miércoles 30 de abril de 2008

"La cosecha", de Stephen Hopkins


FICHA TÉCNICA:

Título Original: "The Reaping"/ Dirección: Stephen Hopkins/ Guión: Carey Hayes y Chad Hayes/ Producción: Susan Downey, Robert Zemeckis y Joel Silver/ Fotografía: Peter Levy/ Montaje: Colby Parker Jr./ Música: John Frizzell/ Efectos especiales: Howard Berger y Gregory Nicotero/ Reparto: Hillary Swank, David Morrissey, Idris Elba, Anna Sophia Robb, Stephen Rea, William Ragsdale, John McConell, David Jensen, Yvonne Landry, Samuel Garland. USA, 2007. Color. 99'

Espantosa, lamentable, absurda, torpe... La propia película de Hopkins es una plaga en sí misma. Más repulsiva que cien mil ranas viscosas.

Me pregunto qué narices se le pasa por la cabeza a algunos actores una vez son premiados con el oscar. Baste recordar a Halle Berry, tras su escalofriante interpretación en "Monster's Ball", quien no ha sido capaz de levantar cabeza, arrastrándose por subproductos como "Catwoman" o "Gothika". Pues lo cierto es que Hillary Swank lleva el mismo camino. Primero una película como "Diarios de la calle", que no pasaba de la mera corrección, a pesar de ser potencialmente interesante. Y después la cosa ésta que nos ocupa, del por lo general "justito" Stephen Hopkins. Vale que son películas donde el actor principal ocupa un espacio inmenso, pero es que hace falta estar muy ciego para ver en esta historia un mínimo de enjundia artística e interpretativa.

Aparte de eso, nada tendría de rechazable el filme en sí. Es más, se trata de una trama razonablemente atractiva, a priori. Y no sobreexplotada en exceso por el cine. Pero está hecha de una forma tan exasperantemente efectista y chusca, que en ningún momento consigue enganchar, ni provocar el más mínimo interés, dado el distanciamiento que produce. El apelativo de "videoclipera" se le queda corto. Por dios, hay vídeoclips infinitamente más consistentes que esto.

Si encima, como es el caso, se pretende introducir una subtrama de carácter dramático en plan conflicto de carácter materno-filial, ésta resulta más risible que nada. No hay quien se la trague, ni quien se sienta identificado en lo más mínimo.


Pero eso no es todo. Es que para acabar de rizar el rizo, también tenemos giro de guión al final, consumando el cúmulo de despropósitos de este pastiche infumable. Es decir. Hopkins se pasea por encima (de la forma más superficial) de las últimas tendencias del cine fantástico moderno y te las planta en los morros con una ligereza y una falta de vergüenza casi ofensiva.

Todo esto podría resultar hasta gracioso, si estuviésemos ante un producto de serie B. Con conciencia de serlo. Ya sabemos que todas esas limitaciones artísticas, así como el tono efectista, pretendidamente serio, etc. resultan señas de identidad de la serie B. Pero claro, en un filme producido por Joel Silver y Robert Zemeckis, interpretado por la ganadora de un oscar, se me antoja más un sinsentido que otra cosa.

Obvio es, que cuando el resultado de un despropósito así se rebela tan lamentable, no hay nada que salvar. Ni Hillary Swank consigue elevar el nivel, ni apariciones como la del casi siempre interesante Stephen Rea, que pasan a ser quasi ridículas. Incluso los efectos del tándem Berger & Nicotero no parecen tan brillantes como otras veces.

Total, que estos casi cien minutos de plagas bíblicas, niñas infernales y heroínas investigadoras de milagros, pasa directamente a formar parte de la colección de bodrios más representativos de los últimos años. Por derecho propio y sin lugar a reclamaciones.

martes 29 de abril de 2008

"El foso de la muerte", de Brett Leonard


FICHA TÉCNICA:

Título Original: "The Dead Pit"/ Dirección: Brett Leonard/ Guión: Gimel Everett y B. Leonard/ Producción: Gimel Everett/ Fotografía: Marty Collins/ Montaje: G. Everett y B. Leonard/ Música: Dan Wyman/ Efectos especiales: Ed Martínez/ Reparto: Jeremy Slate, Cheryl Lawson, Stephen Gregory Foster, Danny Gochnauer, Geha Getz, Joan Bechtel, Mara Everett, Jack A. Sunseri, Frederick Dodge, Nettie Heffner, Luana Speelman. USA, 1989. Color. 96'

Los manicomios siempre han sido escenarios ideales para toda clase de historias terroríficas. Pasillos oscuros, salas tétricas, locos, enfermeras chungas... y médicos más chungos todavía.

He aquí otra pequeña perla de finales de los ochenta, de la que a título personal ni siquiera había oído hablar y que me ha dejado un buen sabor de boca, en la cual Brett Leonard mezcla sin complejos diversos temas: mad doctors, intriga psicológica, slasher e incluso zombies. El resultado final de semejante batiburrillo es, contra todo pronóstico, satisfactorio.


Es este Leonard un cineasta bastante peculiar. Sobretodo conocido por "El cortador de césped", pero con otras obras célebres como "Virtuosity". Si algo tienen en común todas ellas, incluso la que nos ocupa, es una cierta preocupación por la innovación y el riesgo, dentro de los parámetros del cine de género. El caso de "El cortador..." es palmario, pero también en "El foso de la muerte" hallamos un estilo visual potente y arriesgado, que de alguna manera avanza lo que años después sería la irrupción de los esquemas del videojuego, dentro del fantástico. Es algo que aparece de una forma muy tangencial, si se quiere, pero que está ahí. Cuando vemos a la amnésica protagonista corriendo por los laberínticos e interminables pasillos del manicomio, acechada por toda clase de peligros, casi se puede imaginar una pantalla de juego virtual, por el modo en que Leonard planifica esos momentos. Planificación en la que, por cierto, tampoco es ajena la insistencia en mostrar a la actriz en paños menores, de un modo tan gratuito como agradable a la vista.

En todo caso, lo que interesa es destacar el contundente tono enfermizo que predomina a lo largo de toda la película, un tono muy conseguido. Asimismo, hay pequeños detalles que también son de agradecer, como los que se apuntan en las sesiones de hipnosis del médico a la paciente, con un motivo musical muy deudor de la partitura de Bernard Herrmann para "Vértigo", así como las propias imágenes regresivas, en las que aparece una especie de campanario, acrecentando esa sensación de estar homenajeando al inmortal clásico de Hitchcock. En el contexto de un filme como éste, resulta regocijante.


No he hablado propiamente de la trama de la película, porque tampoco resulta imprescindible. Baste saber que se basa en el típico esquema del tipo de historia en que una persona (en este caso amnésica) llega a un sanatorio mental y allí vive toda clase de acontecimientos escalofriantes que la implican de manera directa. En realidad, más que al argumento, que a la postre termina siendo bastante previsible, se trata de prestar atención a la hábil mezcolanza de elementos terroríficos, que como comentaba al principio, funcionan muy bien y es lo que más merece resaltarse, junto a la atmósfera alucinógena y malsana.

En definitiva, película recomendable, bastante ignorada de forma injusta, puesto que goza de las mismas virtudes que cualquier buen producto ochentero e incluso, aún sin llegar a ser una obra inolvidable, alcanza a situarse por encima de la media de dichas muestras, en algunos momentos.

lunes 28 de abril de 2008

"La noche de los demonios", de Kevin Tenney


FICHA TÉCNICA:

Título Original: "Night of the Demons"/ Dirección: Kevin Tenney/ Guión: Joe Augustyn/ Producción: Joe Augustyn/ Fotografía: David Lewis/ Montaje: Daniel Duncan/ Música: Dennis Michael Tenney/ Efectos especiales: Nick Benson/ Reparto: Alvin Alexis, Allison Barron, Lance Felton, Billy Gallo, Hal Havins, Cathy Podewell, Linnea Quigley, Philip Tanzini, Jill Terashita, Harold Ayer, Marie Denn. USA, 1988. Color. 90'

Hoy haremos una visita nostálgica (y virtual, claro) a cualquiera de esos vídeoclubs que ya no existen, en los que tan fácil resultaba encontrar películas de terror atractivas y cachondas para ver en grupo y disfrutar de lo lindo. Y lo haremos con un clásico de las estanterías de esos entrañables lugares. Tras él, el no menos entrañable Kevin Tenney.

¿Puede hablarse de un "autor" a la hora de hacerlo de un cineasta especializado en el cine de terror adolescente como Tenney? Pues tal vez sí haya que hacerlo, aunque sea en minúsculas, si echamos un vistazo a su filmografía.

Por un lado, es cierto que sus películas son encuadrables en el amplio espectro de los productos palomiteros de los ochenta, pero cuando repasas filmes como "Juego diabólico" o ésta misma que nos ocupa, encontramos una serie de rasgos comunes. Y si tomamos en consideración la obra de cineastas como Craven, Hooper, Carpenter, etc. como algo unitario, a lo mejor resulta que Tenney también merece un pequeño hueco, aunque sea en una segunda o tercera división de autores cinematográficos especializados en el terror. Porque lo cierto es que las suyas son películas tan intrascendentes como disfrutables.


"La noche de los demonios" es casi una película de referencia, si hablamos de historias situadas en Halloween. Del mismo modo que la inmortal peli de Carpenter, hay que ver "La noche de los demonios" con la misma lógica reverencia con respecto a dicha festividad. Obvio es que no goza de un estatus destacado ni comparable a aquélla, pero es una garantía a la hora de reírte un rato con los avatares de ese grupete de jovenzuelos salidorros que celebran una fiesta en una vieja casa "con pasado" y que terminarán siendo literalmente poseídos por los "demonietes" que la habitan.

Esto último forma parte de los rasgos mencionados anteriormente en las historias de Tenney. En lugar de limitarse a un slasher recurrente y facilón, gusta de introducir en esos mismos esquemas otros elementos más de carácter sobrenatural y de dar un cierto origen "con poso" a las situaciones que plantea. Es algo que le distingue de otros y que se agradece, dentro de la habitual uniformidad de esta clase de productos. Por eso su cine, a pesar de no poseer o mostrar un talento especial, sí resulta muy entretenido.

Y en este caso concreto, encontramos una serie de secuencias planteadas con apreciable imaginación, tan desprejuiciadas como efectivas. Lindantes incluso con el gore. Todo ello sin perder el carácter lúdico y gamberro, tan necesario en obras así. Del mismo modo, el voltaje sexual también alcanza niveles algo más elevados de lo que suele ser habitual en este tipo de productos. Mención especial para la banda sonora, compuesta de canciones tan exquisitamente horteras como cabe esperar. Y sobretodo para los efectos especiales y de maquillaje, deliciosos y sin mucho que envidiar a los mejores trabajos de Rick Baker o Tom Savini.


Sí es verdad que llega un momento en que se vuelve algo repetitiva en su parte final, una vez los demonios han hecho acto de presencia y la trama se convierte en el típico correcalles de protagonistas huyendo de los monstruos. Algo que provoca una cierta lástima, puesto que los primeros minutos que tienen lugar en la casa sí poseen una cierta atmósfera tétrica, bastante apreciable, que a la postre se pierde.

Con todo, cabe ver "La noche de los demonios" como un filme honesto. Porque en ningún caso pretende engañar a nadie. Y, a diferencia de otros, da lo que promete y lo que el espectador busca en él, que desde luego no es la enjundia de una obra perturbadora y profunda.

domingo 27 de abril de 2008

"Sueño profundo", de Patricia Gruben


FICHA TÉCNICA:

Título Original: "Deep Sleep"/ Dirección y Guión: Patricia Gruben/ Producción: John M. Eckert y Michael Lebowitz/ Fotografía: Rene Ohashi/ Montaje: Lara Mazur/ Música: Martin Gotfrit/ Reparto: Megan Follows, Stuart Margolin, Patricia Collins, David Hewlett, Damon D'Oliveira, Deanne Henry, Margot Kane, Rob Roy, Ken Camroux, Eloisa Cardona. Canadá, 1990. Color. 85'

Bastante más que de terror, podríamos situar esta "Sueño profundo" en el terreno del suspense psicológico, etiqueta que tantas y tan buenas muestras nos dio entre finales de los ochenta y principios de los noventa, entre las cuales podríamos citar "La escalera de Jacob", de Adrian Lyne, "Corazón de medianoche" de Matthew Chapman e incluso "El sueño del mono loco", de "nuestro" Fernando Trueba.

Es un tipo de historias que se caracteriza por hacer servir la propia mente como caldo de cultivo donde cualquier cosa puede suceder y donde incluso la experiencia sobrenatural puede tener lugar, sin dejar de tener un origen perfectamente humano. Visiones, alucinaciones, sueños, y claro: pesadillas.

El argumento nos presenta a una chica que llega al hogar familiar procedente de un sanatorio mental, donde ha sido tratada por padecer terribles (y recurrentes) pesadillas, que le provocan toda clase de comportamientos extraños y excesivos. Al parecer, el origen de dichos malos sueños está en el propio seno familiar, de ahí que la joven acuda en busca de respuestas. Se encontrará con una serie de situaciones que seguirán poniendo en riesgo su salud mental, pero al mismo tiempo la irán conduciendo a desentrañar el secreto que se esconde tras su sufrimiento.


La canadiense Patricia Gruben (la película es de esa nacionalidad) no obtiene el mismo resultado que alcanzaban los ejemplos citados al principio, por no ser capaz de aprovechar del todo las posibilidades que la trama ofrece. Pretende revestir el filme de un tono turbio, siempre necesario en este tipo de narraciones, pero sólo lo consigue a medias, provocando un desarrollo irregular, que tras un inicio interesante, se acaba diluyendo, para cobrar fuerza de nuevo en la parte final.

En todo caso, no es una película del todo desdeñable. Mantiene un cierto interés, sobretodo de cara a conocer la resolución al misterio planteado, aún a costa de provocar algún que otro bostezo. Del mismo modo, el carácter desagradable y dramático de los aspectos que dan sentido a la intriga la hacen parecer una película con más enjundia de la que realmente tiene.

Los actores no son nada del otro mundo. Encabezados por Megan Follows, joven actriz, que no pasa de correcta y a la que se ha podido ver sobretodo en series televisivas. Y Stuart Margolin, experimentado aunque también mediocre, tanto delante como detrás de las cámaras.

Así pues, película tan sólo apta a falta de otra cosa más interesante para ver. O para paladares poco exigentes, que se lo pasen bien con intrigas no demasiado sustanciosas, más propias del medio televisivo o, hablando en términos literarios, de los best-sellers de aeropuerto, que de obras consistentes.

sábado 26 de abril de 2008

"The Eye", de David Moreau y Xavier Palud


FICHA TÉCNICA:

Título Original: "The Eye"/ Dirección: David Moreau y Xavier Palud/ Guión: Sebastián Gutiérrez, basado en el de Oxide y Danny Pang/ Producción: Don Granger y Paula Wagner/ Fotografía: Jeff Jur/ Montaje: Patrick Lussier/ Música: Marco Beltrami/ Efectos Especiales: Jak Osmond/ Reparto: Jessica Alba, Alessandro Nivola, Parker Posey, Rachel Ticotin, Rade Serbedzija, Obba Babatundé, Danny Mora, Chloe Moretz. USA, 2008. Color. 91'

En cambio, a diferencia del engendro anteriormente reseñado, he aquí un remake más que digno. Innecesario, como casi todos. Pero digno. En la producción del cual se halla, por cierto, la socia en dichas tareas de Tom Cruise: Paula Wagner.

Días atrás hablábamos de estos dos cineastas franceses, Moreau y Palud, como de dos talentos bastante prometedores, gracias a su debut dentro del género con "Ellos". E independientemente de que sus proyectos más personales vayan a ser igualmente acertados o no en el futuro, el encargo de este remake sobre la célebre película de los Hermanos Pang, puede decirse que ha sido solventado con buena nota.

Para empezar encontramos a una Jessica Alba en el que, seguramente, es su papel más valioso hasta la fecha. Y desde el primer momento, queda claro que nos hallamos ante una obra de cierta consistencia. Sin renunciar a su personal estilo, los dos cineastas galos consiguen asimismo ser muy fieles al original. Con un tono frío y elegante, circunstancia que en gran parte viene dada por una utilización inteligente de colores y texturas (mucho gris y marrón), se consigue una atmósfera reconocible y muy apropiada a la historia. Tan reconocible como una peculiar composición de los planos, que los asemeja al estilo Michael Mann, con unos encuadres muy característicos, retratando a los personajes con la cámara a la altura de los ojos.


