunque ellos no lo sepan) para pasarlo mal. En este caso, con la disculpa de atender la invitación de un misterioso personaje (el inolvidable David Warner) a visitar un no menos misterioso museo de cera, a la hora de las brujas. Allí se encontrarán toda clase de criaturas extrañas y sanguinarias, casi un homenaje a los monstruos más clásicos del género. Desde hombres lobo, hasta vampiros, pasando por momias o zombies. ¿Alguien da más?

La estructura es casi episódica, puesto que cada una de las figuras del museo incita a los jóvenes a sumergirse dentro de una especie de dimensión paralela, donde tiene lugar cada pequeña historia, relacionada con dicha figura. Así pues, hay la disculpa perfecta para que tenga lugar esa gran variedad de personajes siniestros.


Hickox no es rácano a la hora de mostrar escenas sanguinolentas. De hecho, en algunos momentos el filme roza el gore. Lo cual, en cuanto a ese aspecto, lo sitúa ligeramente por encima de lo que suele ser habitual en este tipo de productos y lo emparenta con el estilo de Sam Raimi. No únicamente por la desvergonzada exhibición de "vísceras", sino por una gamberra utilización del humor, asimismo similar en cuanto a su tono, al de los comics terroríficos americanos más célebres. El ritmo, por tanto, es muy vivo y no se detiene prácticamente en secuencias de relleno. Va al grano y eso permite dotar a la peli de un agradable tono palomitero, muy disfrutable.

Entre los intérpretes, no especialmente conocidos (aparte de Warner), podemos encontrar a John Rhys Davies, ejerciendo de competente hombre lobo. Amén de otros actores, más o menos habituales del género, como Zach Galligan o Dana Ashbrook (famoso sobretodo gracias a "Twin Peaks") sin olvidar a Miles ("Ator, el poderoso") O'Keefe, aquí dotado de férreos colmillos.

Así pues, una película destinada a llenar cualquier tarde de domingo, entretenida a más no poder, pero que tampoco merece ser recordada por nada en especial. En cualquier caso y una vez más, la prueba de que casi cualquier producto rutinario, pero con un mínimo de dedicación y de buen gusto de los que se hacían veinte o treinta años atrás, resultaba mucho más conseguido que la media de mediocridades que se producen hoy día.

4 comentarios:

La abadía de Berzano dijo...

Una de mis ochenteradas favoritas, aunque curiosamente, no la llegue a ver hasta hace relativamente poco tiempo.

¿Sabes que el director es hijo de el realizador de "Matar o no matar ese es el problema"? Es curioso, por que entre estas dos películas les noto cierto parecido en el tono y en la estructura episódica...

Tyla dijo...

Pues no, no lo sabía. Y si unimos los elementos Museo de Cera-Vincent Price, ya tenemos otro nexo en común, jeje!

Canario Negro dijo...

una ochentada muy simpática que no descubrí hasta hace poco ...Ains que buena era la falta de pretensiones.


por cierto Tyla , aprovecho para añadir tu oscuridad a la Cueva.

Tyla dijo...

Muchas gracias, Canario. Lo mismo haré yo.