Del mismo modo, los personajes están presentados con naturalidad, sin recurrir a efectismos innecesarios, para acercarlos al espectador. Especialmente en el caso de Alba, protagonista casi absoluta, que como decimos se muestra creíble y muy metida en su papel. Tal vez se echa en falta una mayor presencia del personaje de Parker Posey, más que nada porque siempre apetece ver en pantalla a una actriz de su talento.

Asimismo, la decisión de trasladar el origen de la trama a territorios hispanos es tan lógica como acertada. Y nos permite recuperar a una Rachel Ticotin a la que hacía siglos que no veíamos en una producción importante. Decisión acertada en un guión que, por cierto, firma Sebastián Gutiérrez, responsable de los libretos de "cosas" como "Gothika" o "Serpientes en el avión".

Por lo demás, la película posee el ritmo adecuado y no abusa del susto fácil, más allá de lo necesario. Es más, hay un puñado de momentos que vistos con la predisposición adecuada, resultan muy conseguidos, en cuanto al miedo que transmiten. Especialmente los que transcurren en el interior del edificio donde vive la protagonista. Por cierto, con presencia (prácticamente un cameo) de la otrora en boga Tamlyn Tomita. Y aunque la trama no resulta del todo original, en cuanto a abordar el tema de la presencia de entidades espirituales entre los vivos, sí que la forma de contarla, así como la perspectiva utilizada, resulta interesante. En todo caso, esto ya estaba en la original, así que es mérito de aquélla más que de ésta.

Dicho todo ello, encuentro el mayor punto negativo en la forma en que Moreau y Palud nos cuentan el que es, a la postre, el momento álgido y culminante, que en la versión oriental se convertía, sin ningún género de dudas, en el más conseguido: la catástrofe en cadena del final. Y es que en el remake no se ha logrado el mismo nivel de impacto, ni visual, ni dramático. Y tampoco llega a ser tan inquietante. Una lástima, porque seguramente es lo que, quienes disfrutamos con la otra, esperábamos con más interés.

En cualquier caso, del mismo modo que el "The Eye" facturado en Hong Kong era un buen filme de terror, pero tampoco alcanzaba el más alto nivel de obras de similares características como "Dos Hermanas", "Ringu" o "Dark Water", esta traslación a Occidente puede decirse que queda más o menos en un nivel similar. Muy por encima de las de "Pulse", "Llamada perdida" o "The Ring 2", pero sin hacer sombra a las "americanizaciones" de "The Ring" o "Dark Water", claramente superiores.


Curiosamente, parece haberles sentado mejor cruzar el "charco" a los franceses que a los propios Hnos. Pang con su justita y rutinaria "The Messengers", que hace un par de años con ese filme no hicieron sino corroborar la premisa de que por lo general los cineastas orientales no acaban de funcionar del todo, lejos de su tierra. Y tal vez por eso, para allá que se han vuelto.

viernes 25 de abril de 2008

"Llamada perdida", de Eric Valette


FICHA TÉCNICA:

Título Original: "One Missed Call"/ Dirección: Eric Valette/ Guión: Andrew Klavan, basado en la novela de Yasushi Akimoto/ Producción: Broderick Johnson y Lauren Weissman/ Fotografía: Glen MacPherson/ Montaje: Steve Mirkovich/ Música: Reinhold Heil/ Efectos Especiales: David Fletcher/ Reparto: Shannyn Sossamon, Edward Burns, Ana Claudia Talancón, Ray Wise, Azura Skye, Johnny Lewis, Jason Beghe, Margaret Cho, Meagan Good, Rhoda Griffis, Ariel Winer. USA, 2008. Color. 87'

Del mismo modo que existen películas que dignifican todo un género cinematográfico, las hay que subvierten su valor. Así, mientras un thriller de Steven Seagal convierte los thrillers en algo mal visto cuando surgen muchos tras esa estela, de la misma manera, el remake de una película que (ya de por sí) no es gran cosa, hecho de forma torticera, contribuye sin duda a que el terror actual sea algo poco apreciado por los amantes del buen cine. Y se haya convertido en un mero reclamo para multisalas, en lugar de una fuente de disfrute real y consistente.

Eso es lo que encontramos en este bodriete del francés Eric Valette. La versión norteamericana de la "Llamada perdida" de Takashi Miike deja mucho, pero que muchísimo que desear. Es una película sosa y torpe a partes iguales. Y manda huevos, porque en esta ocasión, el nivel de la original era tirando a mediocre, con lo cual tampoco parecía tan complicado mejorarla. Un original que incluso dio lugar a una saga (cágate, lorito).

Pero hete aquí que Valette transforma su obra en otro churro más de la todopoderosa factoría churrera del Hollywood más palomitero e insustancial. Del mismo modo que ocurría con el lamentable remake de "Kairo" ("Pulse", en la versión yanqui) y a diferencia de otras muestras, como "Ringu" o "Dark Water", que en manos de Verbinski y Salles respectivamente, conseguían un gran resultado.


Lo cierto es que, como digo, el material de base era malo. Eso es innegable. Una trama tan artificiosa y rebuscada como previsible. Que a lo mejor tuvo su gracia en algún momento (cuando se escribió la novela, tal vez), en que los adolescentes empezaban a hacer uso de los móviles como un apéndice más de sus brazos. Pero que como historia terrorífica, resulta más risible que otra cosa.

Para más inri y para acentuar los calificativos "torpe" y "sosa", se da la circunstancia de que el protagonista masculino de este remake es nada menos que el "sosoman" por excelencia: Edward Burns. Lo cual no deja de tener cierta gracia, bien mirado. Pero desde luego, no ayuda a acrecentar el valor del filme. Ah! Y tampoco aquí voy a hacer un fácil juego de palabras con el apellido de la prota femenina. Para acabar de consumar el desastre, también encontramos a un totalmente caricaturesco Ray Wise, que desde que hizo de papá de Laura Palmer, no ha podido volver a aparecer en una película de terror sin parecer eso: una especie de caricatura. Excelente actor, por cierto.

Como la trama es sobradamente conocida, no me extenderé en ella. Baste decir que está estructurada según la típica cadena de asesinatos que involucran a un grupete de jóvenes, con los móviles como vehículo de transmisión maldito y que parece obedecer a dramas del pasado. Factores como el tiempo, la casualidad (y la causalidad), que ya estaban explotados (y muy bien explotados, por cierto) en la simpática saga de "Destino final", en cambio aquí se vuelven cansinos en grado máximo.

Abundando en lo de "torpe", destacar lo lamentablemente que están planificados los momentos terroríficos. Sin ninguna clase de medida. O te los plantan delante de las narices a las primeras de cambio, sin preocuparse por situar al espectador en el contexto emocional adecuado, o por contra te los anticipan ochocientas veces y cuando llegan de verdad, ya te has cansado de esperar y no te provocan el más mínimo efecto.

Asimismo, la habitual sobrecarga de efectos digitales, que incluso son utilizados para escenificar figuras humanas. Pero por favor, ¿es que no quedan en Hollywood maquilladores decentes? Qué puñetera manía con los rostros distorsionados digitalmente, que no asustan absolutamente a nadie, por lo falsos que resultan. Pero bueno, vista la factura global de la peli, tampoco es cuestión de exigir un buen acabado formal. Sería casi un contrasentido.


Personalmente no tengo ningún problema en sentarme a ver una película con pocas pretensiones, que sencillamente quiera entretener, darme cuatro sustos introducidos con más o menos elegancia (aquí, ni siquiera eso sucede, como ha quedado dicho) y olvidarme de ella una vez ha terminado. Pero lo que no me gusta son las tomaduras de pelo descaradas. Y cuando te encuentras una y otra vez con esta clase de subproductos, elaborados a piñón fijo, en los que cada plano resulta previsible e intercambiable con otros del mismo pelaje, pues uno llega incluso a cabrearse.

"La tumba del vampiro", de John Hayes


FICHA TÉCNICA:

Título Original: "Grave of the Vampire"/ Dirección: John Hayes/ Guión: David Chase, basado en su novela/ Producción: Daniel Cady/ Fotografía: Paul Hipp/ Montaje: John Hayes/ Música: Jaime Mendoza-Nava/ Reparto: William Smith, Michael Pataki, Lyn Peters, Diane Holden, Kitty Vallacher, Eric Mason, Lieux Dressler, Jay Scott, William Guhl. USA, 1974. Color. 91'

Hay películas semi-desconocidas por no se sabe qué razones. Tal vez por no aparecer en el momento oportuno, por no contener elementos especialmente destacables o distintos, o sencillamente por no aportar al género (en este caso el terror, vertiente vampírica) nada especial. Hay que recordar que en el tiempo en el que apareció ésta, las historias terroríficas parecían más orientadas a las temáticas satánicas y de otras índoles, con lo que los colmillos afilados no "se llevaban" tanto. Especialmente si hablamos de los USA.

Sin embargo, ello no invalida el hecho de que algunas de esas películas "fuera de onda" sean perfectamente aprovechables. Es el caso de la que nos ocupa. Un filme de 1974 protagonizado por un William Smith al que apenas le quedaban un par de años para convertirse en el mítico Falconetti de "Hombre rico, hombre pobre". Tras la cámara, el bastante desconocido, aunque afín al género John Hayes; y al guión (basado en su propia novela) el mismo David Chase que años después haría historia en una de las mejores series que se han hecho para televisión: "The Soprano's". Sin olvidar la setentera y de culto "Kolchak, the Night Stalker".

Como vemos, todos ellos nombres principalmente ligados al medio catódico. Y en ese sentido, es cierto que "La tumba del vampiro" tiene, sin serlo, un cierto aire a telefilme. Pero claro, hablar de telefilmes en los setenta, era hablar de muy buenas pelis, en muchas ocasiones.


En todo caso, lo que interesa es lo agradable que resulta descubrir un filme del que nada sabes, que aborda sin complejos un tema como el de los vampiros, que ya por aquel entonces estaba sobreexplotado, con toda clase de variaciones y tonos. Cuando digo "sin complejos", me refiero a que en lugar de tirar de lugares comunes, como unos determinados y tópicos recursos escénicos y de ambientes, aquí encontramos una historia de vampiros modernos (sin caer en lo ridículo), perfectamente integrada dentro de una sociedad contemporánea, pero sin rehuir las (por otro lado) inevitables constantes del género: maldiciones ancestrales, sexo ligado a la figura del vampiro, etc. En ese sentido, no es una película del todo "rompedora", pero sí característica del momento.

Por otro lado, resulta difícil no engancharse a ella, teniendo en cuenta el inicio tan contundente que tiene, con dos jóvenes siendo víctima de un bestial ataque de ultratumba en un cementerio. Las consecuencias de dicho ataque constituirán el nudo argumental. Esa contundencia de la que hablo persiste a lo largo de la peli, con una violencia bastante cruda, aunque no exageradamente explícita. Sin necesidad de recurrir a cantidades ingentes de efectos, en cualquier caso. En ese sentido, hay la suficiente confianza en el interés de la propia historia.

Es posible que en el tramo central haya un pequeño bajón en cuanto a ritmo, pero por contra, la trama se enriquece con nuevos elementos, también de cariz sobrenatural, que consiguen mantener el interés.

Con todo ello, tenemos una obra que atesora el valor de lo inesperado. Si uno se acerca a ella sin grandes expectativas y es un buen amante del género, seguramente hallará razones más que suficientes para pasar un rato de lo más entretenido.

jueves 24 de abril de 2008

"Los ojos misteriosos de Londres", de Walter Summers


FICHA TÉCNICA:

Título Original: "The Human Monster"/ Dirección: Walter Summers/ Guión: John Argyle, basado en una novela de Edgar Wallace/ Producción: John Argyle/ Fotografía: Bryan Langley/ Montaje: E.G. Richards/ Música: Guy Jones/ Reparto: Bela Lugosi, Hugh Williams, Greta Gynt, Edmon Ryan, Wilfred Walter, Alexander Field, O.B. Clarence. Reino Unido, 1940. B/N. 76'

O "The Human Monster", si atendemos al título original, que en este caso y para variar, no parece tan afortunado, o cuanto menos, no tan sugerente. Se trata de uno de esos vehículos para el lucimiento de Bela Lugosi, pero asimismo constituye un filme de misterio con toques terroríficos, de lo más entretenido.

La línea argumental nos presenta una serie de asesinatos intrigantes por resolver, que aparentemente parecen no tener nada en común, pero como suele suceder en estas ocasiones, nada más lejos de la realidad. Hay implicado un siniestro personaje (Lugosi) curiosamente llamado Orloff (¡hola, Tito Jess!) que tras su impecable imagen de honorabilidad, esconde a un desalmado asesino. De esclarecer el caso se encargará la eficiente policía londinense, eso sí, auxiliada para la ocasión por un socarrón agente estadounidense.

Del mismo modo que ocurre en otros filmes de similares características, el humor también está presente. Tal vez de una forma no tan brillante como en maravillas del calibre de "El caserón de las sombras" de Whale, ya que ésta que nos ocupa es una obra de inferior nivel, pero sí resulta agradable. Sobretodo dicho humorismo viene dado por la presencia (casi burlesca) de ese agente venido de ultramar, casi podría decirse que inaugurando el particular subgénero de las "buddy movies", que tanto furor haría bastantes décadas después. El contraste entre la personalidad flemática y meticulosa de los agentes de Scotland Yard y la más llana y caótica del poli de Chicago, es fuente de la mayor parte de chascarrillos y situaciones hilarantes del filme.


En cuanto a Lugosi, puede exhibir todas sus dotes gracias a un papel típico en su línea interpretativa, que le permite una dualidad entre la apariencia amable y bondadosa por un lado, y la perversa y malvada por otro.

El ritmo es dinámico y conjuga la acción policial con esa atmósfera tan clásica de la época que nos lleva a sótanos oscuros y escenarios lúgubres diversos, en el marco de un Londres nebuloso y húmedo (como debe ser). Tampoco falta la chica rubia de la función, víctima potencial del villano. Del mismo modo y al igual que ocurre en otras historias similares, hay una utilización del defecto físico (en este caso la ceguera) como elemento terrorífico.

La dirección de Summers es funcional y no destaca por conseguir unas atmósferas especialmente remarcables, en éste, uno de sus últimos filmes, tras una carrera básicamente centrada en la década de los treinta.

Es obvio que, aunque aún quedaban algunos años en que el terror y el suspense de la primera época del sonoro todavía iban a estar presentes, ese estilo que bordeaba (o penetraba de lleno) el género folletinesco, empezaba su declive. Y en el caso particular de Lugosi, iniciaba la última etapa de sus mejores años, que todavía iba a dar productos estimables. Pero sus papeles más memorables, ya quedaban bastante atrás.

Aún así, "Los ojos misteriosos de Londres", que dicho sea de paso, obtuvo un apreciable éxito en su momento, constituye una obra de las que gustan disfrutar los buenos amantes del fantástico clásico. Y que conviene ver, si acaso se ha pasado por alto. Tal vez no sea una muestra especialmente memorable, pero sí forma parte del imaginario colectivo, gracias a determinadas imágenes icónicas, como la del "dentudo" Jake.

"Monstruoso", de Matt Reeves


FICHA TÉCNICA:

Título Original: "Cloverfield"/ Dirección: Matt Reeves/ Guión: Drew Goddard/ Producción: J.J. Abrams y Bryan Burk/ Fotografía: Michael Bonvillian/ Montaje: Kevin Stitt/ Efectos Especiales: Josh Hakian/ Reparto: Lizzy Caplan, Jessica Lucas, T.J. Miller, Michael Stahl-David, Mike Vogel, Odette Yustman, Anjul Nigam, Margot Farley, Theo Rossi, Brian Klugman, Kelvin Yu. USA, 2008. Color. 84'

Cuando algo se publicita, se recontrapublicita y se vuelve a recontrapublicitar... normalmente es porque ha costado muchísima pasta y hay que recuperarla a toda costa, o porque no se tiene demasiada fe en la calidad intrínseca del producto y es preciso arrastrar literalmente a las masas a que vayan al cine "a la fuerza", para recuperar en la primera semana todo lo invertido, antes de que empiece a funcionar el boca-oreja y el globo se desinfle.

El televisivo J.J.Abrams ha sido desde el principio el principal reclamo de este proyecto. Sus funcionales y "ultracools" productos para la pequeña pantalla, así como su excelente aportación a la saga "Misión Imposible" parecen una indudable garantía de calidad.

En todo caso, nadie puede negar que una historia de este estilo, a priori podía funcionar muy bien. Potencialmente, pues, resulta atractiva. Se trataba de conseguir un resultado acorde con tales expectativas. Máxime después de que las últimas aportaciones hollywoodienses a la serie de "bichos grandes" no resultasen del todo lucidas (el "Godzilla" de Emmerich, sin ir más lejos).

Aparte, para imprimir aún más el carácter novedoso de la propuesta, está el modo de contarla. Tan reciente en las retinas como tenemos "Rec", a los españoles esto no nos viene de nuevo, pero en USA debe haber impactado bastante el estilo "reporteril" cámara en mano y demás.

¿Tal vez dicho estilo ha sido elegido a fin de enmascarar una hipotética falta de confianza en una narración al modo clásico? Eso es algo que sólo los artífices del filme podrían contestar. Es uno de esos casos en que las formas pesan tanto como el propio Monstruo protagonista, y resulta imposible desligarlas del fondo. En todo caso, una vez planteada la idea, queda ver cómo ha quedado resuelta. Y en ese sentido, después de ver el resultado, uno no puede por menos que sentirse satisfecho.


"Monstruoso" es una buena película. Está bien planificada, resulta creíble, consigue contagiar plenamente al espectador del ambiente en el que se desarrolla y eso es fundamental para que una historia así funcione. Hasta el punto de que la presencia (en el más amplio sentido del término) del Monstruo, todo y ser importante, no resulta lo más destacado. Abrams (y en este caso Reeves) no son tontos y saben perfectamente que el público del siglo XXI es cualquier cosa menos ingenuo, de ahí que si lo que se pretende es despertar la inquietud que todo filme fantástico de esta clase persigue, más que conseguir un monstruo más o menos creíble, lo principal es conseguir un entorno verosímil, en el cual uno se pueda sentir afectado e identificado.

En cuanto a los aspectos técnicos, la iluminación de la película brilla con luz propia (valga la expresión). Sin renunciar a dibujar el "caos" en pantalla, no sólo las secuencias no resultan confusas, sino que poseen una fuerza expresiva innegable. Y el modo de presentar a la criatura es brillante, así como de transmitir las sensaciones que algo así puede producir en un ser humano que lo esté viviendo allí mismo, en el momento.

Bajo mi punto de vista, las debilidades de que puede adolecer un planteamiento como el de "Monstruoso", así como el de casi cualquier narración de implicaciones catastrofistas, obedecen a circunstancias como el modo en cómo evolucione la trama una vez ha estallado el drama propiamente dicho. Está claro que resulta obligada una "huída". Y lo más importante es que en ningún momento dicha huída se vuelva algo monótono, ni se pierda en intensidad. Por eso es tan apropiada la duración de la película, apenas una hora y cuarto (más créditos).

Del mismo modo, los orígenes y circunstancias de la criatura son lo suficientemente sugerentes y están lo suficientemente ocultos, como para permitir toda clase de elucubraciones, con lo cual los autores se ahorran dar muchas explicaciones y permiten que cada uno se forme su propia teoría. Más discutibles, me parecen en cambio, otras cuestiones, como esa extraña forma en que la "picadura" de la criatura afecta a las personas. Esto lo vemos únicamente en una secuencia, pero resulta tal vez efectista en exceso, puesto que tampoco tiene continuidad, ni aporta gran cosa, más allá de "librarnos" de uno de los personajes.

Asimismo, como se adivina casi inevitable, está el hecho de que la necesidad de contar la historia a partir de esa estructura en cuanto a soporte casero, provoca que la cámara protagonista se vea involucrada en situaciones algo rebuscadas, a fin de dar continuidad a la narración. Esto se nota especialmente en el tramo final. Por contra, en esa misma línea, hay decisiones muy acertadas, como el momento en que la cámara sube al helicóptero y eso nos permite la perspectiva aérea del bichejo. No es gratuito y consigue impactar.


Por poner algún otro "pero", aunque no sea una cuestión primordial en este caso, los actores no acaban de convencer. A diferencia de la mencionada y referencial para nosotros "Rec", de Plaza y Balagueró, en la que los intérpretes principales sabían hacerse cómplices de la cámara, en este caso a los de la película de Reeves se les nota excesivamente dependientes de ella, falseando en algún caso sus reacciones y expresiones.

En cualquier caso, "Monstruoso" cumple satisfactoriamente con su cometido, que no es otro que el de hacer pasar un buen mal rato, implicando notablemente al espectador. Además, con el añadido de que el final deja un muy buen sabor de boca. Y también vía libre a una apetecible secuela que, a título personal, me gustaría que incidiese menos en las relaciones entre los personajes (en ocasiones rayanas con el estilo del cargante Kevin Williamson) y algo más en las circunstancias que rodean al Bicho, que como ha quedado dicho es casi un acierto el ocultarlas en esta primera, pero seguirlo haciendo en la segunda sería un error.

miércoles 23 de abril de 2008

"Troll 2", de Claudio Fragasso


FICHA TÉCNICA:

Título Original: "Troll 2"/ Dirección y guión: Claudio Fragasso/ Producción: Joe D'Amato y Brenda Norris/ Fotografía: Giancarlo Ferrando/ Montaje: Vanio Amici/ Música: Carlo Maria Cordio/ Efectos Visuales: Steve Poe/ Reparto: Michael Stephenson, George Hardy, Margo Prey, Connie Young, Robert Ornsby, Deborah Reed, Jason Wright, Darren Ewing. Italia, 1990. Color. 91'

Sólo a los italianos podía ocurrírseles parir una secuela de una película tan peculiar como "Troll". Y en tanto que el encargado de engendrar semejante proyecto es nada menos que Claudio Fragasso y que en la producción se halla el ínclito Joe D'Amato, es de imaginar el resultado. Bueno... en realidad, ésta es una de esas ocasiones en que resulta oportuno exclamar aquello de "hay que verlo para creerlo".

En honor a la verdad, la primera parte de la saga no brillaba por su calidad. Más bien al contrario. Pero sí tenía el valor de lo curioso. De lo original, incluso. Hasta ese momento los trolls eran criaturas más propias de los cuentos de fantasía que del cine de terror. Y el filme de John Carl Buechler, no estaba exento de atractivos "kitsch". Empezando por no tomarse en serio a sí mismo, lo cual siempre es una virtud, en estos casos. Ignoro si Fragasso ha pretenido con su secuela resultar igualmente casposo a sabiendas de lo que hacía, o simplemente... le ha salido así, porque el hombre tampoco da para más.

Aquí no tenemos a un padre de familia norteamericano con una gorra del Betis, pero qué se le va a hacer. De igual modo, mientras en la primera, era una niña la portadora del virus "trollesco", aquí es un niño también rubito e igualmente repelente el protagonista, aunque en este caso, no es el malo de la función, sino más bien el héroe, ayudado por su difunto abuelo.


Por lo demás, mucho líquido verduzco-chillón, un tono visual lleno de un colorido muy característico, una trama tan anecdótica como cabe esperar y sobretodo caspa, muchísima caspa. Ni unos trolls de cartón piedra puestos para dar ambiente en la juguetería del Corte Inglés darían más miedo que estos de Fragasso.

Sin embargo, por alguna extraña razón, resulta casi imposible no pasárselo bien con "Troll 2". Aún a sabiendas de que posiblemente se trata de una de las basuras más grandes que se han hecho dentro del género en los últimos veinte años. Cuando eres tan consciente de lo poco que le puedes pedir a una película, sólo te queda reírte de ella. Y claro, a veces eso es igual de satisfactorio que pasar miedo. Sobretodo si, como es el caso, encuentras tantos aspectos que provoquen hilaridad en un mismo filme.

¿Qué saldría de una unión entre Terry Gilliam, Ed Wood y el Peter Jackson de la primera época? Pues posiblemente, algo bastante parecido a esto. Por lo menos, igual de psicotrónico y delirante. Y mira tú por dónde, es Claudio Fragasso, el artífice de "inolvidables" creaciones como "Zombie 4", "Leviatán" o "Scalps", el que ha aunado esos tres estilos en uno solo. ¿Cómo lo ha conseguido? Lo más probable es que ni él mismo tenga la menor idea.

martes 22 de abril de 2008

"La muerte acaricia a medianoche", de Luciano Ercoli


FICHA TÉCNICA:

Título Original: "La Morte Accarezza a Mezzanotte"/ Dirección: Luciano Ercoli/ Guión: Sergio Corbucci, Ernesto Gastaldi y Manuel velasco/ Fotografía: Fernando Aribas / Montaje: Angelo Curi / Música: Gianni Ferrio/ Reparto: Susan Scott, Simón Andreu, Pietro Martellanza, Claudie Lange, Carlo Gentili, Ivano Staccioli, Fabrizio Moresco, Claudio Pellegrini, Luciano Rossi, Raúl Aparici. Italia-España, 1972. Color. 97'

Luciano Ercoli es uno de esos cineastas transalpinos que prácticamente se especializaron en giallos y en spaghetti-westerns, como Sollima o Dallamano. Tal vez por ello, en el caso de Ercoli, su producción se limitase básicamente a la década de los setenta. Dicho lo cual, tampoco se puede hablar de él como de un cineasta especialmente habilidoso. "La muerte acaricia a medianoche" es una buena muestra de su producción, puesto que tampoco destaca por nada especial y se limita a ser un giallo del montón, inferior a su predecesora "La muerte camina con tacón alto".

En ella, encontramos a la también habitual en este tipo de productos Susan Scott (o Nieves Navarro, como fue bautizada en su Almería natal) junto a Simón Andreu, ejerciendo de partenaire masculino. Sin embargo, es la guapa actriz andaluza quien asume casi todo el protagonismo de la cinta.

Cinta que, todo sea dicho, comienza de un modo harto sugerente, cuando la protagonista llamada Valentina, interpretada por Scott, prueba un nuevo tipo de droga que le provoca alucinantes visiones de un asesinato. A partir de ahí, se tratará de desenmarañar la trama que ocultan dichas imágenes mentales, con toda clase de giros e intrigas.


A diferencia de otros giallos de estructura similar, el estilo visual es poco estilizado, cobrando más importancia el suspense detectivesco que los elementos terroríficos propiamente dichos, prácticamente ausentes. Ello no es óbice para que encontremos algún momento cinematográficamente atractivo, de influencias "hitchcockianas" incluso. En ese sentido, está la figura de uno de los sospechosos, ataviado con unas llamativas gafas negras, que se dedica a acosar a la protagonista, recordándonos las formas narrativas del Mago del Suspense y de alguna manera anticipando a su aventajado discípulo Brian De Palma, a quien también hemos visto usar recursos visuales similares en películas como "Vestida para matar" o "Hermanas".

Tampoco faltan los momentos discoteca-hortera, ni los modelitos de ropa estampados o la decoración recargada, elementos todos ellos sin los que el giallo no sería lo que es. Sin olvidar a los policías despistados, que sólo parecen estar para aparecer en el momento justo. Por desgracia, aquí no hay puntos de interés, como un guión demasiado original, o la música de Ennio Morricone, que muchas veces servía para dar cierto lustre a productos también discretos.

El desarrollo de la peli, como puede verse, es bastante tópico. Se anima ligeramente en el tramo final, gracias a una serie de secuencias de acción donde brilla con luz propia un peculiar personaje de refulgente cabellera rubia con cierta destreza en el manejo de los instrumentos afilados y con una irritante tendencia a descojonarse de risa en los momentos menos oportunos. Casi más un personaje de spaghetti-western, que de cine de terror. No olvidemos que el guión lo firma Sergio Corbucci.

En definitiva, un giallo tirando a justito, que sin ser un despropósito, anda bastante lejos de las mejores muestras del género. Puede servir para ese momento en que uno está muy necesitado de suspenses a la italiana y cualquier cosita mínimamente digna vale para calmar el apetito. Pero nada que ver con las obras más inspiradas de Bava, Argento o Martino.

lunes 21 de abril de 2008

"Miss Muerte", de Jesús Franco


FICHA TÉCNICA:

Título Original: "The Diabolical Dr. Z"/ Dirección: Jesús Franco/ Guión: Jean-Claude Carrière y J. Franco/ Producción: Michel Safra y Serge Silberman/ Fotografía: Alejandro Ulloa/ Montaje: Jean Feyte/ Música: Daniel White/ Maquillaje: Raymond Ferrer/ Reparto: Antonio Jiménez Escribano, Guy Mairesse, Howard Vernon, Mabel Karr, Fernando Montes, Estella Blain, Marcelo Arroita Jáuregui, Alberto Bourbón, Ana Castor, Alberto Dalbés. España-Francia, 1966. B/N. 83'

En esta vida hay que ser justos. O al menos, intentarlo. Y del mismo modo que la filmografía de Franco tiene razones más que sobradas para ponerle de vuelta y media, en cuanto a contenidos de calidad, también es cierto que de entre toda esa pléyade de productos y subproductos, los hay muy estimables. Y éste es uno de ellos.

Con guión del reputado Jean-Claude Carrière, el director español nos presentaba aquí una de esas historias de "mad doctors" tan queridas por él. Con toda seguridad, la mejor de todas las que ha hecho.

Con una más que apreciable y sugerente, casi expresionista, fotografía en blanco y negro, obra de Alejandro Ulloa, "Miss Muerte" parte de una premisa que la emparenta hasta cierto punto con la inolvidable "The Tingler" de William Castle. Esto es: la posibilidad de aislar la maldad humana a partir de una intervención quirúrgica. En cualquier caso, los derroteros que toma la trama a partir de ahí, son distintos. Aquí encontramos a una hermosa mujer, que será el vehículo utilizado como instrumento de una diabólica venganza, perpetrada por la hija del Doctor Zimmer (el Dr. Z al que hace referencia el título en inglés) interpretada por la bella Mabel Karr.

En "Miss Muerte" hay una enorme carga de influencias europeas. Especialmente italianas y francesas (no en vano, está co-producida con el país vecino). Incluso puede atisbarse un cierto tono tanto en la atmósfera, como en la propia idea argumental, que asemeja el filme con la obra maestra de Franju, "Ojos sin rostro". Del mismo modo, la estructura narrativa también la aproxima a la incipiente moda del giallo italiano, aunque de un modo precoz, puesto que Bava aún no había sentado todas las bases de dicho estilo.


Como vemos, las referencias no son precisamente malas, ni insustanciales. Y es que, sin dejar de ser él mismo, aquí Franco se mostró realmente inspirado, sabiendo crear una obra consistente. Por ejemplo, a pesar de hallarnos ya en la segunda mitad de la década de los sesenta, no hay una sobrecarga de voltaje erótico, circunstancia que muchas veces contribuye a que sus películas se resientan y pierdan seriedad. Cosa que no ocurre aquí. Pero eso no es óbice para que sí aparezcan bellas féminas, en este caso Estella Blain, la aludida presa de los experimentos científicos, que asesina a los médicos que despreciaron al Doctor Z, con un look muy "comiquero" y visualmente atractivo.

Del mismo modo, también destaca una banda sonora elegante y muy bien integrada dentro del filme, con una pieza central de trompeta de aires jazzy, ciertamente agradable.

¿Por qué en los años posteriores Jess Franco "se olvidó" de dirigir así de bien? Pues es difícil saberlo. Tal vez el hecho de que cambiasen las tendencias del género y del cine en general, tanto en los temas como en las formas, no ayudó a que el cineasta madrileño siguiese por caminos tan interesantes como los apuntados aquí y prefiriese dedicarse a crear productos más "lisérgicos" y psicotrónicos, cinematográficamente mucho más huecos, preocupándose más de cantidades que de calidades, haciendo más patente aún la habitual falta de medios.

Lo que queda claro después de ver "Miss Muerte" y alguna otra de las obras más inspiradas de este hombre, es que tampoco es el torpe integral tras la cámara que muchas veces se quiere hacer ver. Aunque él mismo no haya parecido muy preocupado por desprenderse de esa imagen, más bien al contrario. Da la sensación de haberse llegado a sentir cómodo, en su trono de rey de la serie z, con su pequeña legión de fans incondicionales.

domingo 20 de abril de 2008

"Pesadilla en la medianoche", de Alec Mills


FICHA TÉCNICA:

Título Original: "Bloodmoon"/ Dirección: Alec Mills/ Guión: Robert Brennan/ Producción: Stanley O'Toole/ Fotografía: John Stokes/ Montaje: David Halliday/ Música: Brian May/ Reparto: Leon Lissek, Christine Amor, Ian Williams, Helen Thomson, Craig Cronin, Hazel Howson, Suzie McKenzie, Anya Molina, Brian Moll, Stephen Berguin, Christophe Broadway, Samantha Rittson. Australia, 1990. Color. 97'

Tras ese rimbombante título ("Bloodmoon", es el original) se esconde uno de los slashers más cochambrosos que he tenido ocasión de tirarme a la cara.

Si hiciésemos un listado con todas las cosas que NO hay que hacer a la hora de dirigir una película de este estilo, Mills habría tenido aquí el dudoso mérito de no dejarse ni una sola en el tintero. Vayamos con algunas de ellas:

Personajes absolutamente carentes de interés. Sabemos que lo fuerte de esta clase de filmes no radica en la profundidad de los personajes, pero de ahí a que vayan desfilando por la peli como simples figurantes, del primero al último... pues tampoco es plan. Tampoco ayuda que los actores sean espantosamente malos.

El asesino. Se supone que uno de los puntos más importantes de cualquier slasher que se precie está en la personalidad del asesino, en cómo se presente a lo largo de la acción, etc. Pues bien, aquí ni siquiera tiene la "delicadeza" de ocultarse. Aproximadamente a la mitad de la película ya sabemos quién es, con lo que ni siquiera nos queda el consuelo de tener que adivinar de quién se trata. Aparte de eso, su "estilo" a la hora de asesinar también deja muchísimo que desear. Decididamente, no estamos ante un Michael Myers o un Jason Voorhes. Éste de "Bloodmoon" es el Rodolfo Chikilicuatre de los asesinos en serie, con un ortopédico alambre de púas a modo de guitarra de juguete.


Otro aspecto lamentable: la puesta en escena. No olvidemos que nos hallamos ante un slasher bastante tardío (la peli es de 1990). Pues bien, resulta sonrojante cómo el ritmo narrativo adolece de toda la pesadez y la morosidad del más ingenuo de los productos de este tipo. Sr. Mills: se supone que cuando usted dirige esto, ya ha visto un montón de slashers y de secuelas de slashers, y sabe (o tendría que saber) perfectamente cuáles deben ser los mecanismos que rijan esta clase de historias. Y no me vale que Mills sea inglés y la peli sea de producción australiana. Hasta en España se han hecho slashers mejores, pese a que no sea precisamente el tipo de terror en el que mejor nos desenvolvemos.

Por lo demás: secuencias nocturnas horriblemente iluminadas, sanguinolencia muy pobre... ni siquiera los momentos subidos de tono (que alguno hay) acompañan, por lo pésimamente filmados que están y lo fugaces que resultan. En suma, aburrimiento y torpeza a partes iguales, es lo que el director británico nos ofrece. Si hay alguien que busca eso en un filme de terror, "Pesadilla en la medianoche" es su película.

Así pues, ¿absolutamente nada podemos salvar de este despropósito? Bueno si, la banda sonora, que no está del todo mal. Desde luego, muy por encima de lo que la película merece.

Total, que no es un filme a recomendar, so pena de que te retiren la palabra. Ni siquiera a los más fanáticos. Si para algo sirve, es para tener una referencia a la hora de citar los peores slashers de la historia. En dicha lista, sin duda ocuparía un puesto de honor. Algo es algo.

sábado 19 de abril de 2008

"Museo de cera", de Anthony Hickox


FICHA TÉCNICA:

Título Original: "Waxwork"/ Dirección y guión: Anthony Hickox/ Producción: Stefan Ahrenberg y Eyal Rimmon/ Fotografía: Gerry Lively/ Montaje: Christopher Cibelli/ Música: Roger Bellon/ Efectos Especiales: Bob Keen/ Reparto: Zach Galligan, Miles O'Keefe, Deborah Foreman, Michelle Johnson, Dana Ashbrook, David Warner, John Rhys-Davies, Charles McCaughan, J. Kenneth Campbell, Patrik McNee. USA-Alemania, 1988. Color. 94'

He aquí uno de esos clásicos de los vídeoclubs ochenteros. Aprovechando un escenario tan recurrente como el de los museos de cera, que tan buenas obras ha llegado a dar a lo largo de diferentes épocas y con creadores tan diversos como Michael Curtiz o André De Toth, sin olvidar la aún reciente y más que aceptable muestra de Jaume Collet ("La casa de cera"), Hickox nos brindó en éste, su primer trabajo tras la cámara, un filme entretenido y sin pretensiones, declaradamente lúdico. Que llegaría a tener secuela algunos años más tarde.

La cosa va del típico grupete de jóvenes que se reúnen (aunque ellos no lo sepan) para pasarlo mal. En este caso, con la disculpa de atender la invitación de un misterioso personaje (el inolvidable David Warner) a visitar un no menos misterioso museo de cera, a la hora de las brujas. Allí se encontrarán toda clase de criaturas extrañas y sanguinarias, casi un homenaje a los monstruos más clásicos del género. Desde hombres lobo, hasta vampiros, pasando por momias o zombies. ¿Alguien da más?

La estructura es casi episódica, puesto que cada una de las figuras del museo incita a los jóvenes a sumergirse dentro de una especie de dimensión paralela, donde tiene lugar cada pequeña historia, relacionada con dicha figura. Así pues, hay la disculpa perfecta para que tenga lugar esa gran variedad de personajes siniestros.


Hickox no es rácano a la hora de mostrar escenas sanguinolentas. De hecho, en algunos momentos el filme roza el gore. Lo cual, en cuanto a ese aspecto, lo sitúa ligeramente por encima de lo que suele ser habitual en este tipo de productos y lo emparenta con el estilo de Sam Raimi. No únicamente por la desvergonzada exhibición de "vísceras", sino por una gamberra utilización del humor, asimismo similar en cuanto a su tono, al de los comics terroríficos americanos más célebres. El ritmo, por tanto, es muy vivo y no se detiene prácticamente en secuencias de relleno. Va al grano y eso permite dotar a la peli de un agradable tono palomitero, muy disfrutable.

Entre los intérpretes, no especialmente conocidos (aparte de Warner), podemos encontrar a John Rhys Davies, ejerciendo de competente hombre lobo. Amén de otros actores, más o menos habituales del género, como Zach Galligan o Dana Ashbrook (famoso sobretodo gracias a "Twin Peaks") sin olvidar a Miles ("Ator, el poderoso") O'Keefe, aquí dotado de férreos colmillos.

Así pues, una película destinada a llenar cualquier tarde de domingo, entretenida a más no poder, pero que tampoco merece ser recordada por nada en especial. En cualquier caso y una vez más, la prueba de que casi cualquier producto rutinario, pero con un mínimo de dedicación y de buen gusto de los que se hacían veinte o treinta años atrás, resultaba mucho más conseguido que la media de mediocridades que se producen hoy día.

viernes 18 de abril de 2008

"Inner Senses", de Chi-Leung Law


FICHA TÉCNICA:

Título original: "Yee do hung gaan"/ Dirección: Chi-Leung Law/ Guión: Tung-Shing Lee y Chi-Leung Law/ Producción: Tung-Shing Lee/ Fotografía: Kwok-Man Keung/ Música: Peter Kam/ Reparto: Leslie Cheung, Kar Yan Lam, Maggie Poon, Waise Lee, Valerie Chow, Norman Chu, Samuel Lam, So Pik Wong, Tin Leung, Li Wen Sun, Hong Dou Liu. Hong Kong, 2002. Color. 94'

Hay películas que casi hay que ver por obligación. Pero no necesariamente porque sean grandes películas, ni cinematográficamente imprescindibles. Sino porque atesoran un valor casi académico.

Ése es el caso de "Inner Senses". Un filme que analizado por lo que es, no pasa de ser una obra correcta y agradable, sin mucho más. Pero que, sin embargo, aporta una visión de conjunto sobre todo el momento del cine de terror que se factura actualmente en Oriente.

En ella encontramos un compendio de temas, formas y texturas que servirían casi para resumir todo lo bueno y lo malo de estas tendencias cinematográficas. A saber:

Por un lado, tenemos el ritmo vivo y marcado del cine de Hong Kong (que en ocasiones peca de atropellado). Por otro, la esencia de las clásicas historias de fantasmas japonesas (que tan repetitivas acaban haciéndose). También la riqueza visual y "preciosista" de las exóticas muestras que nos llegan desde Tahilandia (que muchas veces se olvidan del argumento, en detrimento de lo visual). Es decir, todo un muestrario de lo más característico de esas cinematografías, en lo que al género terrorífico se refiere, con sus virtudes y sus defectos. En este caso, más con las primeras que con los segundos.

Yendo al filme en sí, el inicio es lo mejor. Un primer tercio donde, sin apenas dejarnos tiempo para introducirnos en la trama, tienen lugar las primeras secuencias terroríficas, realmente conseguidas. La situación no puede ser más típica: chica sola en un apartamento al que acaba de mudarse, que empieza a sentir presencias de ultratumba. Como digo, son momentos verdaderamente sobrecogedores y muy bien contados.


A partir de ahí, cuando se ha tomado la determinación de empezar la película de un modo tan "agresivo", sólo parece haber dos caminos posibles: por un lado, aposentar la narración, con todo el riesgo de que se pierda la tensión y la intensidad (salvo que consigas una trama muy atractiva), o por otro lado, mantener el mismo ritmo intensísimo de efectos y situaciones de terror puro, con lo que el espectador se acaba saturando.

El director opta en este caso por la primera de las opciones. Estableciendo y afianzando la relación entre los dos personajes principales y conectando de alguna manera sus vidas (aparentemente muy distintas) con los acontecimientos que están ocurriendo, hasta el punto de intercambiar el punto de vista protagonista. Y no es una mala elección, aunque no termina de cristalizar en una historia consistente, ni original, ni inolvidable, sino más bien rozando lo vulgar y previsible. En ese sentido, en contra de las magníficas sensaciones del principio, la película termina por dejarnos un regusto algo agridulce. No del todo fallida, pero si descompensada.

En todo caso, se trata de un filme bien hecho, que aparte de los mencionados momentos escalofriantes, tiene un tono visual muy hermoso. Y resulta muy fácil dejarse llevar por el ritmo incesante (que no frenético) que impone Chi-Leung. Del mismo modo, hay que destacar la interpretación del protagonista masculino, Leslie Cheung, excelente.

jueves 17 de abril de 2008

"Calvario", de Fabrice Du Welz


FICHA TÉCNICA:

Título original: "Calvaire"/ Dirección: Fabrice Du Welz/ Guión: Romain Protat y Fabrice Du Welz/ Producción: Michael Gentile, Eddy Geradon-Luyckx/ Fotografía: Benoít Debie/ Montaje: Sabine Hubeaux/ Efectos Especiales: Alain Couty/ Música: Vincent Cahay/ Reparto: Laurent Lucas, Brigitte Lahaie, Gigi Coursigny, Jean-Luc Couchard, Jackie Berroyer, Philippe Nahon, Philippe Grand Henry, Jo Prestia, Marc Lefevbre, Alfred Davis. Bélgica-Francia-Luxemburgo, 2004. Color. 84'

De nuevo el cine europeo nos sorprende con una propuesta fresca y agradable. En este caso, aunque las similitudes con otras muestras del cine de género más o menos recientes están ahí, puede decirse que el belga Du Welz consigue una obra con entidad propia.

Narrada con un tono frío, muy adecuado al paisaje y a las emociones que se pretenden transmitir, desde el primer momento nos topamos con un personaje al que le pasan cosas "raras" y cuyas relaciones con otras personas no acaban de ser del todo "limpias". Aunque, dicho sea de paso, no por culpa suya. En ese sentido, parece predestinado desde el inicio a pasarlas canutas.

La estructura de la historia es muy clásica. Un tipo llega a una pequeña población rural, que tras una aparente sensación de normalidad, aunque no exenta de cierta atmósfera misteriosa, oculta terribles secretos. Lo que en un principio son indicios, acaban convirtiéndose en una pesadilla.

Seguramente lo mejor del filme está en su primera mitad, en que la trama se plantea y desarrolla de forma casi impecable. Sin embargo, una vez estalla el drama propiamente dicho, como todas las cartas están sobre la mesa, tal vez la narración va perdiendo algo de fuelle, en espera del desenlace.


En todo caso, las interpretaciones rayan a buena altura. Encabezadas por un competente Laurent Lucas, al que ya nos hemos acostumbrado a ver sufriendo de lo lindo en películas de Dominik Moll, como la notable "Harry, un amigo que os quiere". El resto del elenco, igualmente correcto. A destacar que los terrores que se plantean en el filme son de origen puramente humano. Y en ese sentido, es todo un acierto la elección de rostros comunes y exentos de características turbias. Porque ello redunda en una mayor sensación de incomodidad. Resulta mucho más impactante ver a personas aparentemente normales hacer cosas horribles, que cuando quienes las hacen son tipos malcarados y de unas facciones duras o "teatrales".

Otro aspecto a considerar y a reconocer es la habilidad de Du Welz a la hora de aprovechar los escenarios, a fin de crear ese ambiente opresivo y gélido, húmedo podría decirse, que se transmite muy bien. Pero no se le va la mano a la hora de enfatizarlo, puesto que eso es algo que suele distanciar al espectador, provocando una innecesaria artificialidad. En ese aspecto, hay un buen equilibrio entre atmósfera y naturalismo.

Así pues, pese a no tratarse de una película inolvidable ni que vaya a pasar a la historia, sí estamos ante una obra competente y agradable de ver. De ésas que requieren un mínimo de implicación del espectador para ser disfrutada como merece, aunque a pesar de todo, la sensación en último término es la de que algunos aspectos no terminan de estar del todo pulidos. Especialmente, como comentaba, en la segunda mitad del filme.

Con todo, este Fabrice Du Welz aparenta ser otro de esos cineastas a quienes habrá que seguir la pista. De momento, en su próximo trabajo, "Vinyan", actualmente en período de post-producción, parece seguir por los mismos caminos de trazo retorcido y viscoso. Y yo que me alegro.

miércoles 16 de abril de 2008

"El hombre perseguido por un O.V.N.I.", de Juan Carlos Olaria


FICHA TÉCNICA:

Dirección: Juan Carlos Olaria/ Guión: Juan Xiol y Juan Carlos Olaria/ Producción: Juan Olaria/ Fotografía: Francisco Marín/ Montaje: Alberto Gasset/ Efectos Visuales: Pedro Arnedo y José Escuredo/ Música: Víctor Olcina/ Reparto: Richard Colin, Juan Olaria, Lynn Endersson, Dámaso Muní, Manuel Bronchud, Rosario Vineis, José María Montserrat y José Cascolin. España, 1976. Color. 80'

Psicotronía al poder!!

Los años setenta fueron una mina para el cine de género en España. En realidad, todo lo relacionado con el Fantástico se vendía mucho y bien: cine, literatura, revistas, programas radiofónicos y televisivos... De ahí que, además de las más famosas muestras en cuanto a cine de Terror, incluso la Ciencia Ficción cupiese en aquel espacio. Aunque fuese una Ciencia Ficción de la Señorita Pepis, como ésta. Máxime cuando en aquellos años estaba en su apogeo todo el asunto ufológico, a partir de series estadounidenses, programas como los del mítico Jiménez del Oso y productos semejantes. A lo que hay que sumar, seguramente como reacción a dicha "moda", la ola de avistamientos que tuvo lugar a lo largo y ancho del territorio español.
En ese contexto, no era especialmente raro que apareciese algo como lo que nos ocupa. Una película totalmente carente de pretensiones y prejuicios, pero que iba a quedar como una de las mayores curiosidades de nuestro cine, a tenor de la falta de continuidad de propuestas similares. Y a día de hoy, así hay que observarla.

La trama nos presenta a un señor normal y corriente que un buen día, sin saber cómo ni por qué, se ve acosado por la presencia de un platillo volante cuyos tripulantes parecen muy interesados en él. Dicho acoso implica carreras sin fin por carreteras, a campo abierto... incluso en su propio apartamento el pobre hombre no puede estar tranquilo, con el aparato flotando a escasos metros de su ventana, sobre una reconocible Barcelona.

La falta de medios es patente desde el primer fotograma hasta el último. Lo mismo que la falta de carisma del intérprete principal, Richard Kolin. Un actor que, de hecho, limitó su carrera cinematográfica al espacio de apenas tres años, con un puñado de filmes (siempre del género fantástico) en Italia o en co-producciones con España. Pero toda esa serie de carencias, a la postre, son las que acaban dotando de personalidad propia al producto.


Una película carente de complejos, como hemos dicho, en la que Olaria se permite el lujo de llamar "mutantes" a unos señores recubiertos de papel de aluminio de ése para envolver los bocadillos y cuya "sangre" es de color amarillo-mostaza. Unos mutantes que se mueven como zombies y que, de hecho, en algunas secuencias situadas en determinados escenarios recuerdan terriblemente a los templarios de Ossorio. Del mismo modo, otro detalle asemeja al filme con la trilogía templaria y no es otro que las "cantosísimas" alteraciones en la luz de las escenas de exteriores, en las que tan pronto hay luz matinal como vespertina, dentro de la misma secuencia. Eso por no hablar del particular lenguaje de los alienígenas invasores, convenientemente subtitulado, y sospechosamente parecido al vasco.

El filme ni siquiera se toma en serio a sí mismo. Y ésa es una de sus mayores virtudes. De hecho, se permite dejar un hueco al humor en varios momentos. Así pues, resulta absurdo buscar coherencias narrativas, como por ejemplo el hecho de que el personaje principal decida "escapar" del acoso del O.V.N.I. trasladándose de la ciudad a su casa de campo, como si allí fuese más fácil librarse de él. Resulta absurdo, digo, porque lo regocijante reside en el cachondeo que le entra a uno por todo el cuerpo cuando ve al protagonista, impecablemente trajeado, corre que te corre escapando de ese platillo volante con propiedades magnéticas, capaz de atraer al "flamante" utilitario del pobre hombre y llevárselo de paseo al espacio, en uno de los momentos más descacharrantes de la película. Ese plano con el coche flotando en el éter es sencillamente impagable. Lo coge George Lucas y se hubiese hinchado a vender pósters y réplicas del cochecito en miniatura.

Dicho todo lo cual (y otras cosas que me callo, porque es mejor descubrirlas por uno mismo, para mayor deleite) el filme, pese a no resistir un análisis serio, resulta francamente entretenido. Obviamente debe ser visto con la predisposición adecuada. La misma que le hace a uno disfrutar de las películas de Ed Wood o de William Castle. En todo caso y en el contexto del cine español, todavía adquiere mayor valor un producto de este calibre. El valor de una obra única, se mire por donde se mire.

martes 15 de abril de 2008

"Tras la medianoche", de John A. Russo


FICHA TÉCNICA:

Título Original: "Midnight"/ Dirección y guión: John A. Russo, basado en su novela/ Producción: Samuel M. Sherman/ Fotografía y Montaje: Paul McCoullough/ Efectos Especiales: Tom Savini/ Reparto: Melanie Verlin, Lawrence Tierney, John Hall, Charles Jackson, Doris Hackney, Bob Johnson, Lachele Carl, David Marchick, Greg Besnak, John Amplas, Robin Walsh, Jackie Nicoll, Amy Brinton y Debra Smith. USA, 1982. Color. 93'

Catorce años después de escribir "La noche de los muertos vivientes", Russo se animó a dirigir su segunda película, la primera de terror. Y lo hizo en plan Juan Palomo, escribiendo también el guión, basándose en una de sus novelas y poniéndose detrás de la cámara. El resultado no puede decirse que fuese especialmente afortunado.

Dicha evaluación podría entenderse hasta cierto punto a nivel de dirección, dada la bisoñez de Russo. Pero cuando el guión tampoco acaba de estar a la altura, tratándose de un escritor, entonces la cosa ya es más grave.

El filme se inicia con un prólogo ciertamente inquietante, con un grupo de adolescentes comandado por una mujer adulta, dando buena cuenta de una pobre chiquilla en mitad del campo. Y a partir de ahí, años después, vemos a la que será protagonista del filme, escapando de su casa por culpa de una situación comprometida y uniéndose a un par de chavales a lo largo de un viaje por carretera que transformará esa primera mitad de la narración en una road movie en toda regla. Finalmente, el destino de los tres muchachos se hará pavorosa realidad en forma de la típica familia de tarados campestres, al más puro estilo de ese American Gothic que inaugurase "La matanza de Texas".

Hasta llegar a ese último tramo, la película resulta francamente aburrida. Tan sólo las primeras apariciones de uno de los tarados (el gordo), provocan un cierto desasosiego. Pero por lo demás, la narración apenas avanza.

Eso sí, hay que apuntar entre los escasos méritos de Russo una buena utilización de los exteriores, con ese paisaje rural que se llega a hacer bastante opresivo, aún a plena luz del día. Lástima que la banda sonora no acompañe, por componerse básicamente de melodías pop inofensivas (cinematográficamente hablando) y muy de la época. Del mismo modo, este tipo de filmes requieren de unas dosis de violencia cuanto menos generosas, cosa que tampoco acabamos de encontrar, ni siquiera en el estallido de horror final, más bien tibio, cuando casi todo lo que se insinúa en la película apunta hacia ese final como momento culminante. Si a eso añadimos que las labores de maquillaje corren a cargo del gran Tom Savini, pues resulta decepcionante no ver más muestras de su talento a lo largo de la peli.

Aparte de eso y como decía al principio, el guión no acaba de estar del todo compensado, con personajes mal dibujados, como el padrastro de la muchacha, sin ir más lejos,(interpretado por el veterano Lawrence Tierney unos años antes de convertirse en Reservoir Dog "tarantiniano") que tienen reacciones y actitudes poco verosímiles. Ni siquiera el capítulo interpretativo alcanza unos mínimos, con una actriz protagonista a la que incluso se la puede ver reír de refilón en mitad de una de las persecuciones (pretendidamente dramáticas) del final.

Así pues, nos encontramos ante una obra muy, muy justita. Que incomprensiblemente llegó a tener una secuela años después, también dirigida por Russo. Tan sólo indicada para muy fanáticos del American Gothic que han revisado miles de veces las mejores muestras del género y sienten curiosidad por cualquier cosa que se pueda adscribir a él. Tal vez en su día pudo llegar a gustar a un público que aún no estaba demasiado saturado por esa clase de tramas. Pero precisamente en estos momentos, con todas las secuelas y remakes del filme seminal de Hooper, más los de "Las colinas tienen ojos", amén de otras muy similares... un filme como "Tras la medianoche" resulta tremendamente cansino y no aporta prácticamente nada.

lunes 14 de abril de 2008

"Andromedia", de Takashi Miike


FICHA TÉCNICA:

Título Original: "Andoromedia"/ Dirección: Takashi Miike/ Guión: Itaru Eda y Masa Nakamura, sobre la novela de Kozy Watanabe/ Producción: Kazuka Hamana, Takashi Hirano y Makoto Nakanishi/ Fotografía: Hideo Yamamoto/ Montaje: Yasushi Shimamura/ Efectos Visuales: Bernard Edlington/ Reparto: Hiroko Shimabukuro, Eriko Imai, Takako Uehara, Hitoe Arakaki, Kenji Harada, Ryô Karato, Christopher Doyle, Tomorowo Taguchi, Issa Hentona. Japón, 1998. Color. 109'

Que Takashi Miike es un provocador nato, todo el mundo lo sabe. O cuanto menos, se lo imagina, una vez ha asistido a varios de sus espectáculos en celuloide. Que es un todoterreno, capaz de variar tonos y formas de manera continuada, también es conocido. Sobretodo a juzgar por la cantidad ingente y diversa de filmes que ha dirigido, en un período de tiempo relativamente muy corto.

Entonces sucede que los niveles de provocación también van cambiando. Mientras unas veces se sirve de la violencia más extrema, en otras ocasiones usa de argumentos retorcidos y enfermizos, éticamente cuestionables. Y el sexo, claro. O todo a la vez!!

Sin embargo, mira tú por dónde, en esta ocasión me ha pillado descolocado. Y es que, cómo imaginar que al traviesillo cineasta japonés se le ocurriría provocar al más acérrimo de sus seguidores con una historia tan terriblemente sentimentaloide como esta "Andromedia". Si eso no es otra provocación en toda regla, que me lo explique.

Siguiendo el tono entre frío y melancólico de obras de Ciencia Ficción más o menos recientes, como "Gattaca", "Código 46" y similares, Miike nos introduce en una historia hecha por y para adolescentes, sin ningún tipo de rubor. En alguna de sus películas primerizas ya existía un cierto regusto de melancolía, aún en mitad de tramas violentas o pretendidamente "duras". Pero aquí encontramos azúcar desde el primer hasta el último fotograma.

El argumento es simple: una adolescente muere en un atropello y su padre, sirviéndose de una tecnología punta y secreta, la revive de manera virtual. A partir de ahí, organizaciones ultrasecretas comandadas por una especie de Morrissey americano con bermudas muy hortera (interpretado nada menos que por el gran director de fotografía Christopher Doyle), entran en acción; los amigos de la chica (en especial su novio) tratarán de protegerla a toda costa y el espectador no parará de mirar el reloj y pellizcarse cada cinco minutos para tratar de saber dónde termina la broma y empieza la "verdadera" película de Miike. Lamentablemente, no hay "verdadera" película. Eso es "Andromedia". Un cuento de ciencia ficción terriblemente ingenuo y kitsch, que podría ser un relato de dos páginas en la revista Super Pop (o como quiera se llame la revista Super Pop en Japón).


Ahora bien, ¿todo en la película es desechable? Pues no. Porque en mitad de semejante sarta de despropósitos, (entre los que se incluye un vídeoclip protagonizado por una versión japonesa de uno cualquiera de esos grupitos fabricados en serie de niñatos vestidos con chándal, que ponen a los fans histéricos y a los que no son fans, más histéricos todavía), encontramos alguna que otra secuencia muy válida, como los flashbacks con la pandilla de chavales en la playa, llenos de una belleza muy "kitanesca". O la propia relación entre el protagonista y su virtual/difunta novia, que todo sea dicho, te acaba tocando un pelín la fibra.

En cualquier caso, la sensación que te queda cuando terminas de ver "Andromedia", tras un desenlace insoportablemente alargado, por cierto, es la de que Miike se ha estado cachondeando de ti durante casi dos horas. Un cachondeo amistoso, si se quiere. Pero cachondeo al fin y al cabo. Sin que eso sea obstáculo para que, como película juvenil de género, funcione razonablemente bien. Desde luego, mejor que otras que nos llegan fundamentalmente desde los USA, como "Jumper", "El efecto mariposa" y soplagaiteces similares, de inmejorable cartel entre los seres humanos salpicados de acné.

Con lo cual, a mí que no me digan que la peli más incómoda y provocadora de este señor es "Visitor Q", o "Ichi, the Killer", o "Audition". No señores, no. Lo más intensamente provocador que ha hecho Miike hasta la fecha, al menos que yo haya visto, es "Andromedia". Y la he aguantado hasta el final, como un campeón. No creo que todos puedan decir lo mismo. Especialmente, los seguidores más curtidos del director, que seguro que a los diez minutos de empezada, ya se han ido al baño a vomitar.

domingo 13 de abril de 2008

"La caseta del terror", de W. Cooke y P. Talbot


FICHA TÉCNICA:

Título Original: "Freakshow"/ Dirección y guión: William Cooke y Paul Talbot/ Producción: Jeffrey Miller y Paul Talbot/ Montaje: Roger Thomas y Paul Talbot/ Música: Kevin Green y Eric Martin/ Efectos Especiales: Michael R. Smith/ Reparto: Gunnar Hansen, Shannon Michelle Parsons, Brian Kelly, Jeff Jordan, Rand Courtney, Patrick Baxley, David G. Holland, Harrison Sanders, Jennifer Peluso, Gene Aimone, Jasi Cotton Lanier, Michael R. Smith. USA, 1995. Color. 102'

Las películas compuestas de episodios no suelen requerir un nivel de exigencia excesivamente alto. Al menos, a eso nos hemos acostumbrado, a tenor de los resultados que suelen ofrecer este tipo de productos. En ese sentido, situando al primer "Creepshow" seguramente como el punto más alto, muy pocas antologías han alcanzado dicho nivel. Ni acercarse, siquiera. Por supuesto, me refiero al cine más o menos reciente.

Y bueno, "La caseta del terror" no es una excepción. Los artífices del filme, Cooke y Talbot, parecen especializados en dichas recopilaciones, si tenemos en cuenta que otra obra muy similar como "Campfire Tales" también es suya. Ahora bien, si comparamos ambas, la que nos ocupa es un pelín superior.

En primer lugar, tenemos un reclamo casi irresistible, como es el mítico Gunnar (Leatherface) Hansen como Maestro de Ceremonias. Me gustaría saber qué porcentaje de personas que se han acercado a la película, lo han hecho atraídas por esta circunstancia. Con toda seguridad, altísimo. Sin embargo, para nuestra decepción, en este caso el Maestro de Ceremonias aporta muy poca, por no decir casi ninguna sustancia. Se limita a enlazar las cuatro historias que componen el filme, haciendo gala únicamente de su imponente presencia física. En realidad son cinco, los episodios. Y de hecho, el quinto atañe al mencionado anfitrión. Lo que ocurre es que resulta tan anecdótico, que casi no vale la pena ni contabilizarlo. De ahí la queja de que los directores podían haberlo aprovechado mucho más.

En cualquier caso, si vamos al meollo de la cuestión, esto es, a analizar qué dan de sí los segmentos que componen la antología, podríamos decir que aún dentro de la lógica irregularidad de casi toda antología que se precie, no están del todo mal. Hay variedad de temáticas: espiritismo, licantropía, criaturas deformes, vampirismo... En ese sentido, para todos los gustos.


Para quien esto escribe, la mejor es la segunda, la protagonizada por el niño que se va a vivir con una pareja de campesinos que esconden secretos. Se advierte en ella una gran influencia de Stephen King, del mismo modo que en otras de las historias podríamos atisbar rasgos de Clive Barker (en la primera) o de Poe (en la tercera y más floja). Incluso algún rasgo de Lovecraft en la cuarta.

El nivel de truculencia podríamos calificarlo como mediano. Ni peca por exceso, ni por defecto. Y la calidad de los efectos especiales y de maquillaje es aceptable. Por lo menos no hay un abuso de recursos digitales, algo que se agradece, máxime tratándose de un producto facturado en plena década de los noventa.

En todo caso, seguramente lo más negativo que puede decirse de este filme es la falta de "alma" que transmite. Un rasgo muy característico del cine de terror de nivel mainstream que se produce en la actualidad. Especialmente el destinado al mercado videográfico o televisivo. Algo que en tiempos pasados no ocurría, ni siquiera con obras encaradas a un público eminentemente adolescente, como ésta. Y es que a priori en esta película habría suficientes recursos potenciales a nivel argumental, visual, de escenarios, etc. como para dotarla de un estilo mucho más definido y personal. Más llamativo, en definitiva. Pero por desgracia, el tono de telefilme plano permanece a lo largo de los cien minutos que dura el largometraje.

Con los mismos elementos que se manejan aquí, un buen cineasta especializado en el género podría conseguir un resultado muchísimo más brillante. Pero claro, ¿dónde encontramos hoy día un buen cineasta especializado en el género, con lo buscados que están? Sobretodo en Estados Unidos.

Así pues, otra película de terror compuesta por episodios, apta para todo aquel fanático de este estilo de filmes. Que no sea demasiado exigente, eso sí.

sábado 12 de abril de 2008

"Leviatan", de Claudio Fragasso


FICHA TÉCNICA:

Título Original: "Monster Dog"/ Dirección y guión: Claudio Fragasso/ Producción: Carlos Aured, Clark Tyrrel y Helen Szabo/ Fotografía: José García Galisteo/ Montaje: Antonio José Ochoa/ Música: Grupo Dichotomy/ Efectos Especiales: Carlo De Marchis/ Reparto: Alice Cooper, Victoria Vera, Carlos Santurio, María José Sarsa, Pepita James, Emilio Linder, Ricardo Palacios, Luis Maluenda, Barta Barri y Charly Bravo. España-USA-Puerto Rico, 1984. Color. 79'

O "Monster Dog", de Clyde Anderson, como se quiera. La peli da exactamente el mismo "miedo".

Resulta imposible enfrentarte a esto sin una sonrisa previa. ¿Cómo no hacerlo ante un filme que entre sus intérpretes tiene nada menos que a Alice Cooper, a Victoria Vera o a un tal Charly Bravo (no es coña, se hace llamar así y ha salido en un montón de pelis)? En realidad, todo es una especie de vídeoclip de ochenta minutos, creado para el disfrute de los fans de Cooper. No en vano lo primero que vemos es, literalmente, un vídeoclip de la rockstar estadounidense haciendo gala de su innata gracia para disfrazarse. En el tramo central, hay algún otro, más o menos introducido con calzador. Diríase que es la respuesta a aquel "Thriller" de Landis para mayor gloria de Michael Jackson, pero en plan cutre. Al fin y al cabo, aquí también hay perros-lobo, hombres-lobo, hombres con humor de perros y bueno, de todo un poco. Hasta hombres-oso (sale Ricardo Palacios).

En cuanto a la película en sí, un análisis mínimamente serio serviría para calificarla de despropósito absoluto. Una trama inconexa, que más que avanzar a ráfagas, va dando saltos mortales y lo mismo se centra en un caserón al más puro estilo "historia de casa encantada", como de repente y sin saber cómo, se convierte en un western de pacotilla, en un cambio de tercio tan brusco como incomprensible. Hay más equilibrio y más consistencia argumental en "Padre no hay más que dos" de Ozores o en "Buenas noches, Sr. Monstruo" de Mercero. De ahí que, por su propia estructura, quepa hablar de vídeoclip extendido, a causa de esa libertad que se toma Fragasso para trasladar la acción de un modo tan injustificado y a capricho.


Del aspecto interpretativo, poco cabe decir. Desde luego, aunque a Cooper le vaya cantidad el carácter teatral de la música rock, a tenor de los montajes y espectáculos que siempre han acompañado su carrera, jamás podría ganarse la vida como actor mínimamente serio. Eso sí, a lo largo del filme da la sensación de estárselo pasando en grande. Además, hay detalles francamente hilarantes, como una descaradísima exposición de productos Kellog's en una comida de los personajes, al más puro estilo teleserie hispana. Descaradísima, porque en lugar de enseñar con más o menos disimulo una caja de cereales y punto, te plantan en primer plano una serie de cajitas pequeñas con TODAS las variedades de la marca.

Dicho lo cual, tampoco sería justo olvidar algún pequeño detalle que hace que la peli resulte simpática e incluso disfrutable. Por ejemplo el principio en el que toda la troupe que acompaña a Cooper llega a la población misteriosa, con una niebla bastante sugerente. O los propios efectos especiales y de maquillaje que, contra lo que cabría esperar, resultan bastante buenos. Eso sí, no se sabe muy bien si Vince Fournier (Vince Raven, en el filme) da más miedo transformado en licántropo, o con jersey y camisa. Porque en esta última apariencia aún resulta más chocante, teniendo en cuenta su imagen habitual.

"Nuestra" Victoria Vera tiene un protagonismo bastante destacado en la historia y hace mejor pareja en pantalla con el cantante de lo que puede parecer a simple vista. En esa época estaba muy guapa y Fragasso se ocupa de que su belleza sea debidamente resaltada. Y tampoco podemos obviar el hacer una mención al apartado musical, clave sin duda. Particularmente, hubiese preferido que la película se hubiese hecho en otra época. Porque se da la circunstancia de que esa primera mitad de los ochenta coincidió con el período más flojo de la carrera del artista, de ahí que las canciones que aparecen en la peli representen ese período comercialoide y carente de la garra de los mejores trabajos de Doña Alicia.


El filme es una coproducción entre USA, España y Puerto Rico, en la que participa Carlos Aured, por cierto, con el citado Fragasso como director. El italiano, en uno de sus momentos más prolíficos, tanto detrás de la cámara como en labores de guionista, en las que siempre ha hecho gala del mismo "talento". Y en definitiva, no deja de ser un producto tan exótico como simpático.

viernes 11 de abril de 2008

"Mother of Tears: The Third Mother", de Dario Argento


FICHA TÉCNICA:

Título Original: "La Terza Madre"/ Dirección: Dario Argento/ Guión: Jace Anderson, Simona Simonetti y D. Argento/ Producción: Claudio Argento, Kirk D'Amico y D. Argento/ Fotografía: Frederic Fasano/ Montaje: Walter Fasano/ Música: Claudio Simonetti/ Efectos Especiales: Sergio Stivaletti/ Reparto: Asia Argento, Christian Solimeno, Adam James, Moran Atias, Valeria Cavalli, Philippe Leroy, Daria Nicolodi, Udo Kier, Jun Ichikawa. Italia-USA, 2007. Color. 97'

¿Quién dijo que madre sólo había una? Eso no es así. Argento tiene tres. Y aunque a ésta ya llevábamos veintitantos años esperándola, al fin ha aparecido. Más vale tarde que nunca. Y siguiendo con los refranes, nunca es tarde si la dicha es... aceptable. Porque no nos engañemos, Argento ya hace bastante que dejó de ser "aquel" Argento. Casi tanto como tiempo ha tardado en aparecer esta Mater Lacrimarum. Salvo contados momentos de inspiración, como "Phenomena" o en alguna medida "El Síndrome de Stendhal", ese cineasta maravilloso y deslumbrante, avanzado discípulo de Mario Bava (parece más hijo suyo que el torpón Lamberto) y a su vez declarada influencia de muchísimos cineastas modernos (incluso fuera del Fantástico), ya ha quedado muy atrás.

Puede decirse que si ha valido la pena esperar tanto, únicamente ha sido para poder ver a Asia Argento protagonizando el filme. Porque resulta un irresistible punto de encanto verla en un personaje así, en el centro de una historia que, eso sí, es sin ninguna duda 100% "argentiana". También lo era la mencionada "El Síndrome de Stendhal", pero al fin y al cabo no estaba tan íntimamente relacionada con la época dorada del cineasta y por tanto no podía tener ese valor añadido.

Lo mejor de "The Mother of Tears" es la trama. Cuando uno ya está bastante cansado y saturado de tramas detectivescas que utilizan el terror como excusa o como mero telón de fondo, es un gustazo asistir a una muestra de típico terror a la italiana, rotundamente sobrenatural y con un acento evidente en la atmósfera. De todas formas, no sería honesto evitar el calificativo de "irregular". En ese sentido, la película casi funciona mejor como cierre de la trilogía, que como obra independiente.
Tras un arranque algo tibio, aunque muy propio y característico del estilo del director, el nudo central cobra energía y en él asistimos a momentos ciertamente potentes. Lástima que en el último tramo y coincidiendo con esa discutible aparición en forma de "angelito de la guarda" de Daria Nicolodi (entrañable presencia, por otro lado) de nuevo la cosa empiece a decaer, para acabar en un desenlace que no termina de dejar buen sabor de boca, por lo precipitado y trivial.

En el haber de Argento, sin embargo, hay el hecho de introducir algunas de las escenas más brutales y sanguinarias de toda su filmografía. No son muchas, pero sí suficientes. Al menos se agradece que no haya perdido la voluntad de impactar. Amén de los mencionados momentos donde el desarrollo engancha de lo lindo y la trama resulta interesante en grado máximo. Por contra, algo tan fundamental como era la utilización de la música en su cine, en este caso está muy por debajo de las expectativas. Lo mismo puede decirse de las interpretaciones, aunque esto es casi un rasgo distintivo de siempre. Especialmente en el caso de los intérpretes masculinos. Diríase que al muy pillín le gusta más trabajar con las actrices que con los actores.

En cuanto a los aspectos técnicos, una fotografía menos arriesgada que en otras ocasiones y tal vez demasiado oscura. Aún así, funciona razonablemente bien. Y los efectos especiales, también correctos, pese a algún "toque" digital que chirría en exceso. Por suerte, la cosa no llega a ser desastrosa.

La pobre Asia, que a día de hoy se ha convertido en una actriz más que correcta, a diferencia de la inexperta "pipiola" que aparecía en "Trauma" hace quince años, hace lo que puede con un personaje que brilla más por las circunstancias que lo rodean, que por su propia entidad. Y otra de las razones para calificar la película de "irregular" viene dada por la diferencia de tono con respecto a "Suspiria" e "Inferno", que si por algo se caracterizaban era por ser las dos películas más descaradamente oníricas de Don Darío. En cambio, en "The Mother of Tears" a la postre acaba habiendo tanta acción como atmósfera, o casi más aún. Lo cual resulta algo decepcionante. Al menos, a juicio de quien esto escribe.

En todo caso, teniendo en cuenta el momento de forma del director, que como ha quedado claro y todo el mundo sabe, no es el mejor, hay que valorar el loable intento de reverdecer glorias pretéritas. ¿Sólo se ha conseguido a medias? Pues bueno, mejor eso que nada. Y si en lugar de comparar la historia de esta Terza Madre con "Rojo oscuro", "Suspiria" o "El pájaro de las plumas de cristal", lo hacemos con "Insomnio", "El jugador" o "El fantasma de la Ópera", pues casi resulta una obra notable. Quien no se conforma, es porque no quiere. Y a Argento hay que mimarle. Siempre.

jueves 10 de abril de 2008

"The Doll From Hell", de Shinobu Murata

FICHA TÉCNICA:

Título Original: "Ikenie"/ Dirección: Shinobu Murata/ Guión: Toyoshi Yoshioka/ Producción: Yoshinori Chiba y Mitsuo Matsukawa/ Fotografía: Yoshishige Tsuda/ Montaje: Takenari Yoshida/ Música: Takashi Nakagawa/ Efectos Especiales de maquillaje: Naofumi Yonetsuka/ Reparto: Yuuko Sakaki, Rie Kondoh, Houka Kinoshita, Tomomi Nishizaki, Momoko Nishida, Hajime Yamaoka, Issei Takubo y Motoko Nano. Japón, 1996. Color. 77'

Un filme cuyo análisis no requiere demasiada extensión.

Se trata de una explotación de los "muñecos diabólicos" estadounidenses, aunque con algún aderezo estético de carácter oriental, para darle más personalidad. La principal innovación consiste en transformar a la muñeca propiamente dicha en un híbrido entre muñeca (a tamaño natural, en plan Berlanga) y zombie. En ese sentido, los rasgos de la muñeca nos remiten directamente al clásico fantasma de obras como "Kwaidan". Por desgracia, ahí acaba toda similitud con dicha obra maestra.

Por lo demás, el esquema argumental es netamente "slasher", con un grupito de niñatos cafres (pero que muy cafres) que sufren en sus carnes la venganza de ultratumba de una familia de bucólicos ciudadanos japoneses, el cabeza de la cual se dedica a construir muñecas.

A partir de dicha premisa, el filme se limita a los habituales corre-que-te-pillo y cuando-te-pillo-te-mato, dentro de una casa. Con generosas dosis de violencia y sexo, eso sí. En este último aspecto, Murata es generoso. No olvidemos que los adolescentes nipones son menos puritanos que los estadounidenses, puesto que semejante carga de carnaza, difícilmente sería tolerable en el mercado mainstream yanqui.

El ritmo de la película es bastante frenético, lo cual se agradece, puesto que poco contenido para recrearse puede ofrecer. Es éste uno de esos productos para ser consumidos y olvidados a toda velocidad, sin dejar ninguna clase de huella. En cualquier caso, sí hay una presencia de elementos visuales con cierta prestancia, pero que se asocian más a la estética del vídeoclip, que a la cinematográfica propiamente dicha.

En definitiva, del mismo modo que a lo largo de los últimos años hemos asistido a un desembarco de talentos del fantástico oriental en las producciones norteamericanas, ya sea en forma de obras propias, o en forma de remakes, también es notoria la influencia a la inversa. Así que, dejando de lado las mencionadas cuestiones acerca del sexo, por lo único que puede detectarse en un principio que "The Doll From Hell" pertenece a la industria japonesa, es por los rasgos físicos de los actores. En todo lo demás, no hay diferencias con respecto a cualquier slasher-churro-para-adolescentes de los USA.

Eso sí, al menos por lo visto aquí, dudo que Shinobu Murata acabe siguiendo la estela de los Nakata o Shimizu. Y es que no hay nada en este filme que valga mucho la pena, ni le otorgue un carácter distintivo.

miércoles 9 de abril de 2008

"El lado oscuro del terror", de Gus Trikonis


FICHA TÉCNICA:

Título Original: "The Darker Side of Terror"/ Dirección: Gus Trikonis/ Guión: Al Ramrus y John Herman Shaner/ Producción: Bob Banner y Clyde Philips/ Fotografía: Donald M. Morgan/ Montaje: Ann E. Mills/ Música: Paul Chihara/ Reparto: Robert Forster, Adrienne Barbeau, Ray Milland, David Sheiner, John Lehne, Denise DuBarry, Jack De Mave, Thomas Bellin, Heather Hobbs, Eddie Quillan y Raye Sheffield. USA, 1979. Color. 91'

A lo largo de la década de los setenta, se facturaron en USA una serie de telefilmes más que agradables. A diferencia de ahora, donde lo que predominan son las historias "basadas en hechos reales" con vocación melodramática, elaboradas al más puro estilo "churros en serie" y las escasas aproximaciones al género terrorífico son ciertamente vergonzantes, en aquel tiempo toda una serie de buenos cineastas especializados en el fantástico se acercaron al medio televisivo. Un ejemplo sería John Carpenter, con su fabulosa "Alguien me espía" protagonizada por Lauren Hutton y Adrienne Barbeau.

Precisamente esta última es una de las protagonistas de la peli que nos ocupa. Barbeau era en aquella época una habitual del género, del mismo modo que el director Gus Trikonis. Y en este caso, nos presentan un filme tan modesto y claramente adscrito a la serie b, como entretenido y disfrutable.

Aunque no puede decirse que el tema de los "clones" o los "dobles" sea rabiosamente original, ya que siempre ha aparecido tanto en historias de terror como de ciencia ficción, sí que en esta ocasión resulta una buena disculpa argumental. Robert Forster, otro actor entrañable, interpreta a un científico que trabaja asociado a otro investigador ya veterano (interpretado por el gran Ray Milland, que a lo largo de toda la última etapa de su carrera, fue un habitual del fantástico) en estudios sobre la clonación. Una serie de circunstancias desgraciadas desencadenan el desastre: Forster es clonado y su doble toma su lugar.

Tenemos unas interpretaciones correctas, tampoco demasiado exigentes, en honor a la verdad. Es posible que el personaje del científico rival del protagonista, el malo de la función para entendernos, pudiese haber sido encarnado por un actor algo más carismático. Y el propio personaje en sí, no resulta del todo aprovechado. En cuanto a la realización, es plana y funcional, sin alardes.

Detrás de ese título, algo vago y facilón, la trama y su desarrollo recuerdan mucho a las típicas historietas de los antiguos comic-books de la EC. Y tiene ese mismo aroma añejo. Ello no es óbice para que haya un ligerísimo tono picante en algunas situaciones, fácilmente imaginables, cuando el doble hace acto de presencia en el hogar marital. En cualquier caso, no hay que esperar momentos de voltaje erótico, del mismo modo que tampoco hay sangre, ni violencia excesiva, o efectos especialmente llamativos y sórdidos. En ese aspecto, el medio televisivo impone sus reglas.

La película es modesta, como decía. Y como tal, debe ser disfrutada. Es cuestión de ponerse en la perspectiva del momento y ver que a efectos de llenar un espacio televisivo, colma las necesidades del aficionado. Ojalá hoy en día apareciesen en nuestras pequeñas "cajas tontas" productos así de entretenidos, en lugar de la tremenda cantidad de basura que nos asola.

martes 8 de abril de 2008

"Nosferatu en Venecia", de Augusto Caminito


FICHA TÉCNICA:

Título Original: "Nosferatu a Venezia"/ Dirección: Augusto Caminito/ Guión: Alberto Alfieri, Leandro Luchetti y A. Caminito/ Producción: Carlo Alberto Alfieri/ Fotografía: Tonino Nardi/ Montaje: Claudio M. Cutry/ Música: Luigi Cecarelli/ Efectos Especiales: Franco Ragusa/ Reparto: Klaus Kinski, Christopher Plummer, Barbara De Rossi, Donald Pleasance, Yorgo Voyagis, Anne Knecht, Elvire Audray, Clara Colosimo. Italia, 1988. Color. 90'

Antes que nada, decir que aunque la película la firme Caminito, en ella intervinieron un puñado de cineastas. Desde Mario Caiano (despedido) hasta Luigi Cozzi, pasando por el mismísimo Kinski, que conociéndole, no me extrañaría que fuese el desencadenante de todo el "baile" de directores.

En todo caso, hablemos de la peli. Para empezar, decir que comienza de un modo bastante atractivo. Haciendo honor, además, al referente literario de Stoker, con un par de voces en off adoptando el estilo narrativo epistolar. Un inicio en el que las imágenes tienen fuerza, con Christopher Plummer (el Van Helsing de la función, para entendernos) transitando los canales venecianos erguido en una góndola.

Lo más triste es que ese aspecto visual de "postal" no se abandona en ningún momento. Uno puede entender que los escenarios sean importantes, máxime los de una ciudad como Venecia, que se prestan al carácter romántico del vampiro. Pero cuando dicho estilo se antepone totalmente a la narración, mal asunto. Y a la postre, eso es lo que acaba sucediendo. La excusa argumental es anecdótica y previsible: el vampiro que aparece de repente, presto a seducir jóvenes doncellas (en este caso, vírgenes) que acaben con su maldición. En ese sentido, no hay más que en cualquiera de las apariciones del Mito, a lo largo de la historia del cine. Desde las más clásicas, hasta las visiones del tema que mostraron los británicos en las producciones de la Hammer, e incluso los españoles a lo largo de la década de los setenta, especialmente en las aportaciones más "serias", que alguna hubo.


Así pues, ¿qué hay de destacable en "Nosferatu en Venecia" que la separe de cualquier otra aproximación al mito vampírico? Pues aparte de los aludidos escenarios venecianos, la presencia de Kinski, por supuesto. Una presencia que se asemeja más que a otra cosa a la de una estrella de rock, tipo Alice Cooper o Mick Jagger. Con momentos tan "memorables" como esa aparición estelar (y tirando a sonrojante) del cuadro gitano comandado por la mismísima Chunga. Vale, es original y los gitanos vienen del Este, como Nosferatu. Pero... sobretodo a ojos de un espectador hispano, resulta algo bastante más cutre que exótico.

Aparte de todo eso, el ritmo de la película es flojo. Muy monótono. Seguramente influye en ello la mencionada endeblez del guión. Demasiada recreación en Kinski, en sus poses y en sus aires de "rockstar". No hay la tensión necesaria para un filme de terror, por muchos tonos románticos que se la quieran insuflar. Y a ello no contribuye tampoco que personajes como el mencionado de Plummer o el de Donald Pleasance, que también está por ahí, no sean más que anécdotas. Todo gira en torno a Kinski. Que no es que me moleste a título personal, pero que no resulta suficiente para sostener la narración cinematográfica.

Ahora bien, si somos capaces de disfrutar centrándonos casi en exclusiva en la (indudablemente) cuidada puesta en escena, atractiva y refinada, pues "Nosferatu en Venecia" no constituye una total pérdida de tiempo. O si nos apetece regocijarnos en la siempre excesiva figura de Kinski. Pero nada de esperar una contribución consistente y a tener en cuenta dentro de la abundante colección de filmes vampíricos, porque no es de las más afortunadas. Para muestras visualmente epatantes, pero a la vez robustas narrativa y cinematográficamente, ya está la de Coppola.

lunes 7 de abril de 2008

"Demencial", de Don Gronquist


FICHA TÉCNICA:

Título Original: "Unhinged"/ Dirección: Don Gronquist/ Guión: Reagan Ramsey y Don Gronquist/ Producción: Dan Biggs, Dale Farr y D. Gronquist/ Fotografía: Richard Blakeslee/ Montaje: Philips Blair y Foster Castleman/ Música: Jon Newton/ Maquillaje: Janet Scoutten/ Reparto: Laurel Munson, Janet Penner, Sara Ansley, Virginia Settle, John Morrison, Barbara Lusch y Bill Simmonds. USA, 1982. Color. 79'

Muchas veces, el regusto que te deja una película depende en gran medida de lo que esperas de ella. Y si vas predispuesto a una cosa, sin que luego el resultado se acerque a eso, acabas decepcionado.

Quien se acerque a ver esta "Demencial" con la pretensión de ver un filme especialmente brillante, con una trama más o menos compleja y un ritmo dinámico, seguramente se va a llevar un chasco. Porque lo cierto es que la película de Gronquist es, más que ninguna otra cosa, un filme pequeño. Un filme que hace de la modestia, su mejor virtud.

Aquí no tenemos sangre a raudales, aunque la hay. No tenemos más que a unos pocos personajes y un desarrollo que abarca muy poco recorrido. Al cuarto de hora escaso, todas las cartas del guión están sobre la mesa: un trío de chicas llega a una casa solitaria, habitada por una gente algo peculiar. A partir de ahí, lo que cabe esperar. Independientemente de que todo apunta a un "slasher" más o menos tópico, sería erróneo asociar esta historia a dicho subgénero. Al menos si esperamos un "slasher" al uso. Puede ser uno de los motivos de descontento en el espectador, si eso es lo que busca. Normalmente en los "slashers", las muertes se suceden y se reparten con más o menos abundancia. Pero en este caso, se trata más bien de establecer un determinado clima opresivo, que hace mella en las protagonistas y contagiarse de dicha atmósfera de inquietud.


A lo largo del metraje, estás convencido de que algo va a pasar, pero realmente no es hasta el final cuando se desencadena el horror más evidente. Una apuesta algo arriesgada, pero que bajo mi punto de vista, funciona razonablemente bien. Posiblemente es en el aspecto interpretativo donde la película deja más que desear. Actores poco experimentados y con bastantes limitaciones, especialmente en el caso de la rubia protagonista.

Aparte de eso, Gronquist filma con convicción. Sabiendo muy bien lo que quiere contar y cómo hacerlo. Independientemente de que la escasez de medios sea mayor o menor, el tono minimalista que se desprende, le va muy bien a la historia. Porque contribuye a crear un ambiente ciertamente sórdido e incómodo, con una fotografía muy naturalista. Es algo que sorprende hasta cierto punto, puesto que el acabado y la factura del filme lo asemejan más a un producto español de los setenta, en lugar de ser una producción "media" estadounidense. Por establecer un paralelismo hasta cierto punto aproximado en cuanto al aspecto de esta obra, estamos más cerca del terreno de "La última casa de la izquierda" que de "Viernes 13". Algo que se ve muy claramente en la propia utilización de las escasas secuencias violentas que hay. Una violencia mucho más seca que adornada. Tan seca y efectiva que, de hecho, provocó que el filme fuese censurado en Inglaterra.

Dicho lo cual, tampoco nos engañemos. Si hablo de "Demencial" como de un filme "pequeño", lo hago tanto para lo bueno como para lo malo. Es una película que, aunque no pretende engañar a nadie, tampoco aspira a cambiar la historia del género. Si hablásemos de ella en términos literarios, en lugar de buscar la profundidad y el largo recorrido de una novela, más bien funcionaría como uno de esos relatos cortos con final impactante. Que no disgusta, pero que sabe a poco.

domingo 6 de abril de 2008

"El Más Allá", de Lucio Fulci


FICHA TÉCNICA:

Título Original: "L'Aldilà"/ Dirección: Lucio Fulci/ Guión: Dardano Sachetti/ Producción: Fabrizio De Angelis/ Fotografía: Sergio Salvati/ Montaje: Vincenzo Tomassi/ Música: Fabio Frizzi/ Efectos Especiales y Maquillaje: Germano Natali y Giannetto De Rossi/ Reparto: Katrina MacNichol, David Warbeck, Cinzia Monreale, Antoine Saint-John, Veronica Lazar, Anthony Flees, Giovanni De Nava y Al Cliver. Italia, 1981. Color. 83'

Todo el mundo de rodillas. Ésta es una película importante, se mire por dónde se mire. Importante y especial. Es especial porque constituye la expresión máxima del cine de Fulci. Aúna su vertiente primeriza más atmosférica (la de "Angustia de silencio" o "Una lagartija con piel de mujer") con la etapa ochentera, que es aquélla por la cual ha obtenido el aprecio de las nuevas generaciones de aficionados. Y del mismo modo que "Siete notas en negro" era el nexo que unía ambas épocas, en "El más allá" encontramos al Fulci más inspirado y asentado. Orientado definitivamente al cine de terror. Al más genuino, con todos sus defectos y todas sus virtudes.

Una trama eminentemente sobrenatural, situada en el estado de Louisiana y que reúne elementos lovecraftianos con otros más clásicos, pero que a la vez resulta rabiosamente actual, ilustrando las tendencias de aquellos primeros ochenta. En "El más allá" vemos todos esos rasgos que distinguirán de ahí en adelante y para la posteridad el cine de Fulci. Aquellos por los que se le recuerda y se le recordará. Rasgos enlazados por una cadencia pesadillesca. Éste es el Fulci más libre y desprejuiciado. Un cineasta al que no le importa sacrificar la coherencia narrativa con tal de conseguir una imagen impactante y visualmente potente. Análisis que sirve para describir prácticamente todo lo que ocurre en la película. Y es que a partir de una trama más o menos lógica, lo que importa es la suma de momentos alucinógenos, esos planos que se le quedan a uno grabados de manera indeleble.


La disculpa argumental se centra en una antigua maldición que señala al hotel donde tiene lugar la acción como una de las siete puertas del infierno. La protagonista, Kristy MacNichol (una de las musas del director) se hace cargo de dicho hotel, sin reparar en lo que se le viene encima. Y lo que se le viene encima son zombies, muertes terribles, una atmósfera opresiva y toda clase de peligros.

Resulta complicado hablar de "El más allá" como un todo. Es mucho más lógico hablar de ella como una suma de momentos. En un primer tercio encontramos un tono más sugerente y atmosférico, al que seguirá un nudo salpicado de momentos tan memorables como caprichosos y un desenlace repleto de acción e intensidad. Las incoherencias del guión, lejos de resultar un lastre, son un punto a favor, porque ayudan a conformar ese tono entre onírico y alucinado, donde nada tiene sentido y cualquier cosa puede suceder. Sirva como ejemplo el brutal segmento de las tarántulas, o el de la morgue y el ácido.

Para poder llegar a apreciar el filme, se hace necesaria una visión carente de exigencias formales. Sumergirte en él es renunciar totalmente a las conveniencias que exige el guión cinematográfico y la congruencia más académica. Pero vale la pena. Vale la pena porque el nivel de intensidad es tal que apenas encontramos tiempos muertos. A lo largo de todo el metraje suceden cosas, de forma constante. No hay un solo respiro. Todo vale con tal de mantener la tensión. Y en este punto vuelvo a un calificativo que he usado más atrás: "pesadillesco". Pocas veces hemos encontrado tan bien dibujados el contorno y el epicentro sin salida de una pesadilla como en "El más allá". Tal vez en "Phenomena" de Argento hallaríamos un tono parecido.


Los escenarios están perfectamente aprovechados. Desde la morgue hasta la casa, con ese sótano del que emerge el mismísimo Infierno. La banda sonora, no especialmente enfática, pero sí suficientemente presente. No resulta apropiado hablar de nivel interpretativo. Es algo casi ridículo, porque por otro lado, los personajes como tales, no existen. Son meras figuras corpóreas, sin más. Hay un nivel tan elevado de falta de pretensiones de coherencia, que resulta casi emocionante. Pero no porque sí, sino porque dicha falta de pretensiones redunda en la mencionada intención de epatar a toda costa. Y ahí nace el milagro. El milagro que provoca que Fulci consiga una obra consistente, cuando lo normal sería que semejante intencionalidad cristalizase en un desaguisado tremendo. Pero lo cierto es que "El más allá" es tremendamente compacta. Una obra tensa y cuya atmósfera lo llena todo. Una atmósfera espesa y rojiza. Opresiva y densa.

Cuando se pontifica acerca de las bondades y las maldades del cine fantástico, uno puede seguir dos vías. Por un lado, la puramente académica. Aquélla que nos lleva a considerar como puntos culminantes del género las obras de Whale, Fisher, etc. Es decir, el clasicismo elevado a la máxima expresión. Pero luego hay una segunda vía. Una vía exclusiva para cineastas como Fulci. No es el único, pero sí seguramente el más significativo. Un Fulci que, contra lo que muchos pretenden, no es ningún inútil tras la cámara. Y mucho menos torpe. Hay en "El más allá" una serie de planos llenos de sentido y de talento. Del mismo modo que los había en su primera época, indudablemente más rica artísticamente que la segunda. De esta película se podrá discutir el guión (todo y que ha quedado dicho que el principal interés del director no va por ahí). Pero lo que no se puede discutir de ninguna de las maneras es la capacidad de Fulci para perturbar. Y donde otros apartarían la cámara, él la coloca hasta las últimas consecuencias.

Ahí entra otro capítulo de elogios. Los dirigidos hacia las labores de maquillaje y efectos especiales. Absolutamente brillantes. Ojos arrancados, piel rasgada, quemada y destrozada... no hay límites. Del mismo modo, la fotografía también resulta estupenda. De hecho, están todos los colaboradores habituales del director: Sachetti en el guión, Tomassi en el montaje, Salvati en la fotografía, etc.


A pesar de todo, no podemos obviar las mencionadas lacras del guión, aunque sólo sea a mero título enunciativo. Especialmente llamativas son las apariciones de personajes que entran y salen de la acción al más puro capricho. Ese siniestro hospital, que sólo parece habitado por un par de enfermeros... y los zombies. O el propio hotel, que exteriormente parece una casita modesta, pero por dentro aparenta ser interminable en cuanto a extensión (sótanos aparte). Eso por no hablar del empeño del protagonista masculino en deshacerse de los zombies a base de disparos al cuerpo, cuando sabe perfectamente que el único modo de matarlos es disparándoles al cerebro. Y qué decir del final. Tan descaradamente incongruente y libre, tan desprovisto de toda lógica como el de "Aquella casa al lado del cementerio" o el de "Miedo en la ciudad de los muertos vivientes".

En fin, seguramente no hace falta seguir profundizando mucho más. Aunque de "El más allá" se podría hablar durante horas y horas, porque el filme lo requiere, lo mejor es verla. Dejarse llevar. Dejarse sumergir en ese inframundo alucinógeno del querido y entrañable Lucio Fulci y acabar literalmente (sin saber cómo) en mitad del Infierno, del mismo modo que los personajes.

sábado 5 de abril de 2008

"King Kong contra Godzilla", de Ishiro Honda


FICHA TÉCNICA:

Título Original: "Kingu Kongu tai Gojira"/ Dirección: Ishiro Honda/ Guión: Shinichi Sekizawa, Bruce Howard y Paul Mason/ Producción: John Beck y Tomoyuki Tanaka/ Fotografía: Hajime Koizumi/ Montaje: Reiko Kaneko/ Música: Akira Ifukube/ Efectos Especiales: Eiji Tsuburaya y Akira Watanabe/ Reparto: Tadao Takashima, Kenji Sahara, Yu Fujiki, Ichiro Arishima, Jun Tazaki, Akihiko Hirata, Mie Hama, Harold Conway, Michael Keith y Byron Morrow. Japón-USA. Color. 90'

En su día debió ser alucinante el encuentro de estos dos colosos en la pantalla grande. Me imagino a los niños y adolescentes de la época, tanto los de ojos rasgados como los de la gorra de béisbol, con las bocas abiertas de par en par disfrutando de este delicioso artefacto. Todo ello después de la pertinente campaña de promoción, que debió ser tan colosal como la medida de los dos protagonistas requería.

En "King Kong contra Godzilla" podemos ver a los dos bichos a todo color. Con el cambio de aspecto, creo que la criatura japonesa sale ganando. Y es que el King Kong de colorines pierde bastante ferocidad, convirtiéndose en una especie de orangután algo tontorrón, un poco más grande de lo normal y con algún problemilla de ortodoncia, pero no mucho más. Eso sí, los escenarios en color adquieren una dimensión diferente, que los emparenta directamente con el cine de aventuras más clásico, el que todos recordamos de las adaptaciones de los clásicos juveniles. Mientras la isla del King Kong en blanco y negro era un paraje siniestro, aquí se nos muestra de una forma más alegre y aprovechable, como marco de acción, con esos indígenas de rasgos orientales convenientemente coloreados de oscuro.

El esquema narrativo es el habitual de las películas de Godzilla y la disculpa para ver en acción a los dos monstruos resulta tan rebuscada como cabe esperar. Aparte de eso, sí hay alguna diferencia con respecto a los dos capítulos anteriores de la saga. En especial el que se refiere a las peleas. Mientras en las dos anteriores, la acción se limitaba principalmente a ver a Godzilla destruir edificios y escenarios diversos, aquí tenemos las simpáticas luchas entre los dos protagonistas, con un pulpo gigante como estrella invitada, en la que por cierto es una de las secuencias más agradecidas de la película. Una serie de enfrentamientos coreografiados casi al modo de un combate de wrestling, (tan de moda en estos momentos).


Por lo demás, los efectos especiales siguen siendo más o menos igual de rudimentarios que siempre y seguramente más "cantarines" precisamente por la nitidez que aporta el color, en detrimento del blanco y negro. Del mismo modo, se ven acentuados los aspectos de comicidad de alguno de los personajes. Rasgo éste, que se mantendrá en las sucesivas aportaciones a la serie. Asimismo, resulta en extremo regocijante alguna circunstancia del filme, como las alusiones a la bomba atómica (diecisiete años después de Hiroshima y Nagasaki, que no parece un espacio de tiempo particularmente grande) en una coproducción entre USA y Japón. Es casi como lo que contaba "Rocky IV", con el enfrentamiento entre un púgil americano y otro ruso, con la Guerra Fría aún caliente (si se me pemite la expresión).

Y por cierto, ¿quién resulta vencedor del singular combate entre las fantásticas criaturas? Pues diríase que, tal vez por el hecho de que el espíritu de la película es netamente japonés, pese a las aportaciones estadounidenses, al final es Godzilla el que se revela como el auténtico protagonista y como el coloso cinematográfico por definición del subgénero del Kaiju Eiga.

En cualquier caso, resulta curiosa la vigencia que conservan estos filmes. Seguramente hoy en día mucho más adecuados para el público infantil que juvenil, pero al mismo tiempo revestidos de un encanto para los adultos que en su día no podían tener, lo que asegura su perpetuidad en el imaginario colectivo del cine fantástico. Lo que entonces era sorprendente, hoy es entrañable.

viernes 4 de abril de 2008

"Chaos", de Hideo Nakata


FICHA TÉCNICA:

Título Original: "Kaosu"/ Dirección: Hideo Nakata/ Guión: Hisashi Saito/ Fotografía: Tokusho Kikimura/ Música: Kenji Kawai/ Reparto: Jun Kunimura, Ken Mitsuishi, Masato Hagiwara, Miki Nakatani. Japón, 1999. Color. 104'

La primera vez que tuve noticia de este cineasta fue, como imagino que le sucedió a muchos, gracias a "Ringu". Posteriormente, pudimos disfrutar de otra excelente muestra de su cine gracias a "Dark Water". Y cuando ya uno estaba entusiasmado con él, va y se nos desmarca con esa secuela americana de "The Ring", que francamente, dejaba mucho que desear.

Por suerte, no son los únicos trabajos de Nakata, así que hay la oportunidad de escarbar un poco en su carrera cinematográfica. Dentro de dicha carrera y después de las mencionadas, seguramente su película más conocida es esta "Chaos", pese a que no pertenezca de lleno al género de terror. Pero eso es lo de menos, porque cuando han transcurrido apenas los primeros minutos de la película, es ese momento en que uno se olvida de etiquetas, de géneros y de casi todo. Simplemente se deja llevar y disfruta.

Dicho lo cual, tampoco sería correcto desligar por completo este filme del género de terror. Más propiamente, del terror psicológico, al que podría adscribirse sin margen de error. Y es que "Chaos", al igual que cualquiera de las historias más turbias de Hitchcock, entra de lleno en los terrenos del suspense más perturbador. El que lleva consigo no sólo la propia inquietud sobre lo que va a pasar a continuación, sino la obligación moral de identificarse y sufrir con los personajes. De sufrir y de aterrarse, incluso.

No es casual la referencia al Mago del Suspense, puesto que si por algo se caracteriza claramente "Chaos" es por entrar sin complejos en ese terreno de pesadilla cotidiana en la que el protagonista se ve inmerso sin remedio. El propio tono de la intriga está preñado de influencias hitchcockianas, con indisimuladas alusiones a "Vértigo". Pero también se enmarca por completo en la narrativa más rabiosamente actual, en cuanto a las formas. Tenemos continuos saltos de tiempo en los que, a partir de una situación determinada, vemos después cómo se origina dicha situación y cómo nada es lo que parece. Los personajes se desdoblan, se persiguen, se acosan, se temen... y la trama se enrosca en espirales concéntricas, originando ese "caos" al que alude el título.

Una trama más absorbente que realmente intrincada, puesto que se sigue con un mínimo de atención sin problemas. Con golpes de efecto perfectamente calculados y con un "crescendo" que desemboca en un final que posiblemente es el único final posible, pero que al mismo tiempo consigue dejar un gran sabor de boca. Un final en el que cobra inesperado protagonismo el agua. Ese agua que es un elemento omnipresente en el cine de Nakata, a poco que uno se fije.

No hay en esta película nada estrictamente original. Ni falta que hace. Porque no se necesita originalidad cuando se tiene la capacidad de hacer algo bien hecho. Y Nakata la tiene. Sabe narrar con una fluidez envidiable y con el ritmo más adecuado. Sabe dirigir a los actores y sabe planificar cada secuencia con precisión matemática. Todo ello sin renunciar a la belleza formal, con planos estupendos y con una banda sonora exacerbadamente romántica. Así pues, estamos muy lejos de un simple pastiche. Por otro lado, del mismo modo que tras las historias de "Ringu" y sobretodo "Dark Water" había implicaciones intensamente dramáticas (la maternidad y la pérdida, la falta de cariño...) detrás de la aparente trivialidad del terror, aquí también vemos a personajes que sufren y son presa de sentimientos fuertes, con lo que ni por asomo son simples monigotes sin alma enmarcados en una intriga que lo es todo, algo en lo que suelen incurrir muchas veces los productos basados específicamente en los guiones/artefactos de precisión.

En definitiva, "Chaos" supone un auténtico festín para los seguidores de las historias sugerentes y perturbadoras, para los que gustan de participar activamente en la intriga y quieren dejarse sorprender, pero sin trampa ni cartón. Algo, esto último, bastante caro de ver hoy en día. Notable película.

jueves 3 de abril de 2008

"El Monstruo de Florencia", de Cesare Ferrario


FICHA TÉCNICA:

Título Original: "Il Mostro di Firenze"/ Dirección: Cesare Ferrario/ Guión: Fulvio Ricciardi, Mario Spezi y C. Ferrrario/ Producción: Mario Giacomini y Bruno Noris/ Fotografía: Claudio Cirillo/ Música: Paolo Rustichelli/ Reparto: Leonard Mann, Bettina Giovannini, Gabriella Tinti, Francesca Muzio, Federico Pacifici, Alberto Di Stasio, Anna Orso y Lydia Mancinelli. Italia, 1986. Color. 96'

Viendo esta película, me planteaba lo curioso que resulta a veces imaginar un mismo argumento, una misma trama, pero contada en épocas diferentes, en circunstancias diferentes e incluso con estilos distintos.

Y es que estoy convencido de que si "El Monstruo de Florencia", en lugar de haberse realizado en 1986, se hubiese hecho a principios o mediados de los años setenta, hubiese presentado unas características muy distintas. Para entendernos, nos encontramos ante una trama que encaja totalmente en los parámetros del giallo más académico. Unos ingredientes que un Sergio Martino o un Dario Argento hubiesen utilizado para cocinar uno de sus sugerentes trabajos, llenos de encanto visual y de particular atmósfera. Porque no sólo tenemos a un asesino, sino una trama criminal, algún personaje de índole obsesiva, nocturnidad a raudales, erotismo de baja intensidad...

Sin embargo, todo esto no son más que elucubraciones, puesto que la realidad nos sitúa en plena década de los ochenta, donde el propio Argento, de hecho, ya había matizado muchísimo su propio estilo, dotándole de mayores cotas de realismo, a diferencia de sus trabajos más "etéreos" y visualmente arriesgados de la década anterior. En este sentido y para situarnos definitivamente en la propuesta de Cesare Ferrario, una buena referencia sería la reciente "Zodiac" de Fincher, con la que "El Monstruo de Florencia" guarda más de una similitud.

En primer lugar, la presencia de un caso real, de un asesino en serie que mantuvo en jaque a la policía, a la prensa y a toda una ciudad, desde finales de los años sesenta en que iniciase su trayectoria criminal. En este caso, dicha trayectoria se iría alargando en el tiempo, sin que nadie pudiese detenerlo. Y de hecho, en la propia resolución de la película, hay también elementos que siguen emparentando el caso del serial killer florentino con el norteamericano.


Justo es destacar la corrección con que la película está realizada. Una corrección que hace que se vea de una forma cómoda y sin sorpresas, ni positivas, ni negativas. En ese sentido, nos encontramos en un terreno que los italianos controlan bastante bien. Y es esa mezcla entre el cine de denuncia, con lo social y lo "amarillista" muy presente. Sin descuidar asimismo la intriga policíaca propiamente dicha. Un tipo de película muy habitual de aquella época en el país transalpino, que de hecho también emparenta al filme de Ferrario con alguno de los giallos más realistas, como "La polizia chiede aiutto", por citar alguno de esa clase, aunque el de Dallamano era considerablemente mejor.

Así pues, no podemos hablar de una obra especialmente memorable, ni muchísimo menos. Alguno de los puntos fuertes, como deberían ser las secuencias de los asesinatos, están resueltas de un modo bastante torpe. Con una fotografía que además resulta excesivamente oscura y una planificación que apenas provoca inquietud en el espectador. Éste sería un elemento claramente diferenciador con el mencionado trabajo de Fincher. En el aspecto actoral, tampoco se puede destacar nada. Los intérpretes son tirando a justitos.

Entonces, ¿vale la pena esta película? Pues bueno, a falta de nada más y si uno es muy fanático del policíaco italiano, puede servir para pasar el rato. Pero, desde luego, los mimbres que maneja el filme, podían haber dado lugar a un producto muchísimo más consistente en casi todos los aspectos, en lugar de algo más parecido a un telefilme rutinario que otra cosa, que es lo que finalmente resulta ser.

miércoles 2 de abril de 2008

"Evil Dead Trap", de Toshiharu Ikeda


FICHA TÉCNICA:

Título Original: "Shiryo No Wana"/ Dirección: Toshiharu Ikeda/ Guión: Takashi Ishii/ Fotografía: Masaki Tamura/ Música: Tomohiko Kira/ Efectos Especiales: Shinichi Wakasa/ Reparto: Miyuki Ono, Aya Katsuragi, Hitomi Kobayashi, Eriko Nakagawa, Masahiko Abe, Yuji Honma, Shinsuke Shimada. Japón, 1988. Color. 100'

He aquí una película curiosa. Pero no tanto por méritos conscientes, como por circunstancias colaterales. Y ahora voy y me explico: se trata de un filme japonés del año 1988 que, lejos de mostrar una identidad o rasgos de la propia esencia del cine japonés, está nutrido de influencias externas. Aquí no tenemos a los clásicos fantasmas etéreos tipo "Kwaidan", sino un conglomerado de elementos de distinta índole.

Por un lado, hay algo muy "giallesco" que llama la atención desde el primer momento. Y es el motivo musical central, omnipresente a lo largo de toda la película y que remite directamente a los trabajos de Goblin para Dario Argento. Al mismo tiempo, también hay una serie de rasgos visuales igualmente característicos de ese cine, en la luz y los colores. Pero por otro, es también muy clara la influencia del slasher norteamericano, especialmente en lo relativo a la estructura narrativa.

La trama nos presenta a una serie de jóvenes que, conducidos por una periodista que ha sido de algún modo atraída a un extraño lugar (una especie de fábrica abandonada), serán atrapados por la trampa diabólica que da título a la historia. Detrás de esa trampa, o mejor dicho, el contenido de dicha trampa, nos lleva a otra circunstancia destacable del filme. Y es la presencia del factor "snuff movie". Repito que estamos hablando de la segunda mitad de los años ochenta, en que aún era un fenómeno que pese a conocerse, para nada se había visto tan presente y utilizado en el cine como ha ocurrido de unos años para acá, salvo casos muy puntuales como "Hardcore: un mundo oculto" de Schrader, a finales de los setenta. Lo cual de nuevo justifica el apelativo de película "curiosa", puesto que si ahora mismo hay una corriente temática que caracteriza los productos más "fashion" del momento, es esa ultraviolencia mediática y cercana, vista en obras como "Hostel", "Turistas", "Woolf Creek", etc. con la salvedad de que estamos hablando de una película que tiene veinte años.


En todo caso, una vez planteados los motivos que pueden hacer que esta película sea vista con un cierto interés, no sería justo dejar de remarcar los valores propios e intrínsecos de la misma. O mejor dicho, la ausencia de dichos valores. En otras palabras: dejando de lado esas circunstancias relativas a influencias, "Evil Dead Trap" es un filme tirando a aburrido. Incurre en lo que suelen incurrir muchas películas de similares características. Y es que tras un planteamiento que capta el interés del espectador, el desarrollo no acaba de estar a la altura. Especialmente por un plúmbeo alargamiento de situaciones que se hacen pesadas y repetitivas.

Es tal dicha sensación, que la violencia y los momentos más efectistas (que los hay), quedan prácticamente desdibujados. Hasta el punto de que el esclarecimiento del enigma que subyace detrás de la amenaza que persigue a los personajes, no resulta ni siquiera atractivo, porque uno ya ha perdido casi completamente el interés por lo que se cuenta. Si a eso se le añade que tenemos cuanto menos tres "falsos" finales, pues más de lo mismo. A la película le sobra media hora tranquilamente. En ese sentido, adolece del mal endémico del que ni siquiera el cine de terror oriental de los últimos años (el japonés, especialmente), ha sabido sustraerse. Porque una cosa es el ritmo pausado típico de la escuela cinematográfica oriental, en ocasiones muy necesario y agradecido si estamos hablando de historias atmosféricas y de otra índole, pero otra cosa muy distinta es el alargamiento artificioso y cansino que tenemos en esta película y en otras similares, donde teóricamente no hay tanta "atmósfera" y sí una violencia más explícita, persecuciones, etc. Acaba resultando agotador.

Los grandes cineastas japoneses clásicos sabían muy bien adaptar el ritmo narrativo al tipo de película que querían hacer. Y sino, que se lo pregunten a Kurosawa. Al de "Vivir" y al de "Los siete samurais". O al de "Barbarroja" y "El infierno del odio". Porque eran del mismo director, todas ellas, pese a que viéndolas, la sensación fuese distinta. Pero algunos de ahora... es que no me aprenden. Y hombre, tampoco es que esté demandando que todos filmen como Kurosawa, pero es que da la sensación de que son conceptos muy básicos para cualquier director.

martes 1 de abril de 2008

"Los depredadores de la noche", de Jess Franco


FICHA TÉCNICA:

Título Original: "Faceless"/ Dirección: Jesús Franco/ Guión: René Chateau y Jesús Franco/ Producción: René Chateau/ Fotografía: Jean Jacques Bohuon y Maurice Fellous/ Montaje: Christine Pansu/ Música: Romano Musumarra/ Efectos Especiales: Jacques Gastineau/ Reparto: Helmut Berger, Brigitte Lahaie, Telly Savalas, Chris Mitchum, Stéphane Audran, Caroline Munro, Christiane Jean, Anton Diffring, Tilda Thamar, Howard Vernon y Florence Guérin. España-Francia, 1988. Color. 95'

El hecho de que al hablar de una película del Tito Jess, lo peor que se la pueda achacar sea algún agujero de guión, no deja de resultar paradójicamente positivo. Y es que, de entre la vasta (en este caso lo pondremos con uve) producción cinematográfica del prolífico cineasta madrileño, "Los depredadores de la noche" es, sin ningún género de duda, uno de sus filmes más aceptables.

Partiendo de la base de que el reparto es de los que quitan el hipo, para tratarse del tipo de producto del que estamos hablando, con figuras de tanto relumbrón como Helmut Berger, Telly Savalas, Stephane Audran, Caroline Munro, Howard Vernon, Anton Diffring, etc. muchas de ellas lejos de su mejor época, pero aún así, que dan prestancia al elenco. Partiendo de esa base, digo, tenemos además que el tema del "mad doctor" es una de las especialidades de la casa, a tenor de la cantidad de veces que Franco lo ha tratado a lo largo de los años. Baste mencionar a su conocido personaje del Dr. Orloff, que aquí aparece como papel secundario, casi un autohomenaje, de igual modo que su musa por excelencia, Lina Romay.

Todo ello, aparte de la propia experiencia acumulada tras la cámara durante tantos años, que forzosamente ayuda (este es un filme ya tardío en la carrera de Franco), contribuye a que la película mantenga un tono muy correcto, con unos efectos especiales y de maquillaje que, por añadidura, son hasta brillantes.


En ese sentido, el bajo presupuesto en esta ocasión no ha sido tan limitativo como en otras. Y seguramente gracias a ello, las muestras de sanguinolencia son abundantes y con buena factura. Sin olvidar una ambientación nocturna y urbana de cierta elegancia, muy de la época.

El argumento es previsible. Un doctor que experimenta con rostros de féminas a las que secuestra, para devolver la belleza a otra mujer. A partir de ahí: caras desfiguradas, doctores nazis metidos en el ajo, polis guaperas pero despistados, cabezas cortadas, ojos y agujas... y, naturalmente, generosas dosis de carne femenina.

Los agujeros de guión a los que aludía al principio vienen dados sobretodo en relación al papel del policía, que parece más una exigencia del tipo de historia que se cuenta (porque a la postre, bien poco aporta a la misma), amén de algún personaje femenino sin demasiado sentido (la enferma que descubre los manejos del doctor e inexplicablemente se empeña en hablar con él al respecto) y el propio desenlace, que pretende ser abierto pero en realidad acaba siendo más bien abrupto y como en falso.

Con todo, podemos hablar de una obra que seguramente constituirá una gozada absoluta para los fans del director y de un objeto de sana curiosidad para todos aquellos que pretendan acercarse a su figura, pero se hayan mostrado reacios hasta la fecha, a causa de la mala prensa que arrastra su cine